10/28/2016

Ese Dios que no Siempre Conocimos

Es tanto y tan variado lo que a través de toda la historia y en las distintas escuelas de pensamiento cristiano se ha enseñado respecto a nuestro Dios, que a muchas personas les parece difícil ver a ese Dios como un padre amoroso. Éstas no lo ven con claridad debido a dolorosas experiencias del pasado con su padre o padrastro alejado de Dios. Está comprobado y probado: una de las razones por las cuales alguien no puede o no quiere relacionarse con Dios, es porque lo identifica con un padre carnal malo, cruel o algo peor.

Miles de cristianos no creen que Dios los ama porque su padre terrenal los abandonó, hirió, y afligió terriblemente. ¡Yo oro para que este mensaje les hable no solamente a estas personas sino también a aquéllos quienes no han descubierto la profundidad del amor del Padre!

Muchos de nosotros conocemos las Escrituras y la teología detrás del gran amor de Dios hacia sus hijos. Sin embargo, pocos hemos aprendido a apropiarnos de ese amor y por consiguiente, no disfrutamos de los beneficios de contar con él.

Escucha cómo Dios se describe a sí mismo frente a Moisés: Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado,... (Éxodo 34:6-7). Dime ahora qué tiene que ver este Dios que dejó escrito esto, con ese viejo adusto castigador que nos enseñaron de pequeños en ciertos lugares que dicen ser representativos de Él.

Cuando nos encontramos en medio de nuestras tribulaciones, nos olvidamos de lo que Dios ha dicho acerca de su propia naturaleza. Si solamente creyéramos en Él en esos momentos, nosotros contaríamos con gran seguridad y confianza en nuestras almas. De principio a fin, la Biblia expresa la voz de Dios, revelándonos cuan tierno y amoroso Él es.

En todo tiempo, (Y cuando digo en todo tiempo, estoy queriendo decir exacta y puntualmente eso, en todo tiempo) Él está listo para perdonarnos: porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan. (Salmo 86:5).

Él es paciente con nosotros, lleno de ternura y misericordia. Yo sé que a una enorme mayoría, y esencialmente masculina, les cuesta horrores verlo así, pero en mi Biblia dice en muchos lugares que Él es así. Muchas son tus misericordias... (Salmo 119:156). - Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia. (Salmo 145:8).

Cuando tú acudes al Señor en oración y adoración, se muy cuidadoso acerca de la imagen de Dios que tú tienes al entrar en Su presencia. ¡Tú debes estar completamente convencido de Su amor por ti y cree que Él es todo lo que Él dice que es! 

Ocurre que la disciplina humana parecería tomar base sólida en los castigos, y mientras más cruentos estos sean, mejor considerados estarán. Eso obstaculiza notablemente la posibilidad de relacionarnos con el verdadero Dios, que independientemente de lo que a ti te hayan enseñado, sigue siendo sinónimo puro y santo de amor, un grado de amor que al hombre le resultaría imposible desplegar por una simple razón: no es suyo, viene de arriba y es exclusivo para todos los nacidos de arriba, esto es: los hijos.

10/24/2016

Con la Espalda Contra la Pared

 (Eclesiastés 7: 13) = Mira la obra de Dios: Porque, ¿Quién podrá enderezar lo que Él torció?

Con cierta frecuencia parece ser que Dios coloca a sus hijos en situaciones bastante difíciles, las cuales les conducen a un callejón sin salida. Sin con anterioridad a ello se hubiese consultado al juicio humano, éste no hubiera permitido que tales cosas sucediesen.

Quizás hoy tú te encuentres en dicha situación, ahora mismo, en este momento. Parece ser confuso y grave hasta lo sumo, pero ello está muy bien hecho. El final hará más que justificar a Aquel que te llevó allí. Es una plataforma para la ostentación de su poderosa Gracia y poder Soberano.

No solamente te librará Él de esto, sino que al hacerlo, Él te dará tal lección que jamás has de olvidar, la cual ha de ayudarte grandemente en tu futuro. Nunca darás a Dios las gracias suficientes por haber hecho contigo lo que Él ha hecho. Y que conste que no estoy hablando de crueldades ni nada que se le parezca. Pensar eso es irse al lado satánico de la cosa.

(Salmo 4: 1) = Respóndeme cuando clamo, oh dios de mi justicia. Cuando estaba en angustia, tú me hiciste ensanchar; ten misericordia de mí, y oye mi oración.

Es algo muy bueno para nosotros el estar colocados en un rincón sin salida. El ser empujado y cercado hasta que te encuentres con tu espalda contra la pared, y con enemigos en frente a cada mano, eso es bueno. Porque es precisamente en ese lugar en donde mejor oirás la voz de tu Señor.

