5/30/2012

Modelo


Cuando Jesús habla de la paz y nos sugiere que no la busquemos a la manera que el mundo la da, Él  nos da más de una razón por la cual necesitamos Su paz. Cristo les dijo a sus discípulos, en Juan 14:30: Viene el príncipe de este mundo. ¿Cuál era el contexto de esta declaración? Él acababa de decirle a los doce: No hablaré ya mucho con vosotros. Luego, explicó el por qué: “Porque viene el príncipe de este mundo”. Jesús sabía que Satanás estaba ocupado en aquella misma hora. El diablo ya había enlistado a Judas para que lo traicionara. Y Cristo sabía que la jerarquía religiosa en Jerusalén estaba siendo fortalecida por los principados del infierno. Él también era consciente de que una multitud inspirada por el diablo vendría muy pronto para llevarlo prisionero. Ahí es cuando Jesús les dice a los discípulos: “Satanás, el maligno, viene. Así que, ya no les seguiré hablando más”. Jesús sabía que necesitaba tener un tiempo con el Padre para prepararse para el conflicto que enfrentaría. Él estaba a punto de ser puesto en manos de hombres malvados, tal como Él mismo lo había dicho. Y sabía que Satanás estaba haciendo todo lo posible para estremecer su paz. El diablo habría de acosarlo e intentaría desalentarlo, todo ello, en un esfuerzo por quebrantar la fe de Cristo en el Padre, cualquier cosa con tal de que Él no vaya a la Cruz. Puede ser que tú, hoy, te encuentres confundido, pensando: “Todo terminó, no lo voy a lograr. Esto es imposible para mí”. Pero Jesús dice: “Yo sé lo que estás pasando. Ven y bebe de mi paz”. Ahora mismo, tú puedes estar atravesando el tiempo más difícil que hayas enfrentado. Tu vida puede estar en juego y todo parece carecer de esperanza. Pareciera no haber escapatoria para ti y cada puerta que tú abres te llena de más tensión, confusión y cansancio. No interesa lo que tú estés pasando. Tu vida puede parecer haber sido devastada por un tornado. Puedes estar soportando pruebas que hacen que otros te vean como un Job moderno. Pero en medio de tus pruebas, cuando clames al Espíritu Santo para que te bautice en la paz de Cristo, Él lo hará. La gente, entonces, te señalará y dirá: “El mundo de aquel hombre se ha hecho pedazos, sin embargo él ha determinado confiar en la Palabra de Dios, viva o muera. ¿Cómo puede hacerlo? ¿Cómo puede continuar? El debiera haberse rendido hace mucho tiempo, pero no lo ha hecho. Y a lo largo de todo, no ha cedido ninguno de sus principios. ¡Qué asombrosa paz! Está más allá del entendimiento”. Y tú pasarás de pronto a ser un gran referente para otros cuando, hasta hace nada más que un instante, pensabas que eras la última resaca del basurero. ¿Te das cuenta cómo en la mente de Dios caminan otra clase de pensamientos que en la nuestra?

5/28/2012

Frescura


En Hechos 27, Pablo estaba en un barco navegando hacia Roma cuando el navío llegó a Sidón. Pablo le pidió permiso al centurión que estaba a cargo, para visitar a algunos amigos en la ciudad, y Julio, tratando humanamente a Pablo, le permitió que fuese a  los amigos, para ser atendido por ellos (Hechos 27:3). Esta es otra instancia en que Dios usa a creyentes para refrescar a otros creyentes. Vemos esto también en 2 Timoteo, donde Pablo escribe de cierto creyente: Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas, sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló… Y cuánto nos ayudó en Éfeso, tú lo sabes mejor (2 Timoteo 1:16-18). Onesíforo era uno de los hijos espirituales de Pablo y él amaba a Pablo profundamente e incondicionalmente, y lo buscó mientras estaba sufriendo cuando Pablo estaba encarcelado. Onesíforo fue por la ciudad buscándolo hasta que lo encontró. Su motivación era simple, “Mi hermano está sufriendo. Él ha pasado por los terrores del naufragio, y ahora él está siendo abofeteado por Satanás. Tengo que ayudarlo” El ministerio de refrescar, claramente incluye buscar a aquellos que están sufriendo. Escuchamos mucho hablar sobre el poder en la iglesia estos días: poder para sanar enfermos, poder para ganar a los perdidos, poder para vencer al pecado. Pero yo digo que hay un gran poder sanador que fluye de una persona refrescada y renovada. La depresión, angustia mental, o un espíritu abatido pueden causar un sinnúmero de enfermedades físicas, pero un espíritu que es refrescado y animado – uno al que se lo ha hecho sentir aceptado, amado y necesitado – es el ungüento sanador que más se necesita. Encontramos este ministerio de refrescar en el Antiguo Testamento también. Cuando David estaba siendo perseguido por el Rey Saúl, él estaba exhausto y dolido, forzado a huir día y noche. Durante ese tiempo él se sintió rechazado por los líderes de Dios y por el pueblo de Dios. Pero, en un momento crucial, Jonatán el amigo de David, vino a él: Entonces se levantó Jonatán hijo de Saúl y vino a David…y fortaleció su mano en Dios. Y le dijo: No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré tu segundo después de ti (1 Samuel 23:16-17). Eso era todo lo que David necesitaba escuchar e inmediatamente su espíritu fue renovado para continuar. Vemos este ejemplo una y otra vez en las escrituras: Dios no envía a un ángel o una visión, sino a un hermano creyente para refrescar a sus amados. La pregunta clave, es: ¿Estamos haciendo eso, nosotros, como la iglesia de Jesucristo que decimos ser? Olvídate de las congregaciones y de todo lo que hayas visto u oído sobre muchas de ellas, sólo piensa en ti. Tú eres iglesia. ¿Inviertes parte de tu tiempo procurando refrescar espiritualmente a quienes estén pasando por días de congoja o, tal como tantas veces lo he visto hacer, se lo envías a un pastor o a un templo para que otros lo hagan? Reflexiona: ¿Qué te gustaría que alguien hiciera contigo si estuvieras sufriendo? ¿Ya lo pensaste? ¿Ya tienes una respuesta? Muy bien: entonces haz eso que pensaste con los demás. Eso es, al menos en mínima parte, amar a tu prójimo como a ti mismo.

