12/31/2013

Protección

Hace muchos años un hombre llamado David, oró: Guárdame, Dios, porque en ti he confiado (Salmo 16:1). La definición de la palabra guardar que emplea David en este versículo tiene un profundo significado en hebreo. Esencialmente quiere decir “Pon un cerco alrededor mío, una pared de espinas que me proteja. Guárdame y cuídame. Observa todos mis movimientos, mi entrar y mi salir.” David creyó plenamente en que Dios guarda a los justos. Asimismo, las Escrituras dicen que David fue ayudado y cuidado en todos sus caminos. Este bendecido hombre declaró, Por cierto no se adormecerá ni se dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador, Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal, él guardará tu alma (Salmo 121:4-7).
La misma palabra hebrea referente a guardar aparece también en este pasaje. Una vez más David está hablando del cerco divino de Dios, de su pared sobrenatural de protección. Él nos confirma, “Dios tiene su ojo sobre ti a dondequiera que vaya.” Inclusive el Señor está con nosotros en todo lugar: en el trabajo, cuando vamos de compras. Él está con nosotros en nuestros autos, en los autobuses, en los trenes subterráneos. Y mientras hacemos todas estas actividades, David dice, Dios nos guarda de todo mal. En suma, Dios tiene todo terreno a nuestro alrededor protegido. Él ha prometido derribar cualquier arma posible que sea forjada contra sus hijos. Una y otra vez, nuestro Dios ha probado ser un guardador de su pueblo. Pero, ¿Con qué propósito? ¿Por qué está tan empeñado el Señor en guardarnos? 
Encontramos una clave en las palabras de Moisés: Jehová nos mandó que cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días y para que nos conserve la vida, como hasta hoy (Deuteronomio 6:24). Moisés dice que Dios le dio los mandamientos por una razón: para guardarlos y cuidarlos. Pero, ¿para qué? Por la misma razón que Dios quiere salvarnos y protegernos. Piensa en todas las maneras en que Dios guardó a Israel, su pueblo escogido. Él los guardó de las diez plagas en Egipto. Él los libró del ejército del faraón en el Mar Rojo y los sanó de las mordidas mortales de las serpientes en el desierto. 
Ante todo esto, su pueblo predicó a sus hijos y nietos del poder guardador de Dios: “El Señor nos libró de todos nuestros enemigos. Él nos dio comida y agua, y mantuvo nuestra vestimenta en buena condición. Él guardó a Israel en todo.” ¿Pero ese era todo el testimonio de Israel? ¿Fueron esas personas guardadas y protegidas para terminar muriéndose en el desierto? Moisés testificó, Y nos sacó de allá para traernos y darnos la tierra que prometió a nuestros padres (Deuteronomio 6:23). Moisés le estaba diciendo a Israel, “Observen todas las maneras milagrosas que Dios usó para sacarlos de la esclavitud. ¿Por qué creen que hizo todo eso? ¿Por qué creen que los eligió y los consideró especiales desde la fundación del mundo? ¿Por qué los libró de la esclavitud? ¿Por qué los bendijo cuando merecían ser abandonados?” 
El Señor te ha preservado a ti para poder llevarte a un lugar. Él quiere lograr algo en tu vida que va más allá de los milagros. El Señor guardó a los israelitas y les puso una muralla alrededor para un propósito específico: para llevarlos a un lugar donde serían usados. Él los estaba guiando a la Tierra Prometida, un lugar de destino. Oye: esto no es historia, esto es palabra vigente, válida y posible para ti hoy, mañana y todo el año 2014 que se inicia. Que así sea. O. si lo prefieres: AMEN.


 







12/27/2013

¡Escucha!

