Aun hoy, y en medio de vaivenes
de todos los colores, una iglesia triunfante se levanta y emerge después de
grandes pruebas de fe. Esta iglesia de los últimos días está saliendo de un
largo periodo de aflicción y de “hornos
ardientes”. El Espíritu Santo está obrando para traer a su pueblo a un lugar
de completo quebrantamiento. El Espíritu Santo lo está conduciendo hacia la
revelación de la debilidad de su propia carne con el fin de mostrarle Su poder.
Su pueblo está llegando a lo último de sí mismo, su voluntad obstinada está
siendo aplastada hasta que su actitud se convierta en tan solo: "Hágase tu voluntad."
Y a través de todo esto, su
pueblo se hace totalmente dependiente del Señor. ¿Describe esto su situación?
Tal vez tú has estado caminando con Jesús durante años y nunca ha encarado una
prueba como la que está enfrente tuyo en estos momentos. Las cosas que se
avecinan parecen abrumadoras, cosas por las que sólo Dios puede hacer algo al
respecto.
Tú has caído en cuenta que solo
Él puede sacarte adelante. El Señor tiene un pueblo en formación, un
pueblo que va a usar para enfrentar la ira de este mundo. Él los está
entrenando y equipando en su amor, bondad y paz. Nuestro Dios es un Dios de
amor. Él no va a usar bombas, ametralladoras o escuadrones suicidas, en cambio,
usará a un pueblo vencedor y audaz en la fuerza del Señor y en su tierna
misericordia.
En todo el mundo, el pueblo de
Dios está experimentando sufrimiento, aflicción y tortura. Estoy seguro de que
hay un divino y eterno propósito detrás de la intensidad de estas batallas físicas
y espirituales que sufre ahora el verdadero cuerpo de Cristo. Bueno
es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras (Salmo 145:9).
Nuestro Señor ha tenido un plan desde
el principio. Dios mismo descendió y tomó la forma y la condición de hombre,
viviendo entre los hombres pecadores. Él soportó su odio, sufrió su rechazo,
enfrentó impensables reproches y a través de todo nunca se defendió. Jesús
nunca estableció ejércitos vengativos llenos de odio. No usó armas carnales.
En cambio, derribó fortalezas con
su poderoso amor y bondad. Nuestro Señor no tenía más que un plan de batalla:
tierno amor misericordioso. En efecto, el amor conduce todas sus obras en la
tierra. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias
y Dios de toda consolación (2 Corintios 1:3).

1 comentario:
Si empezamos con batallas:
https://www.facebook.com/JosueBarrios/posts/962744353757350
Tristemente la Iglesia de Babilonia condena al mundo, y no ofrece esperanza a los pecadores.
Un abrazo a todos.
Publicar un comentario