5/27/2012

Encadenados


Mientras Pablo tenía que enfrentarse a su juicio en Roma, él estaba detenido bajo condiciones horribles. Él estaba controlado todo el tiempo por guardias de la Guardia Pretoriana, sus pies encadenados a un soldado a cada lado de él. Estos hombres eran groseros, duros, maldiciendo frecuentemente. Ellos habían visto de todo, y en su línea de trabajo, cada persona encarcelada era un criminal culpable, incluyendo Pablo. Imagínate las indignidades que Pablo sufrió en esta situación. Él no tenía tiempo para sí, ni un momento de libertad. Cada visita de sus amigos era monitoreada de cerca, con los guardias tal vez ridiculizando las conversaciones de Pablo. Hubiera sido muy fácil para que la dignidad de ese hombre de Dios sea completamente despojada bajo esa clase de maltrato. Piensa en ello: Este era un hombre que había sido muy activo, amaba viajar por los caminos abiertos y los mares altos para conocer y tener comunión con el pueblo de Dios. La felicidad más grande de Pablo era visitar las iglesias que él había establecido en toda esa región del mundo. Pero ahora estaba encadenado, literalmente atado a los hombres más duros y profanos que existían. Pablo tenía dos opciones en su situación. Él podía caer en un estado mórbido, agrio, preguntándose la misma pregunta egoísta una y otra vez: “¿Por qué yo?” Él podría caer en un pozo de desesperación, razonando con sí mismo hasta llegar a una depresión sin esperanza, completamente consumido con el pensamiento, “Aquí estoy encadenado, con mi ministerio acabado mientras otros disfrutan de una cosecha de almas. ¿Por qué?” En lugar de eso, Pablo escogió preguntar, ¿Cómo puede mi situación presente traer gloria a Cristo? ¿Cómo puede mi aflicción producir grandes cosas buenas? Este siervo de Dios decidió: “No puedo cambiar mi situación. Yo puedo terminar muerto en esta condición. Pero, sé que mis pasos están ordenados por el Señor. Así que yo voy a magnificar a Cristo y a ser un testimonio para todo el mundo mientras estoy en éstas cadenas.” Ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte (Filipenses 1:20). La actitud de Pablo demuestra la única manera en que podemos ser emancipados de nuestro pozo oscuro de infelicidad y preocupación. Observa si te es posible malgastar todos tus mañanas esperando ansiosamente ser liberado de tus sufrimientos. Si ese llega a ser nuestro enfoque, perderemos completamente el milagro y felicidad de ser emancipados en nuestra prueba. Considera la declaración de Pablo: Quiero que sepáis hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio (Filipenses 1:12). Pablo está diciendo, “No sientan pena por mí ni piensen que estoy desanimado sobre mi futuro. Y por favor no digan que mi trabajo se ha terminado. Sí, estoy en cadenas y sufriendo, pero el evangelio se está predicando a través de todo.” Hay algunas diferencias entre este concepto de iglesia al que normalmente vemos a nuestro alrededor, ¿Verdad? Que no sirva para criticar  lo presente, sino para tomar base en lo pasado.

5/25/2012

Actitudes


Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! (Filipenses 4:4) Estas son las palabras finales de Pablo a los Filipenses. Él no estaba diciendo, “Estoy en prisión y éstas cadenas son una bendición. Estoy tan contento de este dolor”. Yo estoy convencido de que Pablo oró diariamente por su liberación y que a veces clamaba por fortaleza para soportar. Aún Jesús en su hora de aflicción y dolor, clamó al Padre, “¿Por qué me has abandonado?” Este es nuestro primer impulso en nuestras aflicciones, clamar y preguntar, “¿Por qué?” Y el Señor es paciente con ese clamor. Pero Dios también ha provisto para que nuestras preguntas de ¿Y si…? y los ¿Por qué? puedan ser respondidas por su Palabra. Pablo escribe, Sabiendo que estoy puesto para defensa del evangelio…Cristo es anunciado; y en esto me gozo y me gozaré siempre. (Filipenses 1:17-18) Él nos está diciendo, en otras palabras, “Estoy determinado a que la Palabra de Dios sea validada por la manera en que yo reacciono a esta aflicción. Yo me he propuesto que no voy a traer vergüenza al evangelio ni hacerlo parecer sin poder.” El mensaje que yo escucho a través de Pablo y de Abraham es éste: No tenemos que hacer algo grande para el Señor. Tan solo tenemos que confiar en él. Nuestro rol es colocar nuestras vidas en las manos de Dios y creer que Él cuidará de nosotros. Si nosotros simplemente hacemos eso, su evangelio estará siendo predicado, no importa cuál sea nuestra circunstancia. Y Cristo será revelado en nosotros especialmente en nuestras circunstancias difíciles. Un anciano de dijo una vez, “La manera en que un hombre de Dios responde a los momentos difíciles, es un testimonio para mí”. Lo que ese anciano no se dio cuenta es que su vida era un sermón para cualquier mediano hombre de Dios. Él vivía con un dolor crónico que sólo le permitía dormir unas pocas horas cada noche. A pesar de su dolor atroz, su devoción al Señor era un testimonio para todos los que lo conocían. Su vida predica a Cristo tan poderosamente como cualquiera de los sermones de Pablo. Así que,  ¿Está Cristo siendo predicado durante el tiempo difícil que tú estás pasando? ¿Ve tu familia que el evangelio está trabajando en ti?  O sólo ven pánico, desesperación e incertidumbre de las fidelidades de Dios? ¿Cómo estás tú respondiendo a tu aflicción?

