Cuando Jesús
habla de la paz y nos sugiere que no la busquemos a la manera que el mundo la
da, Él nos da más de una razón por la
cual necesitamos Su paz. Cristo les dijo a sus discípulos, en Juan 14:30: Viene
el príncipe de este mundo. ¿Cuál era el contexto de esta declaración?
Él acababa de decirle a los doce: No
hablaré ya mucho con vosotros. Luego, explicó el por qué: “Porque viene el príncipe de este mundo”. Jesús
sabía que Satanás estaba ocupado en aquella misma hora. El diablo ya había
enlistado a Judas para que lo traicionara. Y Cristo sabía que la jerarquía
religiosa en Jerusalén estaba siendo fortalecida por los principados del
infierno. Él también era consciente de que una multitud inspirada por el diablo
vendría muy pronto para llevarlo prisionero. Ahí es cuando Jesús les dice a los
discípulos: “Satanás, el maligno, viene.
Así que, ya no les seguiré hablando más”. Jesús
sabía que necesitaba tener un tiempo con el Padre para prepararse para el
conflicto que enfrentaría. Él estaba a punto de ser puesto en manos de hombres
malvados, tal como Él mismo lo había dicho. Y sabía que Satanás estaba haciendo
todo lo posible para estremecer su paz. El diablo habría de acosarlo e
intentaría desalentarlo, todo ello, en un esfuerzo por quebrantar la fe de
Cristo en el Padre, cualquier cosa con tal de que Él no vaya a la Cruz. Puede
ser que tú, hoy, te encuentres confundido, pensando: “Todo terminó, no lo voy a lograr. Esto es imposible para mí”. Pero
Jesús dice: “Yo sé lo que estás pasando.
Ven y bebe de mi paz”. Ahora mismo, tú puedes estar
atravesando el tiempo más difícil que hayas enfrentado. Tu vida puede estar en
juego y todo parece carecer de esperanza. Pareciera no haber escapatoria para
ti y cada puerta que tú abres te llena de más tensión, confusión y cansancio. No interesa
lo que tú estés pasando. Tu vida puede parecer haber sido devastada por un
tornado. Puedes estar soportando pruebas que hacen que otros te vean como un
Job moderno. Pero en medio de tus pruebas, cuando clames al Espíritu Santo para
que te bautice en la paz de Cristo, Él lo hará. La
gente, entonces, te señalará y dirá: “El
mundo de aquel hombre se ha hecho pedazos, sin embargo él ha determinado
confiar en la Palabra de Dios, viva o muera. ¿Cómo puede hacerlo? ¿Cómo puede
continuar? El debiera haberse rendido hace mucho tiempo, pero no lo ha hecho. Y
a lo largo de todo, no ha cedido ninguno de sus principios. ¡Qué asombrosa paz!
Está más allá del entendimiento”. Y tú pasarás de pronto a ser un gran
referente para otros cuando, hasta hace nada más que un instante, pensabas que
eras la última resaca del basurero. ¿Te das cuenta cómo en la mente de Dios
caminan otra clase de pensamientos que en la nuestra?
Espacio de intercambio entre los lectores de "Tiempo de Victoria" y su responsable. Comentarios periódicos sobre actualidad y todo aquello de interés para los creyentes en Jesucristo.
5/30/2012
5/28/2012
Frescura
En
Hechos 27, Pablo estaba en un barco navegando hacia Roma cuando el navío llegó
a Sidón. Pablo le pidió permiso al centurión que estaba a cargo, para visitar a
algunos amigos en la ciudad, y Julio, tratando humanamente a Pablo, le
permitió que fuese a los
amigos, para ser atendido por ellos (Hechos 27:3). Esta es otra
instancia en que Dios usa a creyentes para refrescar a otros creyentes. Vemos
esto también en 2 Timoteo, donde Pablo escribe de cierto creyente: Tenga
el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó,
y no se avergonzó de mis cadenas, sino que cuando estuvo en Roma, me buscó
solícitamente y me halló… Y cuánto nos ayudó en Éfeso, tú lo sabes mejor (2
Timoteo 1:16-18). Onesíforo era uno de los hijos espirituales de Pablo y él amaba
a Pablo profundamente e incondicionalmente, y lo buscó mientras estaba
sufriendo cuando Pablo estaba encarcelado. Onesíforo fue por la ciudad
buscándolo hasta que lo encontró. Su motivación era simple, “Mi hermano está sufriendo. Él ha pasado por
los terrores del naufragio, y ahora él está siendo abofeteado por Satanás.