La misma opresión de tal experiencia nos pone en mayor comunión con nuestro Señor, y allí encontramos cuán precioso Amigo Él es. Los salmos de David son producto de tales experiencias, y ellos han alentado a miles de almas en cada siglo.

Es fácil confiar en el Señor cuando podemos ver que todo contribuye a nuestro bien; pero confiar en Él cuando estamos cercados por cada lado y no es posible ver ninguna manera de escapar, eso sí es agradable a nuestro padre. Él fue la fe de Abraham, el padre de la fe.

10/20/2016

Momento de Sanar tu Lengua

El profeta Isaías nos ha provisto de un ejemplo sobre cómo sanar nuestra lengua. Isaías se acercó al Señor y le pidió una visión de la santidad de Dios. ...vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime” (Isaías 6:1). 

Todo aquél que desee tener una vida grata delante del Señor, deberá constantemente acudir a Su presencia hasta obtener una visión de la santidad de Dios. La plenitud de su santidad, las verdaderas bendiciones, todas las victorias, empiezan en Su trono. ¡Es allí donde nosotros vemos a Dios en Su santidad!

Ante la santa presencia de Dios, Isaías se convenció plenamente de que sus labios eran impíos: Entonces dije: ¡Ay de mí que soy muerto!, porque siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. (Isaías 6:5).

¿Por qué Isaías exclamó, “siendo hombre inmundo de labios”? ¡Porque él había visto al Rey de gloria! Nuestras transgresiones llegan a ser excesivamente pecaminosas cuando estamos en la presencia de Dios. ¡La luz de Su rostro santo expone todo lo que es opuesto a Él!

Isaías le permitió al Señor que lo tocara y lo limpiara con Su fuego santo. Y voló hacia mí uno de los serafines, trayendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas. Tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa y limpio tu pecado (Isaías 6:6-7).

¡La Palabra de Dios es el carbón encendido y el Espíritu Santo es su fuego! Ahora mismo, a través de este mensaje, tú has sido tocado por el Espíritu Santo. Dios quiere poner fuego en tu lengua para santificarla.

 ¡Él puede hacer esto por ti si dejas que Su Palabra te convenza! Él es el único que puede hacerlo. Lo que te corresponde a ti hacer es simplemente confesar, como Isaías lo hizo, “¡Ay de mí que soy muerto!”

Permite que esta palabra toque directamente tu corazón y lo limpie con su fuego. Confiesa, “Sí, soy yo, Señor! ¡No dejaré pasar esta palabra! Limpia mis labios y mi lengua. ¡Limpia mi boca y mi corazón!” No te olvides que la palabra dice que todo lo que digas, creyendo, te será hecho. ¿Y sabes qué? Cuando la Biblia dice todo, quiere decir específica y puntualmente eso: todo.

10/15/2016

En el Centro de la Tempestad

(Marcos 4: 37) = Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba.

Algunas de las tempestades de la vida ocurren rápidamente: una gran aflicción, un disgusto desagradable, una derrota aplastante. Otras vienen paulatinamente. Aparecen sobre los bordes andrajosos del horizonte con un tamaño inferior al de la mano de un hombre, pero la opresión que parece tan insignificante se extiende hasta llegar a cubrir el cielo y abrumar a quien lo padezca.

Sin embargo, en la tempestad es donde Dios nos equipa para el servicio. Cuando Dios desea un roble, Él lo planta en un lugar donde las tormentas lo castigan y la lluvia cae sobre él, y es en medio de la batalla con los elementos donde el roble gana sus fuertes y magníficas fibras y se convierte en el rey del bosque.

Cuando Dios quiere hacer un hombre, Él lo coloca en medio de alguna tormenta. La historia del género humano siempre es brusca y tempestuosa. Ningún hombre se ha formado por completo hasta que no se ha sumergido en el fondo de la tormenta y ha hallado el cumplimiento sublime de la oración: Oh Dios, tómame, quebrántame, hazme.

Un francés pintó un cuadro de un genio universal. En él aparecen oradores, filósofos y mártires; es decir, todos aquellos que han hecho algo prominente en alguna fase de la vida. El hecho extraordinario en el cuadro es este: que todo hombre que es prominente por su habilidad, ha sido primero prominente en el sufrimiento.

En el primer plano está el hombre a quien se le negó la tierra prometida, Moisés. A su lado hay otro sintiendo su camino –el ciego Homero-. Milton está allí ciego y descorazonado. También hay la figura de uno que se eleva sobre todos los demás. ¿Cuál es su característica? Su Rostro está desfigurado más que el de ningún otro hombre. El artista podía muy bien haber escrito debajo de aquel gran cuadro, “La Tempestad”.