5/23/2012

Logros


¿Te asombraría saber que Jesús experimentó el sentimiento de haber logrado poco? En Isaías 49:4 leemos estas palabras: Pero yo dije: Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas… Nota que estas no son las palabras de Isaías, quien fue llamado por Dios cuando ya era maduro de edad. No, estas son las propias palabras de Cristo, habladas por Aquel llamado…desde el vientre, desde las entrañas de mi madre…El Señor…me formó desde el vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob, (y para congregarle a Israel) (49:1, 5) Cuando llegué a este mensaje, un mensaje que había leído muchas veces antes, mi corazón quedó en asombro. Difícilmente podía creer lo que estaba leyendo. Las palabras de Jesús aquí sobre “trabajar en vano” fueron una respuesta al Padre quien acababa de declarar Mi siervo eres…en quien me gloriaré (49:3). Leemos la respuesta asombrosa de Jesús en el verso que sigue: Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas (49:4) Después de haber leído esto, me puse de pié y dije: “Qué maravilloso. No puedo casi creer que Cristo fuera así de vulnerable, confesando al Padre que estaba experimentando lo que nosotros los humanos enfrentamos. En su humanidad, él probó el mismo descorazonamiento, el mismo abatimiento, las mismas heridas. Él estaba teniendo los mismos pensamientos que yo he tenido sobre  mi propia vida: ‘Esto no es lo que yo había percibido que fue prometido. Malgasté mis fuerzas. Todo ha sido en vano.” Leyendo esos versos me hizo que amara mucho más a Jesús. Me di cuenta de que Hebreos 4:15 no es tan sólo un cliché: nuestro Salvador verdaderamente es tocado cuando siente nuestras debilidades, y fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Él había conocido estas mismas tentaciones de Satanás, y había escuchado la misma voz acusadora: “Tu misión no ha sido completada. Tu vida ha sido un fracaso. Todo tu trabajo de nada ha servido.” Cristo vino al mundo para realizar la voluntad de Dios de reavivar a Israel. Y él hizo lo que se le había encomendado. Pero Israel lo rechazó: A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron (Juan 1:11). ¿Por qué Jesús, o cualquier hombre o mujer de Dios, hablaría palabras tan desesperadas cómo éstas?: “he trabajado en vano” ¿Cómo podría el Hijo de Dios decir tal cosa? ¿Y por qué ha habido generaciones de creyentes fieles que han sido reducidos a estas palabras abatidas?  Es el resultado de medir los resultados pequeños contra las expectaciones altas. Tú puedes pensar, “Este mensaje parece que sólo se aplica a ministros, o es para los llamados a hacer un gran trabajo para Dios. Me parece que está dirigido a misioneros o a profetas de la Biblia. Pero ¿qué tiene que ver conmigo?” La verdad es, que todos somos llamados a un propósito grandioso y común para todos, y a un ministerio: y es, ser como Jesús. Somos llamados a crecer en su imagen, a ser cambiados en su imagen expresada. Ahora ya lo sabes. Cuando sientas que no has logrado nada, estarás más cerca de ser un genuino Hijo de Dios.


5/21/2012

Incertidumbres


Jesús nos llama a una manera de vivir que no da lugar a preocupación por el mañana y pone nuestro futuro completamente en sus manos: No os angustiéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?, porque los gentiles se angustian por todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas. Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que no os angustiéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia preocupación (Mateo 6:31-34) Jesús no quiere decir que no debemos planear o hacer nada sobre nuestro futuro. En lugar de eso, está diciendo: “No estés ansioso o perturbado por tu futuro.” Si lo pensamos bien, la mayoría de nuestras ansiedades son sobre lo que pudiera ocurrir mañana. Constantemente estamos acosados por dos pequeñas palabras: ¿Y si? ¿Y si la economía falla, y pierdo mi trabajo? ¿Cómo pagaré mi hipoteca? ¿Cómo sobrevivirá mi familia? ¿Y si pierdo mi obra social médica? Si me enfermo y tengo que ir al hospital, estaremos arruinados. ¿Y si mi fe falla durante las pruebas? Todos tenemos miles de ansiedades “¿y si?”. Jesús interrumpe nuestros ¿y si? Y nos dice, “Vuestro Padre celestial sabe cómo cuidarlos” Y él añade, No necesitas preocuparte. Tu Padre sabe que tienes necesidad de estas cosas y él nunca te abandonará. Él es fiel para alimentarte, para vestirte y para suplir todas tus necesidades. Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta…Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan…ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si la hierba del campo, que hoy es y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe? (Mateo 6:26, 28-30). Con mucho gusto le damos al Señor todos nuestros ayeres, entregándole nuestros pecados pasados. Confiamos en él para el perdón de todas nuestras fallas pasadas, nuestras dudas y miedos. Así que, ¿Por qué no hacemos lo mismo con nuestros mañanas? La verdad es que la mayoría de nosotros nos aferramos a nuestro futuro, porque queremos el derecho a mantener nuestros sueños. Hacemos nuestros planes independientemente de Dios, y después le pedimos que bendiga y realice esas esperanzas y sueños. Ya lo hemos visto: no funciona así. ¿Será este el día en que nos atreveremos a cambiar de manera de pensar, para así definitivamente empezar a cambiar de manera de vivir?

