Alguien dijo alguna
vez que más que una buena comida en sí, le agradaba muchísimo que le dieran a
probar previamente con una cuchara. Un bocado de anticipo es un adelanto del
sabor real. La Biblia lo llama arras – Es las arras de nuestra herencia (Efesios
1:14). Significa que nos dan a probar un bocado antes de que venga todo
el festín.
Nuestra herencia es Cristo mismo – y el Espíritu Santo nos trae a su
propia presencia como un anticipo de sabor a lo que será ser recibido como su
novia, disfrutando de un amor y una comunión eterna con él. Pablo describe a
unas personas de Dios que están “sellados
con el Espíritu Santo”. Esto se refiere a personas especialmente marcadas
por el trabajo del Espíritu Santo. El Espíritu Santo ha producido en ellos una marca
distintiva, un trabajo interior glorioso – algo sobrenatural que los ha
cambiado para siempre.
Ya no son creyentes ordinarios. Ya no son más “de este
mundo” desde que han colocado sus afectos en cosas de arriba, y no en las de
esta tierra. No son movidos por los eventos mundiales. En lugar de eso, son
inamovibles. Ya no son tibios ni a medias ganas. En lugar de eso, sus corazones
claman día y noche, “Ven pronto, Señor
Jesús…”
¿Qué sucedió en ellos? ¿Qué hizo el Espíritu Santo en estos
creyentes? ¿Qué los marcó y los selló para siempre como propiedad del Señor? Simplemente
esto: ¡El Espíritu Santo les dio un bocado de la gloria de su presencia! El
vino a ellos, les abrió el cielo – ¡y ellos experimentaron una manifestación
sobrenatural de su grandeza sublime! Él nos da “un poquito de cielo” para
llegar al cielo con eso – para afilar nuestro apetito.
¿Qué clase de novia tú crees que el Espíritu Santo le presentará a Jesucristo en ese día de
revelación? ¿Una que está sin mucho ánimo? ¿Una cuyo amor es tibio o frío? ¿Una
que no es devota a Jesús? ¿Una que no quiere intimidad con Cristo? Si tú verdaderamente amas a Cristo, él nunca está fuera de la mente tuya. Él está
presente en cada momento que tú estés despierto.
Algunos cristianos piensan,
“Eso sucederá después de que yo muera. Cuando llegue al cielo, todo cambiará.
Yo seré la novia especial del Señor recién entonces”. No, ¡la muerte no
santifica a nadie! El Espíritu Santo está aquí hoy día. Él está vivo y
trabajando dentro de usted – ¡Para producir un amor apasionado por Cristo en este
lado de nuestra muerte!
Romanos 8:26 describe uno de los
trabajos más poderosos del Espíritu Santo en el corazón del creyente. Y de
igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de
pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por
nosotros con gemidos indecibles.
La palabra traducida como “gemidos” en
el griego significa “un anhelo” – un deseo vivo de tener más de Cristo. Usted
puede anhelar tanto a Cristo, que usted puede sentarse en su presencia y nada saldrá
de la boca suya sino un gemido profundo – algo que no puede ser pronunciado.
Dice, “Jesús, tú eres la única felicidad
en este mundo. Yo he probado y he visto que tú eres bueno – y quiero todo de
ti.”
Esta es la marca de aquél que está caminando en el Espíritu. Él tiene
un apetito insaciable por Jesús. Como Pablo, ¡Esta persona está ansiosa de estar
con el Señor! Claro, ya sabe que para que ello sea posible no tiene que morir
necesariamente. También puede ser lleno del Espíritu Santo y Él, que es nuestro
guía a toda verdad, lo penetrará en Cristo Jesús más allá de lo imaginable.

2 comentarios:
Buenas tardes su reflexion ayuda a entender lo que Dios quiere hacer en mi vida ,y sobre todo llega como una confirmacion de que voy x el camino correcto, ruego a Dios me ayude a seguir en este camino hasta alcanzar la madurez en Cristo Jesus... Saludos desde Mexico Don Nestor !
Esa pruebita o arras que Dios mismo nos ha dado es lo más glorioso para nosotros aquí en esta tierra, ya que así cada día nos estamos preparando para la gran cena que nos tiene preparada y nos dará servida el mismo Señor Jesucristo , cuando nos presente ante el Padre.
Así es Nestor , que maravillosa palabra de aliento y de fuerza para cada uno de nosotros.Yo siempre deseo cada día estar marcada, para que otros que me han conocido por años vean esa marca que el Espiritu ha hecho en mi, y no para gloriarme ni más faltaba, sino para ser testigo de mi Jesús amado. Bendiciones.
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