Aconteció que Pedro, visitando a todos,
vino también a los santos que habitaban en Lida. Y halló allí a uno que se
llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico. Y
le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en
seguida se levantó. Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los
cuales se convirtieron al Señor. (Hechos 9:32-35)
Al leer este pasaje nos encontramos con
un enfermo crónico llamado Eneas que sufría una parálisis de ocho años. El
poder de Cristo lo sanó, recobró su salud, tuvo que levantarse y hacer su cama,
y sólo por verlo, ciudadanos de dos regiones: Lida y Sarón se convirtieron al
Señor.
Hay enfermedades crónicas que hacen
tanto daño físicamente y procuran la muerte espiritual de quienes las padecen.
Eneas tenía ocho años de no poder moverse, ni caminar, ni subir ni bajar por sí
mismo, siempre dependiendo de la aceptación o rechazo de los demás.
En Marcos 5:25 nos encontramos con otra
enfermedad crónica, la mujer con flujo de sangre desde hacía doce años. Luego
en Marcos 9:21 tenemos al joven muchacho epiléptico y esquizofrénico a quien el
espíritu mudo lo sacudía en el fuego, en el agua, lo golpeaba y laceraba desde
niño. En el evangelio de Juan 9:1-7 nos encontramos con un pobre hombre que
hace 38 años está enfermo y por falta de ayuda no puede llegar a ser sanado. El
ciego de nacimiento de Juan 9:1 puede volver a ver y el cojo de nacimiento, limosnero
por la fuerza, nos demuestran la calidad de vida que actualmente tiene una gran
cantidad de cristianos.
Las personas mismas dejan que la
enfermedad se haga crónica por muchas razones: falta de dinero, medios, ayuda,
consideración, conocimientos y aún falta de diligencia y el mundo les responde
que todo esto tiene un precio. Sin embargo cuando confesamos que
nuestra enfermedad espiritual se ha hecho crónica pese a encontrarnos en una
búsqueda minuciosa de Cristo, es entonces cuando El exige de nuestra fe para
darle todo el lugar, la honra y autoridad para obrar en nuestra vida, en
nuestra familia y en nuestra congregación.
Él no viene a casarse con una enferma, coja,
ciega, anémica, vieja o limosnera ni mendiga, el viene a casarse con la mujer
más hermosa, aquella que ha podido dejar a Cristo su novio hacerla a su manera,
es a esa iglesia y a esa vida que Jesucristo permite que con solo tocarle con
un dedo de los 20 que tenemos, poder dejar de ser anémicos y debiluchos, es que
el permite que seamos libres de todo espíritu mudo y atormentador tan solo
"si podemos creer ", es que nos sana cuando "queremos ser
sanos".
Es el que nos permite volver a caminar, ver,
erguirnos y aún ser limpio si descendemos a lavarnos en el tanque del enviado, es el que permite que tengamos
toda bendición cuando dejamos que unja nuestros ojos con la realidad de este
mundo como el barro, pero con la sustancia de su Espíritu Santo, Jesús quiere
librarnos de toda enfermedad crónica espiritual, no por ganancia, no por
retribuciones y mucho menos por premios visibles o aún ocultos.
Jesús nunca vendió sus milagros ni
ofertó su salvación, Jesús y sus discípulos dieron la bendición de salud física y espiritual cuando
aquellos que la necesitaban decidieron creer, decidieron acercarse a Cristo,
tocarle, oír su voz y recibir lo que fuera de Él.
Esta es la necesidad de mucha iglesia
hoy, y esta es la prioritaria necesidad de cualquier vida que se siente como la
mujer que sangraba, o como el ciego y cojo de nacimiento, o como el atormentado
con el espíritu mudo, como aquel que hacían 38 años que no recibía nada, para
todos aquellos el Señor solo dice esto Marcos 9:23: Jesús le dijo: si puedes creer,
al que cree todo le es posible.