La belleza de la naturaleza se produce después de la tempestad. La belleza abrupta de la montaña, nace de la tormenta, y los héroes de la vida son aquellos que llevan las señales de la batalla y han sido limpiados por la tormenta. Tú has estado entre las tempestades y has sido tocado por los vientos. ¿Te han dejado quebrantado, fatigado y golpeado en el valle, o te han elevado a las cumbres solares de una visibilidad más rica, más profunda y más estable?

10/11/2016

Es Dios Quien Fortalece tu Autoestima


(Hageo 1: 12) = Y oyó Zorobabel hijo de Salatiel, y Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y todo el resto del pueblo, la voz de Jehová su Dios, y las palabras del profeta Hageo, como le había enviado Jehová su Dios; y temió el pueblo delante de Jehová.

(Verso 14) = Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios.

Los israelitas se dieron cuenta de que estaban enfocados en sus propios intereses y regresaron a reconstruir el templo. Ellos acudieron al lugar donde deberían de estar - ¡Construyendo lo que llamarían la casa de Dios! Ellos se pararon frente a los cimientos del templo y observaron cómo las murallas empezaban a edificarse.

Pero algo estaba mal pues ¡Muchos de los ancianos empezaron a sollozar! ¿Por qué? Porque hacía sesenta y ocho años, ellos habían visto el esplendor del templo de Salomón y el templo actual no le llegaba a la medida. ¡Este último no era nada! La gente empezó a hablar de la pasada gloria diciendo, “Este templo no tiene arca, ni propiciatorio o querubín.

No hay fuego consumidor en el altar, ni shekinah cayendo gloriosamente sobre la casa. Después de todo nuestro trabajo, de todo nuestro sacrificio y obediencia, de haber puesto los intereses de Dios primero, simplemente ¡este templo no está a la altura! Éste no se compara al que vimos con anterioridad. ¿Por qué seguimos luchando, por qué seguimos en esto cuando vemos pocos resultados ante lo mucho que hemos hecho?”

¡Hoy día, un ejército del pueblo de Dios se está dando por vencido porque piensan que nunca estarán a la altura! Como los israelitas, ellos han regresado al Señor, lo han puesto a Él como su prioridad, buscan Su voluntad, construyen Su casa, que en este caso ya no es de mampostería ni física.

Pero cuando observan sus vidas, ellos dicen, “¡Después de todas mis luchas tengo muy poco qué mostrar! Poseo muy poco de la santidad de Dios, muy poco de su gloria en mi vida. Comparado con otros cristianos, yo nunca llegaré a su altura. Entonces, ¿para qué seguir luchando? Nunca obtendré la victoria.”

Estoy convencido que ésta es la razón por la que muchos cristianos se dan por vencidos en la batalla. ¡Ellos se comparan con otros creyentes y se desaniman porque se sienten inferiores! Si tú solamente eres honesto con Dios y no tratas de medirte a tí mismo con base en el desempeño de otras personas sino en tu amor por Jesús, tú puedes estar seguro que estás creciendo,  ¡Y ¡Dios promete que estará contigo!

Amado hermano o hermana, tú puedes tomar nota de esto, porque es Dios quien te lo promete. Desde el preciso momento en que tú te vuelves a enfocar en construir el cuerpo de Cristo, dejando atrás el compararte con otros, haciendo a un lado tus caminos egoístas, y permites que Él se convierta en tu todo, tú empezarás a ver Sus múltiples bendiciones. ¡Tú literalmente puedes tomar nota de esto! ¡Tú sabrás que Él te está favoreciendo, sonriéndote, regocijándose en ti!

Crucificar nuestra carne para servir más y mejor es humillarse ante la santa presencia de Dios, pero jamás declinar fortalecer el aprecio que debemos sentir por nosotros mismos como creación suprema de Él. Tú no tienes que ir a ningún psicólogo para elevar tu alicaída auto-estima, tú sólo tienes que ser obediente, humilde, fiel e íntegro con Él, y Él hará que tu auto-estima se eleve como sólo las águilas pueden hacerlo.

10/07/2016

Cuando se Demoran las Respuestas

 (Génesis 26: 24) = Y se le apareció Jehová aquella noche, y le dijo: Yo Soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y yo bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham mi siervo.

Apareció la misma noche, la noche en que fue a Beer-Sheba. ¿Crees que esta revelación fue una casualidad? ¿Crees que el tiempo en que ocurrió también lo fue? ¿Crees que podría haber acontecido en otra noche cualquiera lo mismo que en esta?