Tengo que ayudarlo” El ministerio de refrescar, claramente incluye buscar a aquellos
que están sufriendo. Escuchamos mucho hablar sobre el poder en la iglesia estos
días: poder para sanar enfermos, poder para ganar a los perdidos, poder para
vencer al pecado. Pero yo digo que hay un gran poder sanador que fluye de una
persona refrescada y renovada. La depresión, angustia mental, o un espíritu
abatido pueden causar un sinnúmero de enfermedades físicas, pero un espíritu
que es refrescado y animado – uno al que se lo ha hecho sentir aceptado, amado
y necesitado – es el ungüento sanador que más se necesita. Encontramos
este ministerio de refrescar en el Antiguo Testamento también. Cuando David
estaba siendo perseguido por el Rey Saúl, él estaba exhausto y dolido, forzado
a huir día y noche. Durante ese tiempo él se sintió rechazado por los líderes
de Dios y por el pueblo de Dios. Pero, en un momento crucial, Jonatán el amigo
de David, vino a él: Entonces se levantó Jonatán hijo de Saúl y
vino a David…y fortaleció su mano en Dios. Y le dijo: No temas, pues no te
hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré tu
segundo después de ti (1 Samuel 23:16-17). Eso era
todo lo que David necesitaba escuchar e inmediatamente su espíritu fue renovado
para continuar. Vemos este ejemplo una y otra vez en las escrituras: Dios no
envía a un ángel o una visión, sino a un hermano creyente para refrescar a sus
amados. La pregunta clave, es: ¿Estamos haciendo eso, nosotros, como la iglesia
de Jesucristo que decimos ser? Olvídate de las congregaciones y de todo lo que
hayas visto u oído sobre muchas de ellas, sólo piensa en ti. Tú eres iglesia.
¿Inviertes parte de tu tiempo procurando refrescar espiritualmente a quienes
estén pasando por días de congoja o, tal como tantas veces lo he visto hacer,
se lo envías a un pastor o a un templo para que otros lo hagan? Reflexiona:
¿Qué te gustaría que alguien hiciera contigo si estuvieras sufriendo? ¿Ya lo
pensaste? ¿Ya tienes una respuesta? Muy bien: entonces haz eso que pensaste con
los demás. Eso es, al menos en mínima parte, amar a tu prójimo como a ti mismo.
5/27/2012
Encadenados
Mientras
Pablo tenía que enfrentarse a su juicio en Roma, él estaba detenido bajo
condiciones horribles. Él estaba controlado todo el tiempo por guardias de la
Guardia Pretoriana, sus pies encadenados a un soldado a cada lado de él. Estos
hombres eran groseros, duros, maldiciendo frecuentemente. Ellos habían visto de
todo, y en su línea de trabajo, cada persona encarcelada era un criminal
culpable, incluyendo Pablo. Imagínate las indignidades que
Pablo sufrió en esta situación. Él no tenía tiempo para sí, ni un momento de
libertad. Cada visita de sus amigos era monitoreada de cerca, con los guardias
tal vez ridiculizando las conversaciones de Pablo. Hubiera sido muy fácil para
que la dignidad de ese hombre de Dios sea completamente despojada bajo esa
clase de maltrato. Piensa en ello: Este era un hombre que había sido muy activo,
amaba viajar por los caminos abiertos y los mares altos para conocer y tener
comunión con el pueblo de Dios. La felicidad más grande de Pablo era visitar
las iglesias que él había establecido en toda esa región del mundo. Pero ahora
estaba encadenado, literalmente atado a los hombres más duros y profanos que
existían. Pablo tenía dos opciones en su situación. Él podía caer en un
estado mórbido, agrio, preguntándose la misma pregunta egoísta una y otra vez: “¿Por qué yo?” Él podría caer en un pozo
de desesperación, razonando con sí mismo hasta llegar a una depresión sin
esperanza, completamente consumido con el pensamiento, “Aquí estoy encadenado, con mi ministerio acabado mientras otros
disfrutan de una cosecha de almas. ¿Por qué?” En
lugar de eso, Pablo escogió preguntar, ¿Cómo puede mi situación presente traer
gloria a Cristo? ¿Cómo puede mi aflicción producir grandes
cosas buenas? Este siervo de Dios decidió: “No puedo cambiar mi situación. Yo puedo terminar muerto en esta
condición. Pero, sé que mis pasos están ordenados por el Señor. Así que yo voy
a magnificar a Cristo y a ser un testimonio para todo el mundo mientras estoy
en éstas cadenas.” Ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo,
o por vida o por muerte (Filipenses 1:20). La
actitud de Pablo demuestra la única manera en que podemos ser emancipados de
nuestro pozo oscuro de infelicidad y preocupación. Observa si te es posible
malgastar todos tus mañanas esperando ansiosamente ser liberado de tus
sufrimientos. Si ese llega a ser nuestro enfoque, perderemos completamente el
milagro y felicidad de ser emancipados en nuestra prueba. Considera
la declaración de Pablo: Quiero que sepáis hermanos, que las cosas
que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio
(Filipenses 1:12). Pablo está diciendo, “No sientan pena por mí ni piensen que estoy desanimado sobre mi
futuro. Y por favor no digan que mi trabajo se ha terminado. Sí, estoy en
cadenas y sufriendo, pero el evangelio se está predicando a través de todo.”