5/20/2012

Clamor


Frecuentemente mucha gente se contacta conmigo y me dice: “No tengo a nadie con quien hablar, a nadie con quien compartir mi carga, a nadie que tenga tiempo para escuchar mi clamor. Necesito a alguien a quien le pueda abrir mi corazón”. El rey David estaba constantemente rodeado por personas. Estaba casado y siempre había alguien a su lado. Aun así, escuchábamos el mismo clamor de él: A quien iré. Está en nuestra naturaleza, el necesitar a otro ser humano, con rostro, ojos y oídos, que nos escuche y nos aconseje. Cuando Job estuvo abrumado por sus problemas, clamó con pena, ¡Quién me diera quien me oyese! (Job 31:35). Él pronunció este grito mientras estaba sentado con quienes decían llamarse sus amigos. Aquellos amigos no tenían compasión por sus problemas; de hecho, eran mensajeros de la desesperanza. Job sólo acudió al Señor: Mas he aquí que en los cielos está mi testigo, y mi testimonio en las alturas… Más ante Dios derramaré mis lágrimas (Job 16:19-20). David le dice al pueblo de Dios que haga lo mismo: Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio (Salmos 62:8). Eventualmente, el sufrimiento nos llega a todos nosotros, y ahora mismo, multitudes de creyentes están encadenados por aflicciones. Sus circunstancias han tornado su gozo en sentimientos de impotencia e inutilidad. Muchos se preguntan en su dolor, “¿Por qué me está pasando esto? ¿Está Dios enojado conmigo? ¿Qué he hecho mal? ¿Por qué no responde mis oraciones? Yo creo en mi corazón, que esta palabra es una invitación del Espíritu Santo para que tú encuentres un lugar privado, en donde puedas frecuentemente derramar tu alma al Señor. David “derramó sus quejas”, y tú también puedes hacerlo. Puedes hablarle a Jesús acerca de todo: Tus problemas, tus pruebas presentes, tu economía, tu salud, y decirle cuán abrumado estás, inclusive cuán desalentado te sientes. Él te escuchará con amor y simpatía, y no menospreciará tu clamor. Dios le respondió a David; le respondió a Job. Y por siglos ha respondido el clamor de todos aquéllos que han confiado en sus promesas. Él ha prometido escucharlo y guiarlo. Él ha prometido por juramento que será tu fuerza, así que tú puedes ir a Él y salir renovado.

5/18/2012

Gloria


¿Cuántas veces te han predicado o enseñado versículos y mensajes sobre la gloria? ¿Cuántas veces dijiste amén pero no terminaste de entender qué cosa en realidad es esa gloria de la que te predican y enseñan? Es tiempo de que los creyentes maduren y sepan de qué hablan cuando hablan. El que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él (Juan 14:21).  - Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros…la gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad (Juan 17:21-23. Échale otro vistazo al versículo. Jesús está diciendo, en esencia: “La gloria que me diste, Padre, se la he dado a ellos”. Cristo hace una increíble declaración acá. Está diciendo que nos ha sido dada la misma gloria que el Padre le dio a Él. ¡Qué pensamiento tan impresionante! Pero, ¿cuál es esta gloria que fue dada a Cristo y cómo pueden nuestras vidas revelar dicha gloria? No se trata de un aura o una emoción; sino de ¡Un acceso sin impedimentos al Padre Celestial! Jesús nos dio un fácil acceso al Padre, abriéndonos una puerta por la Cruz: Porque por medio de él [Cristo] los unos y los otros [nosotros y los que están fuera] tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre (Efesios 2:18). La palabra “entrada” significa el derecho de entrar. Significa un pasaje libre y también fácil de acercarse: En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él (Efesios 3:12). ¿Ves lo que Pablo dice? Por fe, hemos alcanzado un lugar de acceso ilimitado a Dios. No somos como Ester en el Antiguo Testamento. Ella tenía que esperar la señal del rey antes de poder acercarse al trono. Sólo después que el rey extendiera su cetro, es que Ester podía acercarse. En contraste, tú y yo ya nos encontramos en la presencia del Rey. Y tenemos el derecho y el privilegio de hablar con Él en cualquier momento. De hecho, estamos invitados a hacerle cualquier petición: Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16). Cuando Cristo ministró en la Tierra, Él no tenía que escabullirse hacia la oración para obtener la mente del Padre. Él dijo: No puedo hacer nada por mí mismo, sino lo que veo hacer al Padre (ver Juan 5:19). Hoy, el mismo grado de acceso al Padre que tenía Cristo, nos ha sido dado. Tú dirás: “Un momento, ¿Yo tengo igual acceso al Padre que Jesús?”. No te equivoques. Como Jesús, nosotros debemos orar con frecuencia y fervor, buscando a Dios, esperando en el Señor. No tenemos que escabullirnos para rogarle a Dios por fuerza y dirección, porque su mismo Espíritu vive en nosotros. Y el Espíritu Santo nos revela la mente y la voluntad del Padre.