Dios quiere que sepamos que no importa cuán difícil sean las situaciones que afrontemos pues él sustentará a todo aquél que confía en él – con el poder de su tranquila y suave voz hablando diariamente a nuestro hombre interior. 
Esto lo confirma el profeta Isaías: Entonces tus oídos oirán detrás de ti la palabra que diga: Este es el camino, andad por él y no echéis a la mano derecha, ni tampoco os desviéis a la mano izquierda (Isaías 30:21). 
Tú necesitas comprender que Isaías entregó esta palabra a Israel en su momento más difícil. La nación estaba bajo juicio, en absoluta ruina, colapsada. Isaías les dijo a los líderes de Israel, “¡Vuélvanse al Señor ahora! Él quiere darles una palabra de dirección – él quiere hablarles, diciendo ‘Vayan por éste lado, vayan por este otro, aquí está el camino…” 
Sin embargo ellos no escucharon. ¡Ellos decidieron buscar ayuda de Egipto para ser liberados! Ellos pensaron que podían depender de las carrozas egipcias, de sus caballos y de sus suministros para poder salir adelante. 
No obstante, Dios no envió todo su juicio sobre Israel en ese instante. En su lugar, él decidió esperar pacientemente hasta que cada uno de los recursos utilizados por Israel resultaran inútiles. 
Él dijo, Mientras ellos estén corriendo de un lado al otro maquinando cómo sobrevivir, yo esperaré. ¡Quiero mostrarles a ellos mi misericordia a pesar de su maldad! (v. 18). 
Evidentemente, todo les falló y las cosas solamente empeoraron para la nación. Finalmente, cuando todos sus planes fracasaron, Dios le dijo al pueblo, “¡Ahora dejen que yo me haga cargo! Abran sus oídos y yo les hablaré. Yo conozco la salida, y yo los dirigiré. Quiero guiar cada movimiento que hacen, hacia la derecha y hacia la izquierda para librarlos. ¡Yo los guiaré con mi voz – hablándoles, diciéndoles qué hacer hasta el último detalle!” 
Lo que importa – lo que es vitalmente relevante – es que tú conozcas la voz de Dios. Él todavía sigue hablando. Él lo ha dicho claramente, “Mis ovejas conocen mi voz”. Hay muchas voces en el mundo hoy día – voces fuertes y exigentes. Pero existe aquella voz tranquila y suave del Señor que puede ser conocida y escuchada por todos los que confían en lo que Jesús dijo.


 







12/24/2013

Supervivencia

Y vino a él [Elías] palabra de Jehová, diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán (1 Reyes 17:2-3). Mientras Elías observó la crisis que se le avecinaba, su situación le debió parecer absolutamente desesperanzadora. Pero Dios tenía en mente un plan específico de supervivencia para su siervo fiel.
 Él le dijo al profeta, “Dirígete al este del Río Jordán, y encontrarás a Querit, un pequeño arroyo. Ahí podrás conseguir toda el agua que necesites beber. Además, ¡he arreglado todo para que alimento te sea entregado todos los días por mis cuervos mensajeros!” ¿Cómo podría una persona soñar, en un millón de años, con esta clase de plan de supervivencia? ¿Cómo podría Elías haberse imaginado que sería enviado a un arroyo oculto donde encontraría agua para beber cuando no había más que sequía a su alrededor? ¿Cómo pudo haber pensado que una provisión de pan le sería entregada diariamente por cuervos los cuales siempre se comen todo lo que está a su alcance? 
Más tarde, la situación se complicó para Elías pues el arroyo finalmente se secó. Pero Dios tomó nuevamente el control del asunto dándole al profeta una palabra fresca de dirección. Él le dijo, Levántate, vete a Sarepta de Sidón y vive allí; ahí le he dado orden a una mujer viuda que te sustente (v. 9). 
Una vez más necesito preguntarte a ti - ¿cómo podría alguien imaginarse que una pobre mujer viuda en medio de una depresión económica, podía alimentar a un hombre por días, semanas, y meses sin parar? Pero el hecho es que Dios usa las cosas más menospreciadas e insignificantes de este mundo para su gloria. 
Él l le dijo a Elías, “Si tú vas con ella y haces lo que te digo, sobrevivirás. ¡Escúchame – has caso a mi dirección – y saldrás adelante!” La evidencia es abrumadora: ¡Dios – nuestro asesor, consejero y experto en supervivencia – tiene un plan detallado para cada uno de sus hijos, para ayudarlos a enfrentar las peores circunstancias! 
Siempre está bueno recordar estas cosas, pero hoy quizás es más interesante porque, a partir de la celebración tradicional de la Nochebuena y la Navidad que todos respetamos por razones familiares, pero que los cristianos genuinos tomamos exactamente como lo que es, tenemos siempre ocasión de hablar de sus cosas con gente que aún no lo conoce. ¡Que ellos sepan y puedan creer que su supervivencia también es posible!










