10/01/2014

Lecho

               El hombre paralítico ilustrado en Marcos 2 fue perdonado y declarado sin faltas a los ojos de Dios, pero él todavía era un prisionero de su aflicción. Él fue librado de todos sus pecados, pero seguía todavía imposibilitado. ¡Él había conocido a Cristo como un liberador pero no como un proveedor!
               No es suficiente ser un paralítico perdonado, un prisionero liberado. Hay algo que debemos hacer. ¡La parte de Cristo es limpiarnos para estar ante Dios y nuestra parte es levantarnos y caminar! Debemos de ir más allá del alivio de los pecados y entrar a la libertad que trae su provisión.
               ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu camilla y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados, -dijo al paralítico-: A ti te digo: Levántate, toma tu cama y vete a tu casa (Marcos 2:9-11).
               El hombre no se levantó en sus propias fuerzas; Cristo le impartió su fuerza a él. Sin Cristo, no podemos hacer nada. ¡Sólo podemos vencer a través de su fuerza y del poder del Espíritu Santo! Cristo le estaba diciendo a este hombre, “¡Voy a hacer de ti un ejemplo de mi poder sobre el pecado! En lo que tú eras más débil, yo te voy a hacer más fuerte. La cosa que te tenía prisionero, ahora la vas a levantar y te la llevarás. Tú vencerás a aquello que te tenía sometido.”
               Un paralítico espiritual no puede ser la verdadera expresión de Jesucristo. Debemos vivir en el total poder y victoria de una vida libre de las ataduras del pecado. Todos nosotros conocemos nuestras debilidades y las áreas donde somos vulnerables.
               Aunado a ello, Satanás nos dice que siempre seremos débiles en esos aspectos y que algún día sucumbiremos. ¡No es así! Por medio de su glorioso poder, Dios puede hacernos los más fuertes en nuestro punto más débil.
               Eso es lo que la Escritura quiere decir cuando habla de que su poder se perfecciona en nuestra debilidad. ¿Cuál es tu impedimento? ¿Un pecado que te acosa, una debilidad, una controversia interior que no ha sido resuelta? ¡Sea lo que sea, debes salir!
               Tú no puedes seguir encadenado a un lecho de fracaso. Todo esto se logra por fe en las promesas de Dios. ¡El Señor quiere que tú te levantes de ese lecho! ¡Él te dará todo el poder que necesitas para vencer y caminar en completa liberación!


 





1 comentario:

cesar dijo...

Ciertamente, para el hombre, es mucho mas facil construir el mundo que vencer sus propias debilidades...el camino de la perdicion es sutil y gustoso el sabor de lo indebido...ciertamente como aquella frase celebre que dice: "De nada sirve saber que es una linea recta, sino se tiene una conciencia recta...". Que maginifca palabra esta acerca del paralitico...tan obscura y profunda...el estrelladero de toda ciencia, de todo conocimiento, contra lo verdaderamente humano y con tendencia pecaminosa...
no te cansas en tu paciencia...y sigues esperando en mi...

gracias por proveer faro a mi vida Señor...porque en los momentos en que me senti mas comodo, mentira era...pero mi amigo Nestor, siempre fue la palabra que yo aun, no reconozco en mi interior..

Te amo Padre...rebelde, pero te amo..
te amo padre...
Gracias don Nestor...lo quiero muchisimo..