Daniel propuso en su corazón no
contaminarse con la porción de comida del rey ni con el vino que él bebía;
pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligara a contaminarse
(Daniel 1:8).
La palabra contaminarse aquí sugiere
“liberándose a través del repudio.” Daniel estaba diciendo en otras palabras,
“¡Cualquier compromiso contra mis estándares me robará mi libertad!” Así que
Daniel se propuso comer sólo legumbres y beber sólo agua por diez días.
Cuando él le pidió esto al príncipe
de los eunucos, él le respondió, “¡Vas a
costarme mi vida! Vas a lucir enfermo al final de los diez días. ¡Tus mejillas
estarán sumidas y el rey seguro que lo notará! Toma – come sólo un poco de
carne. Necesitas proteínas. Bebe el vino para robustecer tu sangre. ¡Come estos
dulces para que te den energía!”
Yo creo que Daniel y los tres jóvenes hebreos
tenían mucho más en mente que tan sólo evitar cosas que no estaban limpias
ceremonialmente. Ellos habían sido tomados cautivos junto con miles de su pueblo.
Lo que vieron al llegar a Babilonia debió de haberlos asombrado en gran manera.
Esta era una sociedad tan suelta, inmoral y llena de mal hablar, que la
sensibilidad espiritual de estos cuatro jóvenes fue asaltada. Así que los
cuatro hicieron un compromiso.
Se dijeron uno al otro, “No nos vamos a ceder. No vamos a adoptar
estos estándares morales. ¡Seremos aparte, tendremos disciplina en nuestro
caminar de fe!” Estos cuatro jóvenes
no anduvieron predicando su estilo de vida a otros. Esto era un asunto
estrictamente entre Dios y ellos.
Yo te pregunto a ti: Cuando tú
estás en una crisis, ¿Clamas, “Señor,
dónde estás cuando te necesito? ¿No estás comprometido a librarme?” Pero, y
si el Señor te dijera, “¿Dónde estás
cuando yo necesito una voz? Yo necesito voces en estos tiempos viles, vasos
puros a través de los cuales yo pueda hablar. Tú dices que quieres que venga a
tu crisis – pero tú continúas siendo parte de del sistema mundial perverso. Dime,
¿estás comprometido a mis propósitos?”
¿Y cómo sabes tú que así es como
piensa Dios? Simple; de hecho, no lo sé porque yo sea su delegado personal, sino
porque asisto diariamente a Su palabra escrita, y en la suma de su escudriñado,
(Que de eso se trata, y no de obtener títulos superiores en Teología), es de
donde surge el pensamiento de Dios. ¿No nos dice la palabra que debemos tener
la mente de Cristo? ¿Y de qué otro modo sería posible, sino sumergiéndonos en
las profundidades de Su palabra?
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