Un cristiano ansioso de conocer más y mejor su tarea ministerial acudió a un famoso apostol con el fin de pedirle que lo aceptara como discípulo. El apostol le entregó unas hojas con cincuenta preguntas teológicas, diciéndole que conforme a como respondiera esas preguntas, sería aceptado o no como discípulo.
El cristiano apeló a todos sus estudios y conocimientos bíblicos y fue respondiendo, una por una, cada pregunta allí inscripta. Cuando fue a buscar el resultado, el apostol le dijo que todas habían sido bien respondidas y que ahora debería aguardar un año para ser aceptado como discípulo.
El cristiano se sintió halagado por haber respondido bien el cuestionario, pero al mismo tiempo le llamó poderosamente la atención que debiera esperar tanto tiempo. Entonces quiso saber que hubiera sucedido si respondía mal a esas preguntas. El apostol le respondió diciendo que si así hubiera pasado, hubiese sido aceptado como discípulo de inmediato.
Porque el conocimiento sin unción envanece, y la unción sin conocimiento se desperdicia. Todo es un suave y delicado equilibrio entre lo uno y lo otro, lo que producirá, entre otras cosas de valor, un alto acatamiento a huir de las tentaciones y pecados clásicos y tradicionales, si es que podemos llamarlos así.
La primera palabra es para aquellos que están cautivos de un pecado, lujuria o hábito que los asedia. Te has sentido derrotado, pervertido, desesperado. Satanás te ha dicho que eres malo y que Dios se está apartando de ti, ¿No es cierto?
Yo te recuerdo lo que Dios dijo a un grupo de Israelitas que estaban siendo llevados en cautiverio a Babilonia, como resultado de sus pecados pasados. Aún cuando estos Israelitas estaban siendo disciplinados por sus pecados, Dios los llamó “buen fruto.” Entonces él prometió, “Como a estos higos buenos, así miraré a los deportados de Judá, a los cuales eché…para su bien. Pondré mis ojos sobre ellos para bien…los edificaré y no los destruiré; los plantaré y no los arrancaré. Les daré un corazón para que me conozcan…y yo seré su Dios, porque se volverán a mí de todo corazón” (Jeremías 24:4-7).
Todo lo que tú necesitas es una tristeza santa, un deseo de ser libre y un anhelo hacia él. Él no te abandonará. Él te cambiará sobrenaturalmente y te librará. No necesitarás un apóstol de quien ser discípulo ni aprobar una tesis de teología sistemática.
También yo tengo una palabra para aquellos que sienten haber perdido su dirección. Tú te sientes confundido sobre muchos temas en tu vida. No tienes a quién acudir, y algunas cosas parecen estar fuera de control. Tú te preguntas en lo profundo de tu corazón, si estás bajo alguna forma de disciplina o juicio de Dios.
Por favor recibe esta palabra del Espíritu Santo: “¡Conozco, Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos! ¡Castígame, Jehová, mas con juicio; no con furor, para que no me aniquiles!” (Jeremías 10:23-24).
El Señor no permitirá que tú seas abatido por la desesperación o la angustia. Él no permitirá que ninguna cosa en tu vida te guíe mal o te confunda. Él hará lo que es mejor para ti, pero nunca con enojo. Dios no está enojado contigo. Él te dirigirá, si tú le entregas tu fe, aunque esta sea débil. Confía más en el amor de Dios y menos en las virtudes humanas, tanto en hombres con jerarquías como en estudios intelectuales.
Esta es la palabra que el Espíritu Santo me ha dirigido a enviarte hoy. Oraré para que seas animado o animada y ayudado o ayudada por ella.
2 comentarios:
Gracias Hermano.
.
Publicar un comentario