Decir que mi país es aficionado al fútbol, es quedarme corto. Consignar que en la Argentina el fútbol es el primer deporte en la predilección popular, es resultar escaso en conceptos. Creo que lo más adecuado, aunque no original, es asegurar que el fútbol, en mi patria, es una real y verdadera pasión.Y como toda pasión, si bien puede brindarle a quien la experimenta diferentes sensaciones que van desde la profunda alegría a la más cruda y desesperante angustia, también conlleva en sí misma un alto grado de peligrosidad. Las pasiones fuera del ámbito de Dios, son ingobernables por el hombre, y desatan dramas de todos los niveles y tonalidades.
En estos días se está disputando en Sudáfrica el Campeonato Mundial de Fútbol. Para una gran parte del planeta, apenas un evento multicolor relacionado con una disciplina deportiva que interesa de sobremanera, medianamente, poco o absolutamente nada, según la latitud que visitemos.
Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Brasil representan a nuestra Sudamética, y con sus diferentes matices, sus pueblos siguen los encuentros, disfrutan con sus victorias, se entristecen con las derrotas y esperan una victoria final que les permita gozar de un logro internacional por pertenencia, es decir: desde afuera.
Sin evadirme al clima, cosa que en Argentina, y especialmente en mi ciudad de Rosario es prácticamente una tarea titánica, he podido observar en las diferentes expresiones de la prensa nacional, un alto grado de exitismo y voluntarismo.
"Somos los mejores", "Seremos campeones" y otras sentencias por el estilo inundan a diario las pantallas de nuestros televisores y los audios de nuestros aparatos de radio, además de llenar centímetros y centímetros en las páginas de nuestros periódicos.
La pregunta sensata que un observador imparcial se formularía, es: ¿Hay algo de cierto en todo eso? Algo sí, en la misma medida en que lo hay en otras latitudes con planteles futbolísticos de superlativo nivel, tanto aquío en las Américas como en Europa.
Pero lo más abundante y proliferante, que se disfraza como curiosa y cabalística declaración profética deportiva, es el voluntarismo sin base sólida. Que yo diga que somos los mejores y que vamos a ser campeones, no significaque eso sea verdad. Sólo es una expresión de deseos personal mía que podrá tener algún viso de realidad o no, es sólo un juego.
Si el final del torneo llega con victoria, aquellos que la disfruten, podrán decir: "¿Vieron que teníamos razón? ¡Eramos los mejores y fuimos campeones!". Pero, al mismo tiempo, habrá una serie de perdedores, gente que dijo las mismas palabras, que esbozó las mismas declaraciones proféticas y se encontró con una amarga derrota. ¿Que dirán? Nada. Harán silencio y aguardarán que todo el mundo lo olvide rápidamente.
Como creyente, no puedo menos que comparar todo ese voluntarismo exitista con algunas actitudes que oigo y veo en ciertas iglesias de nuestra fe. "¡Ya estamos venciendo!", "¡Preparate para el avivamiento!", ¡Satanás está vencido y nuestra es la victoria!", son expresiones cotidianas salidas de distintos púlpitos.
Bien intencionadas y hechas con afanes positivos. Que guardan un alto contenido de posibilidades ciertas, pero que hoy por hoy no pasan de ser casi bravuconadas voluntaristas en medio de un panorama que nos está diciendo lo opuesto.
Nadie está siendo más que vencedor como debemos ser con Cristo, el reino aún está en manos del usurpador que cada día parece enseñorearse más.
No hay noticias ciertas de ese avivamiento, cuando en realidad la Biblia habla para este tiempo de una apostasía que sí estamos comenzando a ver cada día con mayor nitidez.
Es totalmente cierto que Satanás ya está vencido desde la cruz hacia aquí, pero también es real que todavía no hemos podido efectivizar esa victoria y el diablo continúa haciendo de las uyas, incluso hasta delante de nuestras propias narices en nuestras propias congregaciones.
La conclusión de todo esto no es ni puede ser pesimista. En la última página de la Biblia dice que ganamos y yo creo, enseño y predico eso. Pero voy a hacer fiesta y celebración, el día en que la Copa del Mundo esté en las manos de mi equipo, no antes.
Mientras tanto, cada cotejo que dispute mi selección, será el equivalente a una guerra espiritual que el pueblo de Dios está librando. Y a ningún deportista se le ocurriría proclamar fiesta en tiempo de guerra, o celebraciones antes del silbato final del árbitro.
2 comentarios:
Nos encontramos en tiempos trascendentales de la historia humana en los que se demanda a los hijos de Dios que se MANIFIESTEN contra el Hombre Rebelde y el Orden de Pecado.
La CRUZ, solo la CRUZ en ella Nuestro Señor logró la victoria sobre satanás y sus huestes. Allí los avergonzo publicamente y ridiculizó.No permitamos pues que nuestros errores les permitan al inframundo exponernos en vergüenza pública a nosotros y así crucificarnos con nuestras propias ridiculeses delante de los esclavos de este sistema.
Nuestra misión, gran partido: PROCLAMAR EL REINO DE DIOS
Felicidades, mi querido Néstor, por este artículo, que nos hace cerrar nuestra fanfarrona bocaza y humillarnos delante de Aquél que es digno de recibir la gloria.
Me espanto constantemente, cuando alguien me dice: "Yo no regreso ni aunque me maten"... pero tristemente, he visto que el orgullo antecede a la caída, y he visto caer a no sé cuántos.
Es por Su gracia y solo por Su gracia, que nos mantenemos donde estamos.
Pastor David Enríquez
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