12/20/2013

Paz

Jesús murió en la cruz para comprar mi paz con Dios – y hoy él está en el cielo para mantener esta paz en mí. La paz que tenemos con Dios a través de Jesucristo distingue nuestra fe de todas las demás religiones. Mejor dicho: muestra la diferencia entre convicción y religión.  Fuera del Cristianismo, todas las religiones dejan sin resolver el asunto del pecado. De esta manera el dominio del pecado no es eliminado, y por consiguiente no puede haber paz. ¡No hay paz para los malos!, ha dicho Jehová (Isaías 48:22).
Sin embargo, tenemos un Dios que provee paz al perdonar nuestros pecados. Esta es la razón misma por la cual Jesús vino a la tierra: para traer paz a una humanidad temerosa y en conflicto. ¿Cómo mantiene Jesús la paz de Dios en mí? Él lo hace de tres maneras: 
Primero, la sangre de Cristo removió la culpa de mi pecado. En este sentido, Pablo dice, Él es nuestra paz (Efesios 2:14). Jesús hizo paz en mí a través de su sangre. 
Segundo, Cristo mantiene mi paz y gozo al creer en: Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en la fe, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo (Romanos 15:13).  
Tercero, Jesús hace que me regocije al tener la esperanza de que entraré en su gloria Y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios (Romanos 5:2). 
Para ponerlo de una manera simple, paz es la ausencia del miedo. Y una vida sin miedo es una vida llena de paz. Cuando Jesús ascendió al cielo, él no solo disfrutó de la gloria que se le había otorgado. No, él fue al Padre para mantener la paz que ganó con tanto dolor para nosotros en el Calvario. Ahora mismo nuestro Salvador está vivo en la gloria. Él es completamente Dios y completamente humano, con manos, pies, ojos, cabello. 
Nuestro Salvador también tiene las cicatrices en sus manos y en sus pies, y la herida en su costado. Él nunca desechó su humanidad; él continúa siendo un hombre en la gloria. Y en este momento, nuestro hombre en la eternidad trabaja para asegurarse que la paz que nos otorgó al partir, nunca nos sea robada. Él ministra como sumo sacerdote al estar activamente involucrado en mantener a su cuerpo en la tierra lleno de su paz. Y cuando él venga nuevamente, quiere que nosotros seamos hallados por él…en paz (2 Pedro 3:14).
Cuando yo peco, mi paz se interrumpe en dos áreas. Primero, mi conciencia entra en conflicto y con buen motivo provoca culpa. Segundo, las acusaciones de Satanás ponen miedo en mí. Creo que éstas son las dos primeras áreas donde las intercesiones de Cristo se aplican en nosotros. Primero, mi sumo sacerdote no permitirá que mi conciencia me tenga cautivo. Ni permitirá que las acusaciones de Satanás en contra mía no sean desafiadas. 
Cristo es mi abogado para con el Padre en contra de toda acusación del infierno. ¿Qué es un abogado? Es simplemente “mi amigo en la corte” Para los cristianos, este amigo en la corte es también el hijo del juez. Además, nuestro abogado es nuestro hermano. De hecho, vamos a heredar la fortuna del juez junto con él.










