Recuerdo que en una clase de escuela bíblica nos pusimos a intercambiar ideas respecto a la cantidad y calidad de pecados conocidos o por conocer. Allí fue donde, casi sin proponérmelo, encontré esta pequeña perla cultivada.
Yo podría mencionar una lista completa de pecados cometidos por cristianos pero ninguno de ellos se acerca al pecado del que te voy a hablar. La madre de todos los pecados - el que da origen a todos los demás - ¡Es el pecado de la incredulidad!
No me refiero a la incredulidad de aquel pecador endurecido. La incredulidad del réprobo, de los agnósticos y ateos no mueve en lo absoluto a Dios. No, aquello que enoja a Dios más que nada es ¡la incredulidad y las dudas que aquejan a aquéllos que se llaman a sí mismos posesión suya! ¡Sus hijos, quienes dicen “Yo soy de Jesús” y aún abrazan la duda, el miedo y la incredulidad en sus corazones, son los que afligen al Señor más que los demás!
¡Cuán seriamente toma Dios en cuenta el pecado de la incredulidad! Judas advirtió a la iglesia con las siguientes palabras: Quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron. (Judas 5).
¡Judas les recuerda a los creyentes la actitud de Dios ante la incredulidad! Él está diciendo, “Te recuerdo el odio absoluto de Dios hacia la incredulidad entre su pueblo salvo. Tras haber salvado a su pueblo, ¡Él destruyó a aquéllos que no creyeron!”
¡Yo creo que Dios me ha llamado a recordarle la misma cosa a la iglesia! Todas estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, que vivimos en estos tiempos finales. (1 Corintios 10:11).
Dios posiblemente no destruya físicamente a su pueblo como lo hizo en el Antiguo Testamento, pero hoy día sus juicios por nuestra incredulidad son espirituales e igualmente severos. La incredulidad es justamente tan destructiva hoy como nunca antes.
Posiblemente no nos convirtamos en un pilar de sal, pero ¡sí llegamos a ser endurecidos y amargados! El abismo no se abre para devorarnos, pero sí nos absorbe con dificultades, estrés y problemas familiares. Fuego no cae sobre nosotros y nos consume, pero nuestra vida espiritual es destruida.
Muchos de nosotros somos culpables de la madre de todos los pecados y no tenemos temor de ello. No tomamos en cuenta nuestra incredulidad con seriedad, inclusive vivimos como si Dios le guiñara el ojo. No obstante, éste es uno de los pecados que abre nuestro cuerpo y espíritu a todos los demás pecados conocidos por el hombre.
1 comentario:
Dios les bendiga, no podemos negar que como hijos de Dios, que en algún punto de nuestro andar hallamos sido tentados y caído. Yo mismo me declaró culpable de haberle fallado a Dios en múltiples ocasiones. Sería poco serio de nuestra parte decir que nunca hemos tenido dudas de que El Señor pueda hacer la obra en nosotros. Lo digo abiertamente desde mi punto de vista para mi ha sido verdaderamente difícil establecer mi vínculo con el Señor. Pero hoy por hoy aquí estoy.
Ocultarlo no sirve de nada, confesarlo menos. Solo tomar la decisión de que Él Señor trabaje esa área en nuestra vida es un pasaje a la gloria.
Este es el paso más difícil en nuestras vidas ya que estamos muy acostumbrado a las viejas prácticas legalistas. Que si ayunamos tantos días o hacemos una determinada cantidad de silicios o vigilas, Dios esta obligado a atender nuestra peticion. Y no estoy diciendo que todo lo anterior este mal pero si vas a hacerlo hazlo, pero para la gloria del Señor y pon tu cuerpo, alma, mente y espíritu. Como dice en Isaias 58, no con fines egoístas de querer manipular al Creador. Pues es hay donde nace este gusano que tanto daño causa en nosotros. Oramos, oramos y oramos por cualquier situación que pueda llegar a nuestra vida. Sea cual sea, enfermedad, problemas económicos, problemas familiares, etc. Sólo pongo estos 3, pues son los pilares que destrozan la fe de cualquier ser humano sin importar si es o no es, cristiano.
Mis amados, quizás alguno pensara que estoy siendo duro, pero si queremos crecer debemos de ser sinceros primeramente con Él Señor y luego con nosotros mismo. Para nosotros como hijos de Dios lo más difícil es mirar dentro de nosotros y ver la verdadera realidad, de que en lo más profundo de nuestro corazón. Existe ese gusano que se come, constantemente toda la certeza y la convicción que se ha producido en cada trató que Él Señor ha logrado en nuestras vidas. El terror más grande de nosotros no es la muerte, sino la adversidad. Por el simple hecho de que si para nosotros nos resulta imposible para Dios es aún más. Entonces buscamos consejos de terceros, porque simplemente no tenemos el valor de confrontarnos y soltar las cargas que nosotros sabemos que obstaculizan nuestra relación con Él Padre. Él nunca en su sentir ha querido destruirnos y menos castigarnos. Somos nosotros quienes no castigamos al no querer conocerlo ni entenderlo.
"He aquí voz del clamor de la hija de mi pueblo, que viene de la tierra lejana: ¿No está Jehová en Sion? ¿No está en ella su Rey? ¿Por qué me hicieron airar con sus imágenes de talla, con vanidades ajenas?
Quebrantado estoy por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo; entenebrecido estoy, espanto me ha arrebatado.
¡Oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo!
¡Oh, quién me diese en el desierto un albergue de caminantes, para que dejase a mi pueblo, y de ellos me apartase! Porque todos ellos son adúlteros, congregación de prevaricadores." Jeremías 8:19,21, 9:1-2
Muchas personas piensan que Jeremías era un llorón, pero se han equivocado. Quien llora y se lamenta en este libro es Él Padre. Éste como juez supremo nos declara nuestra maldad. Porque el mayor pecado que cometió el pueblo de Israel fue "INCREDULIDAD" el cual no han reconocido hasta el día de hoy. Porque ellos tomaron la ley y la interpretaron creando así un dios de obras y no un Dios de fe. Porque la palabra dice: "que las cosas de Dios se han de discernir espiritualmente" 1Co 2:14. Mis amados, es hora de empezar a discernir y aprender que Él Señor es dueño absoluto de nuestra vida. Empecemos a creer en Él Padre, luego comencemos a creerle a Su palabra y por último empecemos a confiar en Él. Para que podamos dar a luz la manifestación de los hijos de Dios por la cual esta gimiendo la creación.
Dios les bendiga.
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