1/24/2015

Promesas

               Nuestra gran necesidad de paciencia se repite a lo largo del libro de Hebreos: Cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo diciendo....Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa. (Hebreos 6:13-15). - A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas (6:12). - Pues os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa (10:36). 
               Dios nos ha dado maravillosas promesas -romper toda atadura del pecado, darnos poder para vencer todo dominio del pecado, darnos un nuevo corazón, limpiarnos y santificarnos, conformarnos a la imagen de Cristo. Su palabra nos asegura, A aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría (Judas 24). 
               No obstante, Dios hace todas estas cosas en su tiempo, acorde a su itinerario divino. Él no tiene fechas límite que lo presionen. Él ignora todas las demandas que apelan a una cura instantánea y total. En resumen, la verdadera fe demanda de nuestra parte que pacientemente esperemos en el Señor. Nuestra respuesta a Él debiera ser, “Señor, yo creo que tú eres fiel a tu Palabra. Y por el poder de tu Espíritu dentro de mi, voy a esperar pacientemente hasta que hagas que estas cosas sucedan en mi vida. Mi responsabilidad es permanecer en la fe, esperando en ti.” 
               Tal vez tú soportarás terribles tribulaciones y tentaciones. E incluso  podrás escuchar horribles mentiras que Satanás te suspirará al oído. En ocasiones, podrás fallar. Es más, tú podrás preguntarte si algún día alcanzarás la meta. Sin embargo, mientras soportes tus aflicciones, si simplemente te agarras de tu fe con paciencia -confiando en que Dios está obrando, guardando su Palabra, siendo Jehová Tsidkenu—Él lo verá como justo. 
               Él ha hecho un juramento, “Por fe, recibirás la promesa.” Pablo nos brinda lo que Dios define como justo en Romanos 4:20-23: “[Abraham] Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Por eso, también su fe le fue contada por justicia. Pero no solo con respecto a él se escribió que le fue contada. 
               La Biblia no lo puede dejar más claro. La justicia es creer en las promesas de Dios, estar completamente convencidos de que Él cumplirá su palabra. De manera contraria, la incredulidad es tambalearse ante sus promesas, dudar que Dios hará lo que prometió. 



 


2 comentarios:

Unknown dijo...

Gloria a Dios!!!!!....gracias por traer sobre nuestras vidas revelación y confirmación!!!!!...un abrazo en Cristo!!...Miriam.

Alejandro Lobo dijo...

Salmo 40

1 Pacientemente esperé a Jehová,
Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.
2 Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso;
Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.
3 Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios.
Verán esto muchos, y temerán,
Y confiarán en Jehová.