12/17/2013

Prioridades

Por eso puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos (Hebreos 7:25). 
¿Qué quieren decirnos las Escrituras cuando mencionan que Jesús intercede por nosotros? Yo creo que este tema es muy profundo, majestuoso y que va más allá del entendimiento humano. Yo tiemblo con tan solo abordarlo. Los estudiosos de la Biblia tienen varios puntos de vista sobre su significado, pero sólo son eso: estudiosos. Vivir en Cristo es otra cosa. 
A través de la oración y confianza en el Espíritu Santo, estoy comenzando a entender sólo un poco de este increíble tema. Puedes orar muy sencillamente, diciendo: “Señor, ¿cómo tu intercesión en el cielo afecta mi vida? Tu Palabra dice que te presentas delante del Padre en mi lugar. ¿Qué significado tiene esto en mi caminar diario contigo?” 
La palabra intercesión en español significa, “suplicar a favor de alguien”. Esto habla de un sujeto que toma tú lugar ante los demás para suplicar por tu caso. Cuando tú escuchas esta definición, ¿Te imaginas a Cristo continuamente implorando a Dios por ti, pidiéndole misericordia, perdón, gracia y bendiciones? En mi opinión, esta imagen nos presenta al Padre como avaro. Yo simplemente me rehúso a creer que la gracia tiene que ser arrancada de nuestro amoroso Dios.
 Si nos acotamos a esta limitada definición de intercesión, nunca entenderemos el profundo significado espiritual de lo que Cristo hace por nosotros. La Biblia sostiene que mi Padre celestial conoce mis necesidades antes de que yo se las presente. Inclusive, muy a menudo él las suple aun antes de orar al respecto. Por lo tanto, me resulta difícil aceptar que el mismo Hijo de Dios tiene que suplicarle a él por algo. 
Además, las Escrituras dicen que el Padre ya le ha confiado a su Hijo todas las cosas: En él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad (Colosenses 2:9). 
No pretendo conocer por completo todo lo referente a la intercesión que Cristo hace por nosotros. Pero sí creo que aquello que nuestro sumo sacerdote está realizando en su intercesión por nosotros, es un asunto muy sencillo. Considero que su intercesión está directamente relacionada con el crecimiento de su cuerpo aquí en la tierra. Él está trabajando para suplir con poder y fortaleza a cada articulación y miembro.
 ¿Entonces no funciona en lo individual? Sí que funciona, pero con relación a la extensión del Reino. ¿Y por qué Jesús habría de ser tan celoso y egoísta de poner primeramente sus objetivos por delante de los nuestros? Porque si no lo hace, nosotros sobreviviríamos muy pocos segundos en esta tierra. ¿O no dejó escrito que busquemos primeramente las cosas del Reino de Dios para que Él, luego, pueda darnos lo que necesitamos como añadidura a nuestra obediencia?










12/13/2013

Transparencia

En su desesperación, David clamó, Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica (Salmo 130:2). 
Este versículo se asemeja a la oración de un hombre desahuciado. David obviamente no estaba simplemente expresando “oraciones estructuradas.” David se encontraba con su rostro en el suelo – deshecho, contrito, suplicándole a Dios desde lo más profundo de su corazón. 
“¡Oh Jehová santo Dios, tienes que escuchar mi clamor! Ya no puedo continuar más. Mi pecado está siempre delante de mí y me estoy hundiendo en temor y pánico. Por favor Dios, ten misericordia de mí.” 
David sabía que su alma necesitaba ser liberada. Y él buscó sólo a Dios para encontrar esa liberación. David llegó a la conclusión, “Estoy en una situación tan grave que solo el Señor me puede ayudar ahora. No puedo apoyarme en consejeros, amigos, ni aún en mi familia. Mi única esperanza es la oración. ¡Así que voy a clamar noche y día hasta que Dios escuche mi súplica!” 
¿Has estado tan desesperado como David? ¿Te has encerrado con el Señor con tu rostro en el suelo, clamándole a Él? Oraciones monótonas, silenciosas, perezosas no lograrán nada. ¡Si tú no estás desahogando tu alma ante el Señor, tú realmente no quieres sanidad – tú sólo quieres una salida a tu situación! 
David testificó, … ¡Gimo a causa de la conmoción de mi corazón!...y mi suspiro no te es oculto (Salmo 38:8-9). 
Tú tienes que clamar en voz alta como lo hizo David, “¡Señor, escucha mi clamor! ¡No te voy a soltar hasta que me contestes!” 
Esa es la única salida, créeme. Todo lo demás, es el clásico y tradicional armado de la estructura eclesiástica, colocando en consejerías a cientos de psicólogos cristianos porque, -aseguran- están mejor preparados que aquellos que no han estudiado. 
Lo respeto porque siempre el Señor utiliza lo que sea para bendecir a sus hijos, pero me pregunto: ¿De verdad que Dios necesita profesionales para hacer lo que legendariamente ha hecho personalmente en respuesta a oraciones sinceras cargadas de confesión y transparencia? ¿De verdad seguiremos creyendo eso?



