2/01/2012

Inteligencia


Habló Nabucodonosor y les dijo…si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos? (Daniel 3:14–15). Los amigos de Daniel estaban enfrentando la peor crisis que cualquier ser humano podría enfrentar. Si Dios no venía y los libraba milagrosamente, ¡ellos estarían muertos! ¿Qué cosa haría venir a Cristo en medio de tu crisis? Él viene cuando tú haces el mismo compromiso que hicieron los tres jóvenes hebreos: [Ellos]… respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano…nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado (versículos 16–18). En otras palabras: No hay salida. Si Dios no hace un milagro, estaremos muertos. Sin embargo, ¡Nuestro Dios es capaz de librarnos de esta feroz crisis!, pero aún si no lo hiciera, no le daremos la espalda. ¡Vivos o muertos, confiaremos en Él! Amados, éste es el tipo de fe que hace que los ángeles se regocijen y bendice el mismo corazón de Dios. Es una fe que dice: “Señor, estoy convencido, plenamente persuadido de que tú eres capaz de librarme. Si tan sólo dices una palabra, todo esto terminará. Pero si no es así, no voy a correr. No voy a echarte la culpa de abandonarme. Permaneceré fiel y veraz. Tus caminos son más altos que los míos, Señor, y mi vida está en tus manos. ¡Aunque me matares, en ti confiaré!”. Esto es lo que hace que Cristo te visite en medio de tu crisis, la confianza completa de que ¡Él es capaz de rescatarnos y librarnos de cualquier crisis! Es la confianza de saber que, no importa lo que venga, estamos en sus manos. Ese es nuestro verdadero reaseguro cuando las cosas no funcionan como deberían. Después estarán los hombres en los cuales depositamos nuestra confianza, ya sea en maestría, en liderazgo o en lo que dudosamente llamamos cobertura. Podremos acudir a ellos buscando intercesión y respaldo, si lo deseamos. Pero de ninguna manera darles prioridad por sobre Cristo, que es lo que tristemente más hemos estado acostumbrados a hacer. ¿Será por eso que Dios no ha podido moverse con poder en nuestros ambientes? No lo sé, sería irresponsable decir que sí con los elementos que poseemos. Pero de todos modos, mal no nos vendrá recordar lo otro: que antes que el Señor no hay nadie, absolutamente nadie, se llame como se llame, represente lo que represente y posea la autoridad que diga poseer.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuando empezamos a pasar el "proceso" (el autentico, el de Dios, no el que puede tocar por estar en el sitio equivocado) sobre nuestras vidas, lo primero que se nos ocurre, en general, es quejarnos.
¿ es ilegitimo ?, no lo creo, Job se quejó con razón y no se lo reprochó El Eterno.
Pasar por el horno de fuego hace que solamente se quemen las ataduras, no lo que es legalmente nuestro (ni siquiera olían a quemado sus ropas o su cabello), y al salir de el, nuestro testimonio es poderoso (Nabucodonosor reconoció el Dominio del Verdadero Dios).
Jesús dijo: no llaméis a nadie padre ni maestro (rabí) , solo hay uno, en los cielos. El concepto de rabino en la época de Jesús es algo parecido a lo que se refiere a "cobertura" en cierto ámbitos cristianos (tampoco me gusta el término, ni el concepto, ya que conlleva un trasfondo de dominio natural).
La cobertura viene solo de Uno, Omnisciente, Omnipotente, y Omnipresente, recuerdo el concepto de Watchman Nee: nada de lo que ocurre en nuestras vidas es ajeno al control de Dios, todo es aprendizaje ( no sé si lo resumo fielmente, es en realidad muy extenso).
Me atrevo a pensar: ¿ Tal vez sea la "crisis" una herramienta de depuración ?

Bendiciones a todos.