Hay algunas diferencias entre este concepto de iglesia al que normalmente vemos
a nuestro alrededor, ¿Verdad? Que no sirva para criticar lo presente, sino para tomar base en lo
pasado.
5/25/2012
Actitudes
Regocijaos
en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! (Filipenses 4:4) Estas
son las palabras finales de Pablo a los Filipenses. Él no estaba diciendo, “Estoy en prisión y éstas cadenas son una
bendición. Estoy tan contento de este dolor”. Yo estoy convencido de que
Pablo oró diariamente por su liberación y que a veces clamaba por fortaleza
para soportar. Aún Jesús en su hora de aflicción y dolor, clamó al Padre, “¿Por qué me has abandonado?” Este es
nuestro primer impulso en nuestras aflicciones, clamar y preguntar, “¿Por qué?”
Y el Señor es paciente con ese clamor. Pero
Dios también ha provisto para que nuestras preguntas de ¿Y si…? y los ¿Por qué?
puedan ser respondidas por su Palabra. Pablo escribe, Sabiendo que estoy puesto para
defensa del evangelio…Cristo es anunciado; y en esto me gozo y me gozaré
siempre. (Filipenses 1:17-18) Él nos está diciendo, en otras palabras, “Estoy determinado a que la Palabra de Dios
sea validada por la manera en que yo reacciono a esta aflicción. Yo me he
propuesto que no voy a traer vergüenza al evangelio ni hacerlo parecer sin poder.” El
mensaje que yo escucho a través de Pablo y de Abraham es éste: No tenemos que hacer algo grande para el Señor.
Tan solo tenemos que confiar en él. Nuestro rol es colocar nuestras vidas
en las manos de Dios y creer que Él cuidará de nosotros. Si nosotros
simplemente hacemos eso, su evangelio estará siendo predicado, no importa cuál
sea nuestra circunstancia. Y Cristo será revelado en nosotros especialmente en
nuestras circunstancias difíciles. Un
anciano de dijo una vez, “La manera en que un hombre de Dios responde a los
momentos difíciles, es un testimonio para mí”. Lo que ese anciano no se dio
cuenta es que su vida era un sermón para cualquier mediano hombre de Dios. Él
vivía con un dolor crónico que sólo le permitía dormir unas pocas horas cada
noche. A pesar de su dolor atroz, su devoción al Señor era un testimonio para
todos los que lo conocían. Su vida predica a Cristo tan poderosamente como
cualquiera de los sermones de Pablo. Así
que, ¿Está Cristo siendo
predicado durante el tiempo difícil que tú estás pasando? ¿Ve tu familia que el
evangelio está trabajando en ti? O
sólo ven pánico, desesperación e incertidumbre de las fidelidades de Dios?
¿Cómo estás tú respondiendo a tu aflicción?
5/23/2012
Logros
¿Te asombraría saber que Jesús experimentó el sentimiento de haber logrado
poco? En Isaías 49:4 leemos estas palabras: Pero yo dije: Por demás he trabajado, en
vano y sin provecho he consumido mis fuerzas… Nota que estas no son las
palabras de Isaías, quien fue llamado por Dios cuando ya era maduro de edad.