12/10/2013

Grandeza

Vamos a poner una escena ficticia, algo que no existe pero que sirve para dar ciertos ejemplos. O, si así lo prefieres, una situación similar a la que estás viviendo en este tiempo. A eso lo decides tú, yo sólo obedezco la dirección del Señor. 
Veamos: si tú te encuentras ahora mismo afligido/a profundamente como producto de tu pecado – si  estás abatido/a porque la vara del Señor está sobre tu espalda, siéntete reconfortado/a. Él te está disciplinando porque te ama tiernamente. Él te disciplina porque quiere que tú tengas temor santo de El, que no significa terror humano – y que conozcas que tiene cuidado de ti. 
¿Qué significa exactamente temer al Señor? Significa que tú puedas decir, “Yo sé que mi Padre me ama. Estoy seguro que soy de Él para siempre y que nunca me abandonará. Él siente mi dolor cuando estoy en medio de la dificultad. Él me tiene paciencia cuando estoy luchando en contra de la incredulidad. Él siempre está listo para perdonarme cuando lo busco. Pero yo también sé que Él no me va a permitir continuar desobedeciendo Su Palabra. Mi Padre celestial no me lo pasará por alto – porque me ama profundamente.” 
La disciplina es para corregir. Este es el punto central. Dios quiere que aceptemos su perdón para que le temamos tal como se teme de manera reverente a alguien con suma autoridad, no a un ser cruel o autoritario. 
Empero hay perdón cerca de ti, para que seas temido (Salmo 130:4 R.V. Antigua). Una vez que temamos al Señor, vamos a querer más que simplemente obedecerle. Vamos a querer agradarlo, poner una sonrisa en su rostro. Ese es el resultado de un temor santo de Dios. 
Y es muy curioso, pero por causa del enorme caudal de Ego existente en el hombre, esto es lo que menos se da en la vida cristiana. Y como consecuencia de esa falta de temor, proliferan la irreverencia y la desobediencia. 
Una cosa es tener confianza en Dios y tener sana comunión con Él de la manera menos acartonada y sincera, pero eso no es sinónimo de exceso de confianza que nos lleve a tratar a Dios o a dirigirnos a Él como lo haríamos con el vendedor de fruta de la otra calle. 
Y esto con el mayor de los respetos por el vendedor de frutas, pero Dios es Dios y es más grande que todos nosotros, más que toda la iglesia y que todas las iglesias, más grande que todas las religiones incluida la cristiana, más grande que la propia Biblia y mucho, pero muchísimo más grande que cada uno de esos mini-astros que dicen representarlo.



12/06/2013

Perdón

Es indudable que el llamado espíritu de Grecia ha estructurado en el corazón y esencialmente la mente de los cristianos, una profunda curiosidad no exenta de preocupación respecto a las calidades y cualidades del perdón divino. 
Todo esto, independientemente a las formas que tome en la práctica ese perdón, cosa que podemos imaginar y fantasear de todas las maneras probables. El caso central es que el perdón de Dios sólo puede ser obtenido por fe. No podemos entenderlo razonando. 
El regalo expiatorio de la sangre de Cristo es tan profundo, tan lleno de gracia, tan misterioso para la mente racional recibida de la enseñanza griega infiltrada en la iglesia, que está muy lejos de la habilidad humana el poder entenderlo. 
Podemos ver claramente cómo la ley es aplicada a nuestro pecado. Podemos sentir condenación, temor y culpa por nuestras transgresiones. Pero nuestro Padre celestial permanece amorosamente a nuestro lado en todo momento, listo para perdonarnos. 
Normalmente, el porcentaje mayoritario de cristianos no puede, no sabe o sencillamente no quiere creer eso. Prefiere transformarlo en una cuestión casi jurídica que camina con los rudimentos de las estructuras de la justicia humana. 
¿Sabes qué? Nada tan alejado de la verdad. No es así como funciona. La sangre de Cristo, el amor del Padre, el deseo que tiene el Señor de perdonarnos: todas estas bendiciones solo pueden ser conocidas mediante la fe. 
El justo por la fe vivirá (Gálatas 3:11). ¿Vivirá eternamente o el hoy terrenal? Ambas. Lo que comienza en lo espiritual, luego se materializa en lo natural. Tú puedes preguntarte, entonces,  “¿Cuántas veces me perdonará el Señor cuando sigo continuando en mi pecado una y otra vez?” 
Tú puedes confiar seguro de que el perdón increíble del Señor es ilimitado. Cada vez que tú pecas, tú puedes ir a Jesús y encontrar liberación. Pero el perdón del Señor no es ni ingenuo ni ciego. Para tenerlo claro, nuestro Padre celestial nos perdona – pero en cierto punto, Él nos disciplina para evitar que continuemos en pecado. 
Porque el Señor al que ama, disciplina (Hebreos 12:6). ¿Y sabes por qué enfatizo en esto? Porque cuando estés pasando por crisis o duras pruebas, deberás hacer funcionar tu discernimiento. No sea cosa que gastes energías reprendiendo diablos y demonios cuando en realidad todo se trata de simple disciplina paterna.