6/08/2013

Triunfo

¿Has escuchado alguna vez la expresión “Christus Victor”? Bien;  es la frase del latín que los padres de la iglesia primitiva usaron para describir a Jesús y Su expiación. Traducido a grandes rasgos, significa: “Nuestra victoria no está en nosotros mismos, sino en Cristo”. 
Si derrotamos a un enemigo cuando las probabilidades son de cincuenta por ciento, nos sentimos tentados a pensar: “yo gané la batalla.” Pero cuando nuestro enemigo tiene tres metros de altura, cuando lo hemos reprendido pero regresa aún más fuerte, cuando hemos agotado todos nuestros recursos, cuando nos damos por vencidos y decimos: “No puedo hacer esto”, entonces Dios dice: “Te tengo justo donde te quería.” 
Por lo general, las historias del Antiguo Testamento son enseñadas a los niños, no como verdades espirituales, sino como enseñanza moral. Por ejemplo, la lección de Jonás se suele presentar como: “No desobedezcas a Dios o te meterás en serios problemas.” A la mayoría de nosotros se nos enseñó la historia de David y Goliat en la escuela dominical y la lección era: “Sé valiente y osado.” El problema con esta interpretación de la historia de David es que les estamos enseñando a nuestros hijos a que hagan algo que ellos no son capaces de hacer. 
No había ni un solo soldado israelita que podría haber sobrevivido a un combate cuerpo a cuerpo con Goliat. Esa batalla estaba por encima incluso del hombre más valiente.  Del mismo modo, cuando estamos en una batalla espiritual, la valentía y la audacia no son suficientes. David sabía que no estaba a la altura Goliat. De hecho, todavía no era ni siquiera un soldado, era demasiado joven. La única cosa con la que David estaba armado cuando se presentó en el frente de batalla era pan y queso para sus hermanos. 
Sin embargo, la diferencia con David era que él sabía que la batalla no era suya, sino de Dios. Cuando escuchó las burlas de Goliat, testificó:  Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza,…y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos. (1 Samuel 17:46-47). 
Por esa razón es que, cuando escucho o veo alguna promoción supuestamente cristiana donde se presenta a un ministro con tremendas capacidades para liberación o para sanidad, me estremezco. ¿Sabrá ese hombre o esa mujer que sus ayudantes, muy preocupados en crearle prestigio, lo están enviando directamente a un callejón sin salida, donde si no llega a presentarse el Dios de todo poder, puede quedar tendido para siempre, porque en él, por sí mismo, no hay ningún poder que pueda vencer al mal?















3 comentarios:

libertad en la palabra dijo...

Señor tu conoces mis necesidades, en tus manos pongo esta situacion

Rafa dijo...

Amen estoy muy descuerdo.a la gente se le sube el poder cuando todo poder y toda liberación viene de dios.

Unknown dijo...

Dios le bendigas, esta es una muy buena reflexión. porque aveces el Señor engrandece su nombre atreves de una persona y ellos piensas que fue por méritos o procesos y no por gracia divina.
Yo podría dar el testimonio de la gracias de nuestro Señor jesucristo en mi vida, pues yo he pasado por varias luchas espirituales tremendas en las cuales con mi voluntad humana he querido vencer al pecado que mora en mi.
Y cuando no he podido aguantar mas le he pedido que me mate y en ese preciso momento he sentido su mano poderosa sobre mi diciéndome "Hijo mio yo estoy contigo, dame apertura a tu corazón y te librare y te enseñare que en mi esta la solución ".

"Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.
Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.
Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados". Hebreos 2:16-18

Gracias Señor por tu fidelidad.