Durante años hemos
tenido (Por deficientes enseñanzas), una imagen distorsionada de Jesús. Entre
otros errores, nos mostraron a un Jesús casi pusilánime e incapaz de tener un
gesto fuera de lugar “porque era santo”.
Esa fue una deficiente interpretación de
la palabra Santidad. ¿Nos olvidamos del Jesús que volcó la mesa de los
cambistas? ¿Alguien puede creer que lo hizo suavemente y sin perder su
compostura? No, lo hizo con verdadero enojo y sólo no fue más allá porque el
Espíritu Santo lo inundó de dominio propio y paciencia.
Eso, que es sólo una
anécdota que le pertenece a Él y a Su
ministerio debe, sin embargo, servir de guía y luz para lo nuestro. Nuestro
crecimiento en la gracia puede ser explosivo cuando intentamos edificar a aquellos
que nos mortifican.
Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena
para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no
contristéis al Espíritu Santo de Dios (Efesios 4:29-30).
La raíz griega
de la palabra “edificación” que Pablo usa, significa “constructor de casas”. Esa palabra a la vez, viene de una raíz que
significa “construir”. En corto, todo aquél que edifica, está construyendo la
casa de Dios, la iglesia. Pablo nos está diciendo tres cosas importantes sobre
las palabras que hablamos:
1. Debemos usar nuestras palabras para edificar al
pueblo de Dios.-
2. Debemos de usar nuestras palabras para ministrar
gracia a otros.-
3. Es posible
entristecer al Espíritu santo con nuestras palabras.-
Nos sentimos
profundamente conmovidos mientras leemos las historias de las vidas de los
gigantes espirituales del pasado. Estos hombres y mujeres de Dios tenían su
mente enfocada en el cielo- estudiosos de la Palabra de Dios, orando a menudo,
y preocupados por crecer en gracia. Lo que más me impresiona sobre las vidas de
estas personas, no es sólo su devoción a Cristo, o la intensidad de sus
oraciones.
Es también el fruto divino que estas cosas produjeron en ellos.
Además, podemos descubrir algo en común entre estos gigantes espirituales: su
mayor inquietud era crecer en la gracia de un corazón puro, del cual una conversación
santa pudiera fluir. Porque de la abundancia del corazón habla la
lengua (Mateo 12:34).
Yo crezco en la gracia cuando elijo vivir para
otros y no para mí mismo. Ese crecimiento en la gracia debe de comenzar en mi
casa, mostrándole a mi familia que me estoy pareciendo a Cristo, y que esto
siempre va en aumento. Mi hogar debe de ser el campo de pruebas donde todos los
problemas, todos los malos entendidos son vencidos por mi disposición “a
renunciar a mis intentos de tener siempre la razón”.
El haber abandonado
nuestro derecho a “tener la razón” nos ayuda a disfrutar del poder de la gracia
de Dios como nunca antes. Toda discusión, todos nuestros “derechos” se
desvanecen cuando buscamos edificarnos el uno al otro en lugar de tratar de
ganar una disputa tonta. Crezcamos – en gracia. Que no es poco.

3 comentarios:
Ame lo leo .lo acepto.lo tomo .lo pongo por obra .amen amen
Gracias don Nestor...Dios le bendice...gracias...
Que bonitas palabras...y que dificil aveces llevarse bien con todos....vamos como la aurora en aumento.
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