No, estas son las propias palabras de Cristo, habladas por Aquel llamado…desde
el vientre, desde las entrañas de mi madre…El Señor…me formó desde el vientre
para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob, (y para congregarle a
Israel) (49:1, 5) Cuando llegué a este mensaje, un mensaje que había leído muchas veces
antes, mi corazón quedó en asombro. Difícilmente podía creer lo que estaba
leyendo. Las palabras de Jesús aquí sobre “trabajar
en vano” fueron una respuesta al Padre quien acababa de declarar Mi
siervo eres…en quien me gloriaré (49:3). Leemos la respuesta asombrosa
de Jesús en el verso que sigue: Por demás he trabajado, en vano y sin provecho
he consumido mis fuerzas (49:4) Después de haber leído esto, me puse de
pié y dije: “Qué maravilloso. No puedo
casi creer que Cristo fuera así de vulnerable, confesando al Padre que estaba
experimentando lo que nosotros los humanos enfrentamos. En su humanidad, él
probó el mismo descorazonamiento, el mismo abatimiento, las mismas heridas. Él
estaba teniendo los mismos pensamientos que yo he tenido sobre mi
propia vida: ‘Esto no es lo que yo había percibido que fue prometido. Malgasté
mis fuerzas. Todo ha sido en vano.” Leyendo esos versos me hizo que amara
mucho más a Jesús. Me di cuenta de que Hebreos 4:15 no es tan sólo un cliché:
nuestro Salvador verdaderamente es tocado cuando siente nuestras debilidades, y
fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Él había conocido
estas mismas tentaciones de Satanás, y había escuchado la misma voz acusadora:
“Tu misión no ha sido completada. Tu vida ha sido un fracaso. Todo tu trabajo
de nada ha servido.” Cristo vino al mundo para realizar la voluntad de Dios de reavivar a
Israel. Y él hizo lo que se le había encomendado. Pero Israel lo rechazó: A lo
suyo vino, y los suyos no le recibieron (Juan 1:11). ¿Por qué Jesús, o
cualquier hombre o mujer de Dios, hablaría palabras tan desesperadas cómo
éstas?: “he trabajado en vano” ¿Cómo podría el Hijo de Dios decir tal cosa? ¿Y
por qué ha habido generaciones de creyentes fieles que han sido reducidos a
estas palabras abatidas? Es el resultado de medir los resultados
pequeños contra las expectaciones altas. Tú puedes pensar, “Este mensaje parece que sólo se aplica a
ministros, o es para los llamados a hacer un gran trabajo para Dios. Me parece
que está dirigido a misioneros o a profetas de la Biblia. Pero ¿qué tiene que
ver conmigo?” La verdad es, que todos somos llamados a un propósito
grandioso y común para todos, y a un ministerio: y es, ser como Jesús. Somos
llamados a crecer en su imagen, a ser cambiados en su imagen expresada. Ahora
ya lo sabes. Cuando sientas que no has logrado nada, estarás más cerca de ser
un genuino Hijo de Dios.
5/21/2012
Incertidumbres
Jesús
nos llama a una manera de vivir que no da lugar a preocupación por el mañana y
pone nuestro futuro completamente en sus manos: No os angustiéis, pues, diciendo:
¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?, porque los gentiles se
angustian por todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis
necesidad de todas ellas. Buscad primeramente el reino de
Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que no os
angustiéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia
preocupación (Mateo 6:31-34) Jesús no quiere decir
que no debemos planear o hacer nada sobre nuestro futuro. En lugar de eso, está
diciendo: “No estés ansioso o perturbado
por tu futuro.” Si lo pensamos bien, la mayoría de nuestras ansiedades son
sobre lo que pudiera ocurrir mañana. Constantemente estamos acosados por dos
pequeñas palabras: ¿Y si? ¿Y si la economía falla,
y pierdo mi trabajo? ¿Cómo pagaré mi hipoteca? ¿Cómo sobrevivirá mi familia? ¿Y
si pierdo mi obra social médica? Si me enfermo y tengo que ir al hospital,
estaremos arruinados. ¿Y si mi fe falla durante las pruebas? Todos tenemos
miles de ansiedades “¿y si?”. Jesús interrumpe
nuestros ¿y si? Y nos dice, “Vuestro
Padre celestial sabe cómo cuidarlos” Y él añade, No necesitas preocuparte. Tu
Padre sabe que tienes necesidad de estas cosas y él nunca te abandonará. Él es
fiel para alimentarte, para vestirte y para suplir todas tus necesidades. Mirad
las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y sin
embargo, vuestro Padre celestial las alimenta…Considerad los lirios del campo,
cómo crecen: no trabajan ni hilan…ni aun Salomón con toda su gloria se vistió
como uno de ellos. Y si la hierba del campo, que
hoy es y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por
vosotros, hombres de poca fe? (Mateo 6:26, 28-30). Con
mucho gusto le damos al Señor todos nuestros ayeres, entregándole nuestros
pecados pasados. Confiamos en él para el perdón de todas nuestras fallas
pasadas, nuestras dudas y miedos. Así que, ¿Por qué no hacemos lo mismo con
nuestros mañanas? La verdad es que la mayoría de nosotros nos aferramos a
nuestro futuro, porque queremos el derecho a mantener nuestros sueños. Hacemos
nuestros planes independientemente de Dios, y después le pedimos que bendiga y
realice esas esperanzas y sueños. Ya lo hemos visto: no funciona así. ¿Será
este el día en que nos atreveremos a cambiar de manera de pensar, para así
definitivamente empezar a cambiar de manera de vivir?
