A mediados de los años noventa,
congregábamos como familia en una pequeña iglesia de nuestra ciudad. Ya
sabedores por convicción íntima de la necesidad de procurarnos verdadero
alimento espiritual, asistíamos a cuanta conferencia nacional o internacional
se llevara a cabo, así como a congresos, clínicas y cuanto nombre santo ha
inventado la iglesia estructural para armar encuentros. ¿Era bueno eso? Sí, era
bueno, porque nos mostraba generalmente un mundo espiritual que desconocíamos.
El problema comenzaba al día siguiente de haber finalizado la conferencia. No
era lo mismo acceder a la palabra de Dios que oír teología vacía. Bien
intencionada, seguramente, pero teología al fin.
La tremenda decepción espiritual
que acontece después de una experiencia espiritual de suprema bendición, es
común entre todos los seguidores de Jesús. Nosotros le llamamos a estas
experiencias "períodos de sequía",
los cuales se asemejan a sumergirse en una profunda oscuridad espiritual, a una
inmersión en grandes pruebas después de haber conocido un toque especial de
Dios. Podemos encontrar en la Biblia tales períodos de sequía esparciéndose
como una plaga en la vida de hombres y mujeres de Dios. Dichos períodos “bajos
en el espíritu” acontecen principalmente en aquellos a quienes Dios tiene la intención
de usar.
De hecho, son comunes entre todos
los que Él entrena para llevarlos más profundamente y más lejos en Sus caminos.
Al mirar hacia atrás y observar tu propia experiencia de sequía, tú te puedes
preguntar si previo a ese período en tu vida precedió una renovación en su
Espíritu. Tal vez habías experimentado un despertar fresco, una ferviente
oración que le pedías al Señor: "Tócame,
Jesús. Me siento tibio. Yo sé que mi servicio para ti no está progresando como
debiera. Como nunca antes tengo hambre de ti. Anhelo tener un celo especial
para hacer tu obra: orar por los enfermos, salvar a los perdidos, llevar
esperanza a los desesperanzados. Renuévame, Señor. Yo quiero ser usado para tu
Reino en una mayor medida".
Debido a que tú te has
comprometido en serio con Dios, tus oraciones empezaron a obtener respuesta y
comenzaste a escuchar la voz de Dios con claridad. La intimidad con Él era
maravillosa, su celo fue en aumento, y se dio cuenta del fuerte mover de Dios
en tu vida. Pero un día, tú te despertaste y el cielo parecía ser de bronce. Te
sentiste derribado sin saber por qué.
La oración parecía ser un estado
de agonía y no oyó más la voz de Dios como antes. Tus sentimientos parecían
estar muertos, Tu espíritu seco y vacío. Tenías que vivir sólo por fe. Amado,
si esto te ha sucedido no te asustes y no te rindas. Sé de este tipo de caída
personal. En un instante pasamos de estar en la cima de la montaña al abismo
más profundo.
Pedro habló de manera específica
al respecto y aconsejó no pensar que alguna cosa extraña estaba pasando: No
penséis ni os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si
alguna cosa extraña os aconteciese. Al contrario, gozaos por cuanto sois
participantes de los padecimientos de Cristo (1 Pedro 4:12-13). El
Señor permite nuestros períodos de sequía porque Él está obrando en algún área
de nuestras vidas. Por lo tanto regocíjate y alábale a pesar de que no sientas
hacerlo.

2 comentarios:
Gracias Padre Celestial! Hoy justamente en la tarde en mi trabajo le decia a mi Padre: Hasta aqui! ya no doy Padre me siento derribado! en medio de esta situacion!!
Esta palabra me trae esperanza! y se que a muchos mas el Espiritu les esta dando esta Palabra!!
Señor...aquí estoy,como TU me ves...esta es mi realidad que solo TU puedes transformar por que yo me rindo cada día a TI.....solo recuerda que soy un soplo...que el tiempo de la Tierra es corto, quiero gozarme en Ti...Tuyo es el querer y el hacer!!!!....solo en Ti hay vida, hay paz!!!....sin TI no quiero nada...te alabo,glorifico Tu nombre, eres TODO lo que tengo y en TI lo tengo TODO....sostenme para pasar esta sequía, este desierto y hacer TU voluntad......gracias por usar a tus hijos para alentarnos...un abrazo en Cristo hermanos paz....
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