5/16/2012

Rostro


Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré (Salmos 27:4). El rey David sabía que tenía que haber más en el conocer a Dios; él sentía que había algo del Señor que él no había obtenido y no descansaría hasta encontrarlo. Él dijo, en resumen: “Hay una hermosura, una gloria, una emoción respecto al Señor que yo aún no he visto en mi vida. Quiero saber lo que se siente al tener una comunión sin interrupciones con mi Dios. Quiero que mi vida sea una oración viviente. Sólo así me visualizo por el resto de mis días”. El rostro de Dios es su semejanza, su reflejo. Al responder el clamor del corazón de David por tener intimidad con Él, Dios dijo: Buscad mi rostro (Salmos 27:8). La respuesta de David fue: “Señor, cuando tú dijiste que busque tu rostro, la respuesta en mi corazón salto inmediatamente”. Mi corazón ha dicho…Tu rostro buscaré, oh Jehová (Salmos 27:8). En respuesta, el Señor le reveló a David cómo satisfacer sus anhelos: reflejando a Dios en su propia vida, Él estaba instruyendo a David de esta manera: “Aprende de mí. Escudriña mi Palabra y pide entendimiento por el Espíritu, para que seas como yo. Quiero que tu vida refleje mi belleza al mundo”. Esto no se trataba de un simple llamado a la oración; David ya había estado orando siete veces al día. De hecho, las oraciones de David fueron las que crearon en él, esta pasión por conocer al Señor. ¡No! Este era un llamado de Dios a tener hambre de un estilo de vida que refleje completamente quién es Jesús. Observa, en el Calvario, Dios tomó un rostro humano. Jesús vino a la tierra como hombre, Dios en carne. Y lo hizo para poder sentir nuestro dolor, ser tentado y probado, tal como nosotros, y mostrárselo al Padre. Las Escrituras llaman a Jesús, la imagen misma (significa exacta semejanza) de Dios. Él es la misma imagen de la sustancia de Dios Padre (ver Hebreos 1:3), el mismo “acuñado”. En resumen, Él es “igual” que el Padre en todo sentido. Hasta el día de hoy, Jesucristo es el rostro, o, la idéntica semejanza de Dios en la Tierra. Y a causa de Él, tenemos comunión ininterrumpida con el Padre. A través de la Cruz, tenemos el privilegio de “ver su rostro”, de tocarlo. Podemos vivir como Él vivió, testificando: “Yo no hago nada sino lo que veo y oigo del Señor”. Hoy, cuando Dios dice: Buscad mi rostro, sus palabras tienen una mayor implicación que en cualquier otro momento de la historia. Con todo lo que está sucediendo en el mundo alrededor nuestro, ¿Cómo debemos responder? Cuando David fue rodeado por una hueste de idólatras, Dios dijo: “Busca mi rostro”. Y lo hacemos con un propósito: ¡Que podamos ser más como Él! Que nos convirtamos en su imagen misma, para que todos lo que buscan al verdadero Cristo, lo vean en nosotros. ¿Nunca lo habías visto así? ¡Gloria a Dios porque hoy has podido verlo! Un miércoles 16 de Mayo de 2012 es un excelente día para comenzar a vivirlo.

5/14/2012

Misericordias


En la antigua Israel, el arca del pacto representaba la misericordia de Jehová, una poderosa verdad que posteriormente fue personificada por Jesús. Debemos recibir su misericordia, confiando en la sangre salvadora de su misericordia y ser salvos por toda la eternidad. Es decir, tú puedes ridiculizar la ley, burlarte de la santidad de Dios y echar por tierra todo lo que Dios hable. Pero cuando tú te burlas o ridiculizas la misericordia de Dios, el juicio viene, y muy pronto. Si tú pisoteas su sangre misericordiosa, enfrentas su horrenda ira. Eso es exactamente lo que les sucedió a los filisteos cuando robaron el arca. Una destrucción mortal vino sobre ellos hasta que tuvieron que admitir: “Esto no es simple casualidad o coincidencia. La mano de Dios está claramente en contra nuestra”. Considera lo que sucedió cuando fue llevada al templo pagano de Dagón, para burlarse y desafiar al Dios de Israel. En medio de la noche, el lugar de misericordia que era el arca, se convirtió en una vara de juicio. Al día siguiente, Dagón, el ídolo, fue hallado derribado rostro a tierra delante del arca, decapitado y cortadas sus manos. Hermanos, hermanas, así es como deberían estar las naciones. Hace mucho tiempo que deberíamos haber sido juzgados. A todos los que se burlan y desafían la misericordia de Dios, les digo: “Sigan, traten con todas su fuerzas de traer a la iglesia de Cristo bajo el poder del secularismo o el agnosticismo. Pero si se burlan de la misericordia de Cristo, Dios echará todo poder y autoridad que tengan, al suelo. Jeremías dijo: Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias (Lamentaciones 3:22). Sin embargo, cuando los hombres hacen burla de tan grande misericordia, que es Cristo, el juicio es seguro. Es sólo a causa de la misericordia del Señor que el juicio tarda. Y ahora mismo, muchas naciones se están beneficiando de dicha misericordia. Increíblemente, no son pocos los países que se encuentran en una carrera loca e inconsciente, para eliminar a Dios y a Cristo de la sociedad. No obstante el Señor no va a ser burlado; sus misericordias son para siempre, y Él ama a las naciones. Yo creo que por ello es que Él sigue derramando sus bendiciones sobre nosotros. Su deseo es que dicha bondad nos lleve al arrepentimiento. No debemos desesperarnos a causa de la situación actual del mundo, las naciones y sus crisis económicas, sociales, culturales o bélicas. Nos duele la horrenda corrupción, burla y pecado, pero tenemos esperanza, sabiendo que Dios está en control completo. Sabemos que las misericordias de Dios son para siempre.