Si es así, has cometido una falta de gran gravedad. ¿Por qué le aconteció a Isaac en la noche en que llegó a Beer-Sheba? Porque fue en la noche en que halló descanso. En su antigua localidad había estado atormentado. Hubo una serie de riñas pequeñas sobre la posesión de ciertos pozos mezquinos.

No hay molestias tan grandes como las pequeñas inquietudes, especialmente si existe una acumulación de ellas. Isaac se dio cuenta de esto. Aún después de haber pasado la contienda, el lugar dejó un recuerdo desagradable. Él decidió marcharse. Buscó un cambio de escena.

Él quitó su tienda del sitio en que tuvo lugar la contienda. Aquella misma noche tuvo la revelación. Dios le habló cuando no tenía ninguna tormenta interior. Él no podía hablar cuando tenía la mente irritada. Su voz reclama el silencio del alma. Solamente en el silencio del espíritu fue como Isaac pudo oír el susurro de la voz de Dios. Su noche silenciosa, fue su noche estrellada.

Alma mía, ¿Has pensado sobre las palabras, “Está quieto y conoce?” En la hora de la perturbación no puedes oír la contestación a tus oraciones. ¡Con cuanta frecuenta te ha parecido que la respuesta la has recibido mucho después! El corazón no obtiene respuesta en el momento de su clamor, de su trueno, de su temblor de tierra y de su fuego.

Pero cuando cesa el clamor, cuando viene la calma, cuando tu mano deja de llamar en la puerta de hierro, cuando tu interés por las vidas de otros rompe la tragedia de la tuya, entonces aparece la respuesta tan retardada. Tú debes tener paz si quieres obtener el deseo de tu corazón.

La pulsación de tus necesidades también debe no alterarse. Esconde la tempestad de tu turbación personal detrás del altar de una tribulación común y esa misma noche el Señor se te aparecerá. El arco iris se extenderá por el lugar de la inundación calmada, y en tu quietud oirás la música eterna.

Y nunca jamás te olvides de esto que estás leyendo hoy y que puede cambiar para siempre tu vida: las lecciones más grandes que recibimos, no son las que aprendemos en los colegios o en las universidades, sino las que nos llegan en el silencio del alma, en la presencia rotunda de Dios.

10/03/2016

Sólo Debo Decirte: ¡Detente!

Pero yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio, pues por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado (Mateo 12:36-37).

A veces parece que pensamos que las palabras que pronunciamos simplemente caen al vacío y mueren, o se desvanecen en el aire, o se convierten en nada. Que son algo así como burbujas de jabón que se diluyen en el aire. Pero, ¡no! Nuestras palabras perduran - ¡ellas no mueren!

Tú puedes decir, “Pero yo solamente dije este chisme a un amigo y él prometió no mencionárselo a nadie. Con él terminó.” No, ¡eso no sucederá! Cada palabra que usted y yo pronunciamos está grabada, escrita en la eternidad, y nosotros las escucharemos todas repetirse en el día del juicio.

Un viejo predicador solía decir, a modo de broma, que cuando fuéramos a la presencia del Señor en el día postrero, (Tanto en el individual como el masivo), cada palabra ociosa que hubiera salido de nuestra boca, sería propalada por gigantescos baffles que retumbarían en todo el cielo.

Recuerdo haber experimentado una profunda convicción tras una conversación con un amigo acerca de un chisme. Lo que dije fue cierto. Se trataba de una situación moral que tuve que manejar referente a un ministro. Su nombre fue pronunciado en la conversación y yo dije, “No confíes en él. ¡Yo sé algo acerca de él!”

En el momento en que yo pronuncié eso, me sentí condenado. El Espíritu Santo me susurró al oído, “¡Detente aquí! Nadie necesita saber de esto. No digas más porque no hay ningún propósito detrás. A pesar de que es verdad, ¡no lo repitas!”

Lo que yo había dicho era ya suficientemente negativo. Pero cuando saqué todos los detalles, yo supe que ¡debí de haberme quedado callado! Me encontraba profundamente convencido por el Espíritu Santo. Así que más tarde le hablé a mi amigo y le dije, “Lo siento, fue un chisme. Estaba fuera de control. Por favor no lo repitas. Intenta no pensar al respecto.”

¿Acaso mi pecado es cubierto por la sangre de Jesús? Sí, porque yo reconozco completamente que he pecado y le he permitido al Espíritu Santo mostrarme parte del orgullo legalista que aún habita en mi. ¡Le permití que me humillara y me sanara! Hoy, cada vez que voy a decir algo en contra de alguien, obedezco al Espíritu Santo en cuanto lo escucho decirme alto y claramente, “¡Detente!”