2/17/2011

Objetivo Cielo

Si puedes leer tu Biblia sin religiosidades aprendidas en escuelitas dominicales, podrás ver que Pablo estaba agradecido por su vida, su llamado, su ministerio. Yo creo que él amaba al pueblo de Dios con una pasión desbordante, fuera de toda imaginación posible. Pero a lo largo de sus años de ministerio, el continuo deseo de Pablo era irse a estar con el Señor. Su corazón simplemente estaba ansioso de estar allá.

El apóstol se refiere al cielo cuando él habla de haber sido llevado al paraíso. Él dice que vio y escuchó cosas allí que asombraron tanto su mente que él no tenía palabras para describirlo. Por la descripción de Pablo, tú percibes la idea de que si él pudiese explicar lo que vio, nuestras mentes humanas no podrían entenderlo. La Biblia nos dice que en el cielo nosotros gobernaremos con el Señor como “reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 5:10). Estaremos como siervos allí y “sus siervos le servirán” (22:3).

Pablo jubilosamente dice, “Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57). Muchos Cristianos citan este verso diariamente, refiriéndose a sus pruebas y tribulaciones. Pero el contexto en el cual Pablo está hablando, sugiere un significado más profundo. Tan sólo dos versos anteriores, Pablo declara, “Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (15:54-55).

Pablo estaba hablando elocuentemente sobre su anhelo por el cielo. Él escribió, “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial” (2 Corintios 5:1-2, )

El apóstol luego añade, “pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (5:8). De acuerdo a Pablo, el cielo – estar en la presencia del Señor por toda la eternidad – es algo que tenemos que desear con todo nuestro corazón. Lo ideal es que tú hagas del cielo tu deseo ferviente. ¡Jesús está viniendo por aquéllos que anhelan estar con él allí!

De hecho, eso no significa tener prisa. No puedes ansiar el cielo simplemente porque te van mal las cosas aquí. Peor -en apariencia- le iba a Jesús cuando estaba en la cruz. Debes ansiar la vida, proteger la vida, cuidar tu cuerpo, que es tu templo y esperar sin temores el día en que Dios, y no otro, decida que ya se ha cumplido tu ciclo terrenal.

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