5/11/2012

Pertenencia


Recuerdo que en la que fuera mi última congregación, perteneciente a una denominación bastante conservadora y ortodoxa, se hablaba muy poco de Satanás, sus demonios y de guerra espiritual. Más bien se lo ignoraba bajo la supuesta cobertura de una palabra que dice que Al que está en Cristo, el maligno no le toca, lo cual es muy cierto. Tan cierto como lo es el verdadero significado de estar en Cristo, que una gran mayoría ignora. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo (Efesios 1:3). Pablo nos está diciendo: “Todos los que siguen a Jesús son bendecidos con bendiciones espirituales en los lugares celestiales, donde está Cristo”. ¡Qué increíble promesa para el pueblo de Dios! Esta promesa se convierte en meras palabras si no sabemos cuáles son estas bendiciones espirituales. ¿Cómo podemos disfrutar de las bendiciones que Dios nos ha prometido, si no las comprendemos? Pablo escribió esta epístola a los fieles en Cristo Jesús (Efesios 1:1). Estos creyentes estaban seguros de su salvación. Los efesios habían sido bien enseñados en el evangelio de Jesucristo y en la esperanza de la vida eterna. Ellos sabían quiénes eran en Cristo, y estaban seguros de su posición celestial en Él. Estos “fieles” entendieron completamente que Dios obró, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales (1:20). Ellos sabían que habían sido escogidos por Dios desde antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él (1:4). Ellos no dudaban el haber sido “adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo” (1:5). Dios los había traído a su familia, porque cuando oyeron la Palabra de Verdad, creyeron y confiaron en ella. Muchas personas, perdonadas, lavadas y redimidas viven en la miseria. Nunca tienen un sentido de estar llenos de Cristo. Por el contrario, pasan continuamente de cimas a valles, de alturas espirituales a llanuras depresivas. ¿Cómo puede ser esto posible? Es porque muchos nunca van más allá del Salvador crucificado para llegar al Señor resucitado que vive en gloria. Jesús les dijo a sus discípulos: Porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros (Juan 14:19-20). Ahora nos encontramos viviendo en “aquel día” del cual Jesús hablaba y debemos entender nuestra posición celestial en Cristo. ¿Qué implica la expresión: “nuestra posición en Cristo”? La posición es “donde uno se encuentra, donde uno está”. Dios nos ha puesto donde estamos, o sea, en Cristo. A cambio, Cristo está en el Padre, sentado a su diestra. Allí, si estamos en Cristo, entonces estamos literalmente sentados con Jesús en el aposento real, donde Él está. Eso quiere decir que estamos sentados en la presencia del Altísimo. A esto se refería Pablo cuando dice que nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús (Efesios 2:6). Sí, Jesús estáá en el paraíso. Pero el Señor también mora en ti y en míÉl nos ha hecho su templo en la Tierra, su morada.


5/09/2012

Recordando


Es sumamente llamativa la cantidad de veces que la expresión “recordad”, proveniente de los labios de Dios, está en la Biblia. ¿Necesita, verdaderamente, el Dios de todo poder que seamos nosotros quienes debamos recordar algo? ¿No tiene suficiente memoria Él mismo para que nos lo pida a nosotros, simples mortales? Es para nuestro propio beneficio que Dios nos dice que recordemos. La memoria de nuestras liberaciones del pasado nos ayuda a incrementar nuestra fe para lo que estemos pasando en este momento. ¿Estás enfrentando una crisis? ¿Tienes algún gran problema amenazante en casa, en el trabajo o en tu familia? La única manera de enfrentar a un gigante es como lo hizo David: Recuerda al león y al oso. Así es como David pudo ir en contra de Goliat sin temor: Recordando la fidelidad de Dios hacia él, en sus crisis pasadas. Cuando David se ofreció a pelear contra Goliat: Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él…David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca…Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos (1 Samuel 17:33-36). David conocía el peligro que enfrentaba delante de Goliat. Él no era un novicio o un muchacho ingenuo, que de pronto se armó de bravura y quiso buscar pelea. No, David estaba simplemente recordando sus liberaciones del pasado. Y ahora, el miraba a su enemigo directamente a los ojos y le dijo: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo (1 Samuel 17:37). Multitudes del pueblo de Dios, hoy están enfrentando a gigantes por todos lados. Sin embargo, muchos son intimidados. ¿Esto te describe a ti? ¿Te has olvidado acaso de aquella ocasión en la que enfermaste tanto que estuviste cerca de la muerte, pero el Señor te levantó? ¿Te acuerdas de aquel desastre económico que te hizo pensar: “Esto se acabó, estoy en la ruina”, pero el Señor te vio a través de ello y te ha guardado hasta el día de hoy? Hay muchas cosas que no entendemos y no las entenderemos hasta que estemos en casa con Jesús. Pero yo creo absolutamente que Dios puede sanar y que Él tiene una salida para cada situación. La pregunta para nosotros es: “¿Dónde encontramos la fe, el valor, para ponernos de pie y obtener victoria en Él?  Sólo se logra al recordar al león y al oso. Sucede cuando tú eres capaz de recordar la increíble fidelidad de Dios, y las victorias que Él te dio en el pasado. Tú no podrás enfrentar a un gigante hasta que seas capaz de asimilar y entender la majestad y la gloria de Dios en tu vida.

