8/29/2015

Compañía

             Déjame mostrarte lo que alguien dio en llamar “la Compañía José”, conformada en los últimos días por un cuerpo de creyentes completamente entregados al Señor. Ellos tienen comunión con Dios a diario y son guiados por el Espíritu en cada detalle de sus vidas. En este momento, ellos están saliendo de grandes pruebas para entrar en un lugar de revelación, sabiduría y de mucho fruto.
               Dios está obrando en ellos dándoles verdad y conocimiento, y muy pronto Él va a recurrir a ellos como lo hizo con José. En su mayor parte, la iglesia de hoy está experimentando gran hambruna espiritual: sermones superficiales, oyentes muertos, adoración "avivada" que no está respaldada por una vida de rectitud. Dios siempre ha trabajado muy por adelantado en vísperas de cada hambruna espiritual que enfrenta su iglesia ¡En cada generación Él ha obrado anticipadamente con el objetivo de preparar una salida a su pueblo!
               Los setenta y cinco miembros del clan de Jacob habrían muerto en la gran hambruna mundial (y la promesa de Israel habría sido destruida,) si Dios no hubiera estado trabajando con antelación. De hecho, veinte años antes de que llegara el hambre, Dios ya estaba poniendo en marcha un plan para salvar a su pueblo de la destrucción. ¡Dios envió primero a José a Egipto! Durante veinte años Dios trabajó en este hombre en aislamiento, tratándolo y preparándolo para un lugar de autoridad, pues José se convirtió en el salvavidas de los elegidos de Dios.
               Él evitó que José estuviera en una posición privilegiada con el fin de que éste pudiera estar listo para un día de caos y muerte. Así como Dios aisló a José, hoy Él cuenta con “la compañía José” que está oculta a la vista de todos. Sus miembros se encuentran en el horno de la aflicción, en las prisiones de la prueba, en los campos de batalla de problemas y tentaciones.
               Ellos están muriendo a este mundo, no quieren nada de fama, honor, dinero o placer. Están creciendo con hambre de más intimidad con Cristo para conocer su corazón y su voz. Puede que tú no comprendas todas las misteriosas pruebas, tribulaciones y problemas de tu vida, pero si tu corazón está totalmente determinado en seguir a Cristo, tú puedes descansar seguro de que Dios tiene un propósito en todo esto: ¡Él quiere incluirte en “la Compañía José!” 
 

8/22/2015

Nuevo

               ¿Cuán a menudo has oído a los cristianos decir, "Dios está haciendo algo nuevo en mi iglesia?"  La "cosa nueva" a la que se refieren puede llamarse un avivamiento, un nuevo fluir, una visita o un mover de Dios. Sin embargo, muy a menudo, esta "cosa nueva" desaparece muy rápidamente. Y una vez que se ha desvanecido, no puede ser encontrada de nuevo. En este sentido, ésta no resulta ser del todo, un mover de Dios. De hecho, los sociólogos cristianos han seguido muchas de estas visitas y descubrieron que el promedio de vida de estos eventos es de unos cinco años.
               Personalmente, creo que Dios está haciendo algo nuevo en su iglesia de hoy. Sin embargo, esta gran obra del Espíritu no se puede encontrar en un solo lugar. Está sucediendo en todo el mundo. Y no se trata de fiestas bulliciosas dentro de templos. Dios no va a empezar algo nuevo en su iglesia hasta que quite lo viejo. Este principio bíblico, probado a lo largo de siglos de historia de la iglesia, se encuentra en ambos Testamentos y abarca cualquier movimiento verdadero de Dios.
                Como Jesús lo dijo, no se echa vino nuevo en odres viejos. El principio de abolir lo viejo y levantar lo nuevo fue presentado por primera vez en el Antiguo Testamento en Silo. Durante el tiempo de los jueces, Dios estableció una santa obra en esta ciudad. Silo, donde el santuario del Señor estaba en pie, fue el centro de toda actividad religiosa en Israel. El nombre de Silo en sí mismo significa "lo que es del Señor".
               Esto habla de las cosas que representan a Dios y revelan su naturaleza y carácter. Dios le habló a su pueblo en Silo, fue allí donde Samuel escuchó la voz de Dios y donde el Señor le reveló su voluntad. El Señor dejó de hablar en Silo, porque el sacerdocio se había vuelto perezoso y sensual, y la ciudad se había convertido en corrupta. Dios le dijo a Samuel, en esencia, "Silo se ha vuelto tan contaminado, que ya no representa lo que soy. Esta casa ya no es la mía. He terminado con ella"."
               Entonces el Señor levantó su presencia en el santuario y escribió "Icabod" en la parte superior de la puerta, lo que significa," La gloria del Señor se ha ido." El Señor abolió completamente lo viejo, pero una vez más, levantó una cosa nueva. Después de eso, el templo de Jerusalén llegó a ser conocido como "la casa del Señor" y Dios le habló a su gente allí. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17).








