6/20/2010

Disputando el gran Partido

Decir que mi país es aficionado al fútbol, es quedarme corto. Consignar que en la Argentina el fútbol es el primer deporte en la predilección popular, es resultar escaso en conceptos. Creo que lo más adecuado, aunque no original, es asegurar que el fútbol, en mi patria, es una real y verdadera pasión.
Y como toda pasión, si bien puede brindarle a quien la experimenta diferentes sensaciones que van desde la profunda alegría a la más cruda y desesperante angustia, también conlleva en sí misma un alto grado de peligrosidad. Las pasiones fuera del ámbito de Dios, son ingobernables por el hombre, y desatan dramas de todos los niveles y tonalidades.
En estos días se está disputando en Sudáfrica el Campeonato Mundial de Fútbol. Para una gran parte del planeta, apenas un evento multicolor relacionado con una disciplina deportiva que interesa de sobremanera, medianamente, poco o absolutamente nada, según la latitud que visitemos.
Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Brasil representan a nuestra Sudamética, y con sus diferentes matices, sus pueblos siguen los encuentros, disfrutan con sus victorias, se entristecen con las derrotas y esperan una victoria final que les permita gozar de un logro internacional por pertenencia, es decir: desde afuera.
Sin evadirme al clima, cosa que en Argentina, y especialmente en mi ciudad de Rosario es prácticamente una tarea titánica, he podido observar en las diferentes expresiones de la prensa nacional, un alto grado de exitismo y voluntarismo.
"Somos los mejores", "Seremos campeones" y otras sentencias por el estilo inundan a diario las pantallas de nuestros televisores y los audios de nuestros aparatos de radio, además de llenar centímetros y centímetros en las páginas de nuestros periódicos.
La pregunta sensata que un observador imparcial se formularía, es: ¿Hay algo de cierto en todo eso? Algo sí, en la misma medida en que lo hay en otras latitudes con planteles futbolísticos de superlativo nivel, tanto aquío en las Américas como en Europa.
Pero lo más abundante y proliferante, que se disfraza como curiosa y cabalística declaración profética deportiva, es el voluntarismo sin base sólida. Que yo diga que somos los mejores y que vamos a ser campeones, no significaque eso sea verdad. Sólo es una expresión de deseos personal mía que podrá tener algún viso de realidad o no, es sólo un juego.
Si el final del torneo llega con victoria, aquellos que la disfruten, podrán decir: "¿Vieron que teníamos razón? ¡Eramos los mejores y fuimos campeones!". Pero, al mismo tiempo, habrá una serie de perdedores, gente que dijo las mismas palabras, que esbozó las mismas declaraciones proféticas y se encontró con una amarga derrota. ¿Que dirán? Nada. Harán silencio y aguardarán que todo el mundo lo olvide rápidamente.
Como creyente, no puedo menos que comparar todo ese voluntarismo exitista con algunas actitudes que oigo y veo en ciertas iglesias de nuestra fe. "¡Ya estamos venciendo!", "¡Preparate para el avivamiento!", ¡Satanás está vencido y nuestra es la victoria!", son expresiones cotidianas salidas de distintos púlpitos.
Bien intencionadas y hechas con afanes positivos. Que guardan un alto contenido de posibilidades ciertas, pero que hoy por hoy no pasan de ser casi bravuconadas voluntaristas en medio de un panorama que nos está diciendo lo opuesto.
Nadie está siendo más que vencedor como debemos ser con Cristo, el reino aún está en manos del usurpador que cada día parece enseñorearse más.
No hay noticias ciertas de ese avivamiento, cuando en realidad la Biblia habla para este tiempo de una apostasía que sí estamos comenzando a ver cada día con mayor nitidez.
Es totalmente cierto que Satanás ya está vencido desde la cruz hacia aquí, pero también es real que todavía no hemos podido efectivizar esa victoria y el diablo continúa haciendo de las uyas, incluso hasta delante de nuestras propias narices en nuestras propias congregaciones.
La conclusión de todo esto no es ni puede ser pesimista. En la última página de la Biblia dice que ganamos y yo creo, enseño y predico eso. Pero voy a hacer fiesta y celebración, el día en que la Copa del Mundo esté en las manos de mi equipo, no antes.
Mientras tanto, cada cotejo que dispute mi selección, será el equivalente a una guerra espiritual que el pueblo de Dios está librando. Y a ningún deportista se le ocurriría proclamar fiesta en tiempo de guerra, o celebraciones antes del silbato final del árbitro.