5/07/2012

Derramamiento


El Profeta Isaías describe lo que sucede cuando el Espíritu Santo cae o se derrama sobre las personas. Isaías profetiza, Hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu de lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil, y el campo fértil sea estimado por bosque (Isaías 32:15). Isaías está diciendo, “Cuando el Espíritu Santo viene, lo que antes era una desierto se vuelve un campo de cosecha. Un pedazo seco de terreno, súbitamente rebalsa de fruta. Y esta no es cosecha provisional. El terreno de frutas crecerá hasta ser un bosque. Y ustedes podrán llevar plantas de este bosque años tras años, y construir continuamente y ser fructífero”. Isaías añade, Y habitará el juicio en el desierto, y en el campo fértil morará la justicia. (32:16). De acuerdo al profeta, el Espíritu Santo también trae con él un mensaje de juicio contra el pecado. Y ese mensaje produce justicia en las personas. Isaías no está hablando de un solo derramamiento del Espíritu, lo que algunas personas llaman “avivamiento”. Isaías está describiendo algo que perdura. Estudios hechos por sociólogos cristianos muestran que los avivamientos de hoy día duran un promedio de cinco años, y dejan en su despertar mucha confusión y disensión. Yo conozco algunas iglesias donde estos llamados “avivamientos” tuvieron lugar, pero ahora, en unos pocos años, no hay rastros del Espíritu allí. Esas iglesias están muertas, secas, vacías. Casas donde cabían 1000 personas ahora parecen una tumba, con sólo cincuenta que asisten. Y podemos hablar con la verdad sobre lo que quieran, pero cuando hay poder de Dios, lo hay; y cuando está ausente, comienzan las carnalidades para reemplazarlo. Isaías continúa: Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo. (Isaías 32:17-18). La paz viene por que la justicia está trabajando. El Espíritu Santo está ocupado limpiando malestar, disturbios y condenación. Lo que continúa es paz en la mente, paz en los hogares, y paz en la casa de Dios. Y cuando el pueblo de Dios tiene la paz de Cristo, no son movidos fácilmente de ella: Y cuando caiga granizo, caerá en los montes; y la ciudad será del todo abatida. Dichosos vosotros los que sembráis junto a todas las aguas, y dejáis libre al buey y al asno (32:19-20). La profecía de Isaías sobre el Espíritu Santo estaba dirigida a Israel durante el reinado de Uzías. Pero, se aplica al pueblo de Dios hoy día también. Se la conoce como una profecía doble. El hecho es que, cada generación necesita un derramamiento del Espíritu Santo. Y yo creo que la iglesia de hoy día no ha visto nada comparado con lo que el Espíritu Santo quiere lograr.

5/06/2012

Fidelidad


Dios nos ha prometido: …en las tribulaciones, (cuando enfrentes una crisis persistente, siempre presente), Yo seré tu ayuda, siempre presente (Salmos 46:1). La frase: “siempre presente”, significa: “siempre acá, siempre disponible, con acceso ilimitado”. En resumen, la presencia viviente del Señor está siempre en nosotros. Y si Él está siempre presente en nosotros, entonces Él desea una continua conversación con nosotros. Él desea que hablemos con Él, sin importar donde estemos: en el trabajo, con la familia, con amigos, incluso con lo que a veces hasta despectivamente, llamamos: “inconversos”... Rehúso aceptar la mentira que Satanás ha sembrado hoy en tantos hijos de Dios: que el Señor ya dejó de hablarle a su pueblo. El enemigo quiere que pensemos que Dios ha permitido a Satanás crecer en poder e influencia, pero que a la vez, Dios no ha equipado a su pueblo con una mayor autoridad. No, ¡Jamás! La Escritura dice: vendrá el enemigo como río, más el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él (Isaías 59:19). No importa lo que el diablo traiga en contra nuestra. El poder de Dios en su pueblo siempre será mayor que los ataques de Satanás. Este versículo de Isaías, de hecho, se refiere al portador de la bandera o estandarte que iba al frente del ejército de Israel. El Señor siempre guió a su pueblo a la batalla, detrás de su poderoso estandarte. De la misma manera hoy, Dios tiene un ejército glorioso de huestes celestiales que marcha bajo su bandera, listos para ejecutar sus planes de batalla en nuestro favor. Quizás tú preguntes: “¿Cómo, entonces, nos da Dios su ayuda en nuestros problemas?” Su ayuda viene en el regalo de su Espíritu Santo, quien mora en nosotros y obra la voluntad del Padre en nuestras vidas. Pablo nos vuelve a decir vez tras vez que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Somos el lugar de morada de Dios en la Tierra. Por eso es que digo y enseño siempre que cuando se habla de “la casa de Dios”, de ninguna manera se está refiriendo a un templo, sino a nosotros mismos. Por supuesto, repetimos a menudo esta verdad, en nuestra adoración y testimonios. Pero muchos de nosotros no lo tomamos en serio. Simplemente no entendemos el poder que está contenido en dicha verdad. Si lo entendiéramos y confiáramos en él, nunca más sentiríamos temor ni desmayaríamos. Nosotros  mismos no hemos aplicado completamente esta lección en nuestras vidas. Aun después de todos nuestros años como ministros, líderes o simplemente creyentes, seguimos tentados a pensar que debemos producir algún tipo de emoción para poder oír de Dios. No, el Señor está diciendo: “No tienes que pasar horas esperándome. Yo resido en ti. Estoy presente para ti, día y noche”. Escucha el testimonio de David: Bendeciré a Jehová que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia. Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido (Salmos 16:7-8). David está declarando algo: “Dios está siempre presente delante de mí. Y yo he determinado mantenerlo a Él en mis pensamientos. Él me guía con fidelidad en el día y en la noche. Nunca más estaré confundido”.