8/15/2015

Prudencia

Hubo un joven pastor escocés, Robert Murray McCheyne, quien murió a los 29 años. Antes de su muerte, él trajo un gran despertar a su iglesia. Esta semana alguien mencionó la siguiente cita de este hombre de Dios: "La mayor necesidad de mi pueblo es mi propia santidad." No puedo menos que pensar: ¡Qué enorme verdad! Contamos con una gran cantidad de predicadores elocuentes, con una sobreabundancia de personalidades carismáticas y con suficientes líderes de alto perfil. Sin embargo, lo que nos hace falta son hombres santos de Dios. La gente necesita ver más allá de las habilidades ministeriales de sus líderes, necesita ver un corazón devoto. Un pastor no puede conducir a su congregación a las profundidades de Cristo que él mismo no ha experimentado primeramente.
¿Cuál es el resultado de una iglesia que tiene sorprendentes programas, brillante liderazgo, donde ante espectaculares presentaciones los congregantes no se mueven de sus sillas, y donde se cuenta con lo último en tecnología e instalaciones pero en su esencia no tienen visión de cómo ser un pueblo santo? ¿Qué buen fruto puede provenir de conferencistas que logran atraer la atención de su audiencia a través de eventos de entretenimiento, si éstos no son hombres que desean quebrantarse, y con reverencia y humildad, reconocer lo alejados que su congregación y ellos mismo están del Dios santo y maravilloso?
 Las iglesias están a menudo llenas de frivolidad y lo sabemos, pero esto no cambia porque los líderes lo toleran en lugar de lamentarse por ello. La situación en la iglesia es simplemente un reflejo de la realidad que está en el corazón del pastor. La luz que brota de una vasija rota sobrepasa, eclipsa, la luminosidad producida por miles de programas religiosos de entretenimiento.
Pablo dijo, ustedes tienen muchos tutores, pero pocos padres. Hoy podría haber dicho: ustedes tienen muchos expertos en la iglesia, pero pocos hombres santos. Las palabras de R.M. McCheyne son más necesarias hoy que cuando habló por primera vez ante una iglesia liberal y nominalista en Escocia. Pero no sólo sus palabras sino su ejemplo, el poder de su púlpito y el efecto de su ministerio le dieron poder a sus palabras. Sus palabras contenían poder porque su vida contenía pureza.

¿Tienes hambre de ser un hombre santo o una mujer de Dios? Existe sólo una manera para que esto suceda. Desiste de tus esfuerzos humanos por lograr rectitud en tus propias fuerzas y ser completamente revestido de Cristo, y recibe la obra terminada de Jesús en la cruz. Esta santidad es mucho más que la obstinada negación del pecado, es una absoluta entrega a Cristo la cual libera inmensa y gloriosamente pasión por la santidad. No quiero pasarme la vida tratando de luchar con mi viejo hombre. Quiero a Cristo formando en mí la plenitud del hombre nuevo que Él ha creado.

8/08/2015

¡Ayuda!

               En estos tiempos estoy aprendiendo algo maravilloso del Espíritu Santo, que trato de hacer real en mi vida personal y ministerial. Estoy aprendiendo que él tiene una característica única: no le gusta hablar de sí mismo.
               Él no se hace de sí mismo el principal objeto de nuestra atención, tal como vemos moverse a tantos y tantos hombres y mujeres que dicen representarlo aquí en la tierra como parte de su cuerpo.
               Asimismo, he tratado de estudiar con seriedad al Espíritu Santo sumergiéndome en volúmenes enteros acerca de Él, los cuales han sido escritos por autores calificados de renombrados prestigios y lauros humanos.
                Algunos de estos libros son muy profundos y hasta difíciles de entender -libros acerca de su naturaleza y personalidad. Todos ellos muy interesantes, entretenidos para desarrollar el hábito de la lectura, pero no siempre edificantes.
               El hecho es que no pueden edificar, porque tú sólo puedes entender lo que el Espíritu es cuando Él mismo se te revela, y cuando lo hace, Él no va a hablar de sí mismo; él te va a guiar a Jesucristo.
                He intentado investigar sobre el significado de los nombres del Espíritu Santo -Consolador, Paracleto, Abogado, Intercesor- en busca de obtener alguna idea de quién es Él. Pero finalmente me dí cuenta que nosotros los cristianos no tenemos que entender la persona del Espíritu Santo porque Él no quiere decirnos cosas ocultas sobre sí mismo.
               Todo lo que necesitamos saber es que es uno de la Trinidad: es eterno, el Espíritu de Cristo enviado a esta tierra para vivir en nosotros los que creemos ¡Y sus ojos están siempre en Cristo! El Espíritu Santo no quiere que sepamos tanto de Él mismo como de su misión, la cual es llevarnos a Jesús y mantenernos en pureza y santidad.
               Él siempre está obrando, haciendo conocer a Cristo en nuestros corazones, y se deleita en nuestra búsqueda del conocimiento acerca de por qué Él ha venido. Jesús dijo: cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber."(Juan 16:13-14).