6/06/2010

¿Que Tienes en la Cabeza?

La expresión del título era la preferida por mi abuela materna para regañarme si cometía alguna travesura en mis primeros años de vida. La segunda parte, que ella jamás utilizaba, podía estar compuesta por añadidos ingeniosos y humorísticos, o por algunos otros más duros y de escaso buen gusto. A mi abuela le bastaba con el inicio del concepto.
Hoy, cuando yo soy abuelo y la imagen de aquella mujer descendiente de italianos , dura y fuerte, pero al mismo tiempo tierna, se desdibuja en el recuerdo de demasiados años transcurridos, la frase me cobra vigencia, aunque no ya en mi vida o en mis travesuras infantiles. Es una frase casi ideal, o al menos adecuada, para consultarla con la iglesia.
La Biblia nos dice en todos los textos que se nos ocurra consultar, que Cristo es la cabeza del todo y la iglesia su cuerpo. Y hasta los más ignorantes y poco formados intelectualmente saben casi con perfección, que ningún cuerpo dejará de hacer lo que ordene la cabeza o, en su defecto, jamás hará algo que la cabeza no determine. Salvo la iglesia, claro está.
¿Es Cristo honesto? De hecho; jamás cometió fraude o estafa alguna en ninguna manera. ¿Es Cristo sincero? Sin dudas. Le costó la antipatía de los fariseos por serlo, aunque dotara de sus expresiones el máximo de amor porque no lo hacía para enojarlos sino para zamarrearlos.
¿Es Cristo fiel? Al Padre y a sus hermanos espirituales, así como lo fuera con sus padres terrenales y sus hermanos de sangre. No hay registro alguno de él cometiendo alguna clase de adulterio. ¿Es Cristo generoso? Lo es. No dudó jamás de sacarse algo de encima para dárselo a quien lo necesitara.
¿Es Cristo alguien que ama a su prójimo? La Biblia está llena de relatos que hablan de la cualidad y la calidad de ese amor. ¿Es Cristo obediente a la voluntad de Dios Padre? Permanentemente estuvo declarando que no hacía absolutamente nada por sí mismo, sino que todo lo que le veía hacer al Padre él hacía.
Finalmente: ¿Es Cristo todopoderoso? Es Dios encarnado, así que sin dudas que llegado el momento de ser necesario, lo es. Tormentas amainadas, paralíticos sanados, ciegos recuperando la vista, sordos oyendo, muertos resucitando. ¿Alguien puede dudar de su poder?
La pregunta que bien vale realizarse en este día, es: Si la cabeza es todas estas cosas juntas, y aún muchas más que aquí no figuran, ¿Por qué será que su cuerpo ejecutor en la tierra, no puede ser lo mismo aunque sea en algunas de todas estas cosas?
Cualquier mediano conocedor de anatomía te diría que: o bien el cuerpo está decididamente enfermo y por eso no responde a los dictados de la cabeza, o bien ese cuerpo no responde a esa cabeza porque está respondiendo a otra.
Tú puedes quedarte con la respuesta que más familiar te resulte, o con la que el Espíritu Santo que guía tu vida a toda verdad que es el mismo que guía la mía, te revele. Lo cierto es que si somos el cuerpo de un Cristo todopoderoso, eso es exactamente lo que por destino divino está llamada a ser su iglesia.