Si
tú eres, -como creo-, un creyente fiel y maduro, ya te habrás percatado que
Dios ha incrustado en nosotros un sano temor por la incredulidad. Este temor es
el resultado de escudriñar las Escrituras para ver ejemplos de las nefastas consecuencias
de la incredulidad. Debemos dar gracias
a Dios con todo nuestro ser por habernos revelado el daño y la ruina causados
por la incredulidad.
Nosotros
los creyentes hemos tomado este asunto muy a la ligera, suponiendo que Dios
pasa por alto las dudas de aquellos que están afrontando gran aflicción y
tiempos difíciles. Algunas veces seguramente hemos pensado que el Señor debería
dar cierta holgura a aquellos que afrontan situaciones aparentemente desesperanzadoras.
Por ejemplo, los discípulos en medio de una tormenta en un barco que se hunde.
Nuestro pensamiento era: "Señor, no son más que humanos. Ellos se vieron abrumados por
todo. Parecía no haber esperanza. Fue simplemente una respuesta humana.” Sin
embargo, Jesús reprendió su poca fe. Sí, hay un tiempo para llorar, cuando
Jesús susurra con cariño: "Adelante,
llora, yo guardo en mi redoma cada una de tus lágrimas." Hay momentos
de duelo, hay momentos en los que nos sentimos abrumados y exclamamos: "¿Señor, dónde estás?”
Servimos
a un Padre amoroso que es tocado por nuestros sentimientos. Nuestra fe se
eclipsa cuando permitimos que los temores nos abrumen. No podemos permanecer en
temor ni dar lugar a la duda. Debemos levantarnos y estar "confiados a la sombra de sus alas." Dios no tiene piedad
de la incredulidad y toda la Escritura lo evidencia. Puede sonar duro, pero
Dios no aceptará ninguna excusa; Él no concede otra opción que la fe. El pueblo
de Israel tuvo diez oportunidades de confiar en Dios en circunstancias
extremas; toda la crisis fue obra del Señor. La consecuencia de su incredulidad
fue cuarenta años de desesperanza, confusión y dolor.
Ellos
perdieron la bendición de Dios, y Él dijo que no podían entrar en una vida de
descanso, paz e inmensa bondad de Dios a causa de su incredulidad. Y llamó Dios
a la incredulidad maligna: Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de
vosotros corazón malo de incredulidad Hebreos 3:12). La incredulidad es
causada sobre todo por negar la Palabra de Dios. La fe es imposible sin el
constante alimento de la Escritura y el aferrarse a sus promesas. Nosotros elegimos
confiar en Dios. No queremos "nuestro
cadáver muerto en un desierto" como les sucedió a los israelitas.
Dios nos dijo que "ciñe tus lomos... echa tus cargas sobre mí... deja de mirar a las
circunstancias... no preguntes por qué nunca más. Aliméntate diario de mi Palabra...
memoriza las promesas. Ora con confianza... cree con todo tu corazón que Dios
te ama... Él no te ha abandonado. Por una noche será el llanto… Por una noche
durará el lloro pero gozo vendrá en la mañana.” Cualquier situación que tú
estés atravesando, aun si estás caminando por el valle de sombra de muerte,
Dios promete estar contigo. Hoy, levántate y decide empezar a confiar en Él.
Tu
incredulidad no cambia nada, pero la fe abre la puerta a la liberación. ¡Cuán
grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a
los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! En lo secreto de tu
presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en tu
Tabernáculo a cubierto de lenguas contenciosas. (Salmo 31:19-20).

1 comentario:
...Tu incredulidad no cambia nada, pero la fe abre la puerta a la liberación
Decidir creer, para que Dios obre mas
Con convicción, con denuedo, con fe
Señor quedate con nosotros esta semana por favor
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