 






8/06/2015

Victorias

               La mayoría de nosotros sabemos que el pecado es la raíz de todos nuestros problemas, nuestros miedos, culpa, ira y depresión. Sabemos que nos priva de valor espiritual y vitalidad, pero lo que no sabemos es cómo superar el pecado que nos asedia (Hebreos 12:1).
               Sabemos que la victoria sobre nuestros enemigos viene por medio de Jesucristo nuestro Señor. Pero, ¿cómo conseguir el poder de su vid en nuestra rama endeble? ¿Cómo funciona esto? Yo amo a Jesús, siempre lo he amado, y sé que Él tiene todo el poder. También sé que me promete la victoria, pero ¿Qué significa esto y cómo llega la victoria?
               Estoy empezando a ver un poco de luz ante este misterio. En mi propia búsqueda por victoria total sobre mi pecado acosador, Dios me está pidiendo hacer las siguientes tres cosas: Tengo que aprender a tener hambre por la santidad y odio a mi pecado. El pecado me contamina y Dios no puede considerar el pecado, no lo puede tolerar.
               El temor de Dios es la base de toda libertad. No hay que esperar ser dimitido o recibir privilegios especiales. Mi pecado debe ser confesado y abandonado. Debo estar convencido de que Dios me ama a pesar de mi pecado. Dios odia mi pecado con un odio perfecto, al mismo tiempo que Él me ama con infinita compasión.
               Su amor no se comprometerá con el pecado, pero Él se aferra a su hijo pecador con un propósito en mente: recuperarlo. Tengo que aceptar la ayuda amorosa de mi Padre para resistir y vencer. El pecado es como un pulpo con muchos tentáculos tratando de aplastar mi vida.
               Rara vez todos los tentáculos aflojan su control sobre mí; es un tentáculo a la vez, una pequeña victoria a la vez. Dios me envía al Espíritu Santo con una dirección clara sobre la forma en que debo luchar, correr, dar el próximo golpe.
                La batalla contra principados y potestades es suya no mía. Yo sólo soy un soldado peleando en su guerra. Dios quiere que yo crea totalmente en Él. ¡Mi parte en esta guerra es creer que Dios me sacará de la batalla victorioso!




8/01/2015

Momentos

               En Daniel 3, el rey Nabucodonosor erigió una estatua grande, de oro, de noventa metros de altura y convocó a todos los líderes de su vasto imperio a una ceremonia de dedicación. Una vez que éstos llegaron, Nabucodonosor ordenó que todos se postraran en adoración ante la imagen y aquel que desafiara la orden debía morir.
               Tres de los amigos de Daniel, Sadrac, Mesac y Abed-Nego rehusaron arrodillarse. Estos hombres, junto con Daniel, habían sido llevados cautivos de Jerusalén. No era raro en aquellos días castigar a quienes violaban los decretos del rey arrojándolos en un horno ardiente.  
               Cuando los guardias trajeron a los tres hombres hebreos ante el rey, él les gritó "¡Aja! ¿Con que se niegan a arrodillarse ante mi imagen? Voy a darles una oportunidad más. Si no se inclinan en esta ocasión, los lanzaré en el horno de fuego ardiente".  
               Finalmente, los tres hebreos fueron lanzados al horno. Pero el rey quedó perplejo; no hubo ningún destello repentino de cuerpos asados, ni olor a carne quemada. El observó detenidamente el fuego y se sorprendió de lo que vio.
                Los tres hombres hebreos estaban caminando por encima de las brasas. El fuego había quemado sólo las cuerdas que los ataban y ahora sus manos estaban levantadas alabando a Dios. Nabucodonosor se dirigió a uno de sus colaboradores y dijo: "¿Cuántos hombres tiramos ahí dentro?"
                "Tres, oh rey," fue la respuesta. “¡Pero yo veo cuatro! Y ninguno de ellos está en llamas. Ninguno está herido. Y uno de ellos tiene la apariencia del Hijo de Dios ". Jesús entró en la crisis de estos hombres por una razón ¡y solamente por una razón! Él vino para consolarlos y rescatarlos porque los amaba. El mismo Señor de la gloria se comprometió con ellos en su momento de crisis ¡porque ellos estaban totalmente comprometidos con Él!