5/04/2012

Mentiras


En nuestros momentos de prueba y tentación, Satanás viene a nosotros, trayéndonos mentiras tales como: “Estás completamente rodeado y no hay salida. Siervos más fuertes que tú han caído en circunstancias menos difíciles. Ahora te toca caer. Eres un fracaso, de otra manera no estarías pasando por esto. Algo está mal en tu vida y Dios está descontento contigo”. En medio de su prueba, Ezequías reconoció su incapacidad. Este rey se dio cuenta de que no tenía la fuerza para detener las voces de ira en su contra, voces de desánimo, de amenazas y de mentiras. Él sabía que no podía librarse de esta batalla, así que buscó al Señor para que lo ayude. Y Dios le respondió, enviándole al profeta Isaías, con este mensaje: El Señor ha oído tu clamor. Ahora, dile al Satanás que está a tus puertas: ‘Eres tú el que caerá. Por el mismo camino por donde viniste, te irás. Ezequías por poco cayó en el truco del enemigo. El hecho es que si no nos ponemos de pie para enfrentar las mentiras de Satanás, si en nuestra hora de crisis, no nos dirigimos a la fe y a la oración, si no obtenemos fuerzas de las promesas de liberación que Dios nos ha dado, el diablo se reirá de nuestra débil e inconstante fe, e intensificará sus ataques. Ezequías cobró valor por la palabra que recibió, y fue capaz de decirle con firmeza a Senaquerib: Rey Diablo, tú no has blasfemado mi nombre, sino el de Dios mismo. Mi Señor me librará. ¡Y porque blasfemaste Su Nombre, enfrentarás su ira! La Biblia nos dice que Dios libró sobrenaturalmente a Ezequías y a Judá esa misma noche: Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos (2 Reyes 19:35). Hoy, los creyentes no están de pie sólo sobre una promesa sino sobre la sangre derramada de Jesucristo. Y en esa sangre tenemos victoria sobre todo pecado, tentación y batalla que alguna vez enfrentemos. Quizás tú has recibido una carta del diablo, recientemente. Permíteme preguntarte: “¿Crees que Dios tiene el anticipado conocimiento respecto a cada una de tus pruebas, cada uno de tus torpes movimientos, cada una de tus dudas y temores? Si es así, tú cuentas con el ejemplo de David, el cual oró: Este pobre clamó y el Señor lo libró. ¿Te atreverás a hacer lo mismo?

5/02/2012

Serenidad


Cuando estamos sin paz, se nos lee la palabra que dice que Jesús nos da esa paz, y que no nos la da como el mundo la da, sino como Él es capaz de otorgarla, pero nos entra la duda: ¿A quiénes les concede Jesús su paz? A veces, tú seguramente pensarás: “Yo no soy digno de vivir en la paz de Cristo, tengo demasiadas luchas en mi vida, mi fe es tan débil”. Haríamos bien en considerar a aquellos primeros hombres que recibieron la paz de Jesús. Ninguno de ellos era digno y ninguno tenía el derecho de recibirla. Piensa en Pedro. Jesús estaba a punto de conceder su paz a un ministro del evangelio que pronto iba a estar maldiciendo. Pedro era celoso en su amor por Cristo, pero también lo iba a negar. Luego tenemos a Santiago y su hermano Juan, hombres con un espíritu competitivo, siempre buscando el reconocimiento. Pidieron sentarse a la derecha e izquierda de Jesús, cuando ascendiera a su trono en gloria. Los otros discípulos no eran más justos. Se enfurecieron contra Santiago y Juan, cuando éstos trataron de sobresalir. Luego está Tomás, un hombre de Dios que se había rendido a la duda. Tanta fe les hacía falta a todos los discípulos, que Jesús se asombraba y se preocupaba. Es más, en la hora más crítica de Cristo, todos lo abandonaron y huyeron. Aun después de la Resurrección, cuando la frase “¡Jesús ha resucitado!”, se esparció por doquier, los discípulos fueron tardos para creer. Pero aún hay más. También eran hombres confundidos. No entendían los caminos del Señor. Sus parábolas los confundían. Después de la crucifixión, perdieron todo sentido de unidad, dispersándose en todas las direcciones. ¡Qué cuadro! Estos hombres estaban llenos de temores, incredulidad, división, lamento, confusión, competencia, orgullo. Sin embargo, fue a estos mismos siervos afligidos, que Jesús dijo: “Les voy a dar mi paz”. Los discípulos no fueron escogidos por ser buenos o justos; eso está claro. Tampoco era porque tenían talento o habilidades. Eran pescadores y obreros, mansos, del pueblo. Cristo llamó y eligió a los discípulos porque vio algo en sus corazones. A medida que miraba en ellos, sabía que cada uno se sometería al Espíritu Santo. En este punto, todo lo que tenían los discípulos era una promesa de paz por parte de Cristo. La plenitud de dicha paz les sería dada en Pentecostés. Ahí es cuando el Espíritu Santo vendría y moraría en ellos. La paz de Cristo que recibimos, proviene del Espíritu Santo. Esta paz viene a nosotros a medida que el Espíritu nos revela a Cristo. Cuanto más anhelemos de Jesús, el Espíritu nos mostrará más de Él, y tendremos más de la paz de Cristo. Si seguimos empeñados en mostrarle al mundo cristiano que somos portadores de una paz que realmente no poseemos, lo único que ganaremos será precisamente lo contrario: perder la paz. ¿No es una incongruencia? ¿No es más fácil creer?