Se nos dice que en el
momento de aceptar a Jesucristo como Salvador personal y convertirlo
genuinamente en Señor de nuestras vidas, el Espíritu Santo llega para
colocarnos un sello indeleble de salvación. Y que luego, con el correr de
nuestra vida de fe, ese mismo Espíritu, si lo pedimos, descenderá para
llenarnos, (Lo llaman “bautizar” a la primera vez), y otorgarnos el poder
necesario para vencer.
Ahí más o menos concluye lo que una gran mayoría conoce
sobre el Santo Espíritu de Dios. Pero, ¿Eso es todo? No, no lo es. No es una
acción aislada la Suya, sino un proceso ordenado y efectivo. El Espíritu Santo
no hace su trabajo en nosotros de una manera desordenada o dislocada. El no
existe para simplemente ayudarnos a sobrellevar la vida, o para ayudarnos a
través de las crisis o en nuestras noches de soledad.
Él no está sólo para
levantarnos y poner un poco de fuerza en nosotros para que podamos seguir en la
carrera. Todo lo que el Espíritu Santo hace, está relacionado con la razón por
la que él vino – para llevarnos a casa como una novia preparada. ¡El actúa sólo
para llevar a cabo esa misión! Sí, él es nuestro Guía, nuestro Consolador, nuestra
Fortaleza en tiempo de necesidad. Pero él usa cada acto de liberación – cada
manifestación de sí mismo en nosotros – para hacernos más aptos a ser una
novia.
Tampoco el Espíritu Santo está aquí sólo para dar dones al mundo. No,
hay un propósito detrás de cada don. El Espíritu Santo sólo tiene un mensaje: todo
lo que él enseña, lleva a una verdad central. Él puede brillar en nosotros como
una joya esplendorosa, pero cada rayo que brilla de la verdad tiene el
propósito de llevarnos a una verdad singular, y es la siguiente: “Tú no eres
tuyo – has sido comprado por un precio. Has sido escogido para ser esposa de
Cristo. Y el Espíritu de Dios ha sido enviado para revelarte la verdad que te
hará libre de todos tus otros amores.
La verdad romperá cada atadura del pecado
y tratará con toda incredulidad. Porque tú no eres de este mundo: tú estás de
ida a un encuentro glorioso con tu esposo, y te están preparando para este
banquete de bodas. ¡Todo está listo y yo te estoy preparando a ti! Quiero
presentarte sin mancha, con un amor apasionado en tu corazón para él.” Ese es
el trabajo del Espíritu Santo – manifestar a Jesús a la iglesia, para que nos
enamoremos de él. ¡Y ese amor nos guardará!
Creí necesario poner sobre papel
virtual esto, hoy, porque llevo muchos años observando cómo, alegre e
irresponsablemente, a favor de diferentes doctrinas denominacionales, los
hombres se han arrogado el derecho de ocultar la tarea del Espíritu Santo o de
magnificarla y sobredimensionarla al extremo de colocarla por encima de Dios
Padre como doctrina unilateral. Y ambas cosas no sólo no son convenientes, sino que además no son
correctas ni bíblicas. Es tiempo de utilizar tus armas, y es el Espíritu Santo
el que ha sido enviado a entrenarte para usarlas. ¿Le prestarás debida atención?