5/20/2012
Clamor
Frecuentemente mucha gente se
contacta conmigo y me dice: “No tengo a nadie con quien hablar, a nadie con
quien compartir mi carga, a nadie que tenga tiempo para escuchar mi clamor.
Necesito a alguien a quien le pueda abrir mi corazón”. El rey
David estaba constantemente rodeado por personas. Estaba casado y siempre había
alguien a su lado. Aun así, escuchábamos el mismo clamor de él: A
quien iré. Está en nuestra naturaleza, el necesitar a otro ser humano,
con rostro, ojos y oídos, que nos escuche y nos aconseje. Cuando
Job estuvo abrumado por sus problemas, clamó con pena, ¡Quién me diera quien me oyese!
(Job 31:35). Él pronunció este grito mientras estaba sentado con
quienes decían llamarse sus amigos. Aquellos amigos no tenían compasión por sus
problemas; de hecho, eran mensajeros de la desesperanza. Job
sólo acudió al Señor: Mas he aquí que en los cielos está mi
testigo, y mi testimonio en las alturas… Más ante Dios derramaré mis lágrimas (Job 16:19-20). David le dice al pueblo de Dios que haga lo mismo: Esperad
en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios
es nuestro refugio (Salmos
62:8). Eventualmente, el sufrimiento nos llega a todos nosotros, y ahora
mismo, multitudes de creyentes están encadenados por aflicciones. Sus
circunstancias han tornado su gozo en sentimientos de impotencia e inutilidad.
Muchos se preguntan en su dolor, “¿Por qué me está pasando esto? ¿Está Dios
enojado conmigo? ¿Qué he hecho mal? ¿Por qué no responde mis oraciones? Yo creo
en mi corazón, que esta palabra es una invitación del Espíritu Santo para que
tú encuentres un lugar privado, en donde puedas frecuentemente derramar tu alma
al Señor. David “derramó sus quejas”, y tú también puedes hacerlo. Puedes
hablarle a Jesús acerca de todo: Tus problemas, tus pruebas presentes, tu
economía, tu salud, y decirle cuán abrumado estás, inclusive cuán desalentado te
sientes. Él te escuchará con amor y simpatía, y no menospreciará tu clamor. Dios le
respondió a David; le respondió a Job. Y por siglos ha respondido el clamor de
todos aquéllos que han confiado en sus promesas. Él ha prometido escucharlo y
guiarlo. Él ha prometido por juramento que será tu fuerza, así que tú puedes ir
a Él y salir renovado.
5/18/2012
Gloria
¿Cuántas veces te han predicado o enseñado versículos
y mensajes sobre la gloria? ¿Cuántas veces dijiste amén pero no terminaste de
entender qué cosa en realidad es esa gloria de la que te predican y enseñan? Es
tiempo de que los creyentes maduren y sepan de qué hablan cuando hablan. El
que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él (Juan
14:21). - Para que todos sean uno; como
tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros…la gloria que me diste, yo les he dado,
para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para
que sean perfectos en unidad (Juan 17:21-23. Échale otro vistazo al versículo.
Jesús está diciendo, en esencia: “La
gloria que me diste, Padre, se la he dado a ellos”. Cristo hace una
increíble declaración acá. Está diciendo que nos ha sido dada la misma gloria
que el Padre le dio a Él. ¡Qué pensamiento tan impresionante! Pero, ¿cuál es
esta gloria que fue dada a Cristo y cómo pueden nuestras vidas revelar dicha
gloria? No se trata de un aura o una emoción; sino de ¡Un acceso sin
impedimentos al Padre Celestial! Jesús nos dio un fácil acceso al Padre,
abriéndonos una puerta por la Cruz: Porque por medio de él [Cristo] los unos y los otros [nosotros y los
que están fuera] tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre (Efesios 2:18).
La palabra “entrada” significa el derecho de entrar. Significa un pasaje libre
y también fácil de acercarse: En quien tenemos seguridad y acceso con confianza
por medio de la fe en él (Efesios 3:12). ¿Ves lo que Pablo dice? Por fe, hemos alcanzado un
lugar de acceso ilimitado a Dios. No somos como Ester en el Antiguo Testamento.
Ella tenía que esperar la señal del rey antes de poder acercarse al trono. Sólo
después que el rey extendiera su cetro, es que Ester podía acercarse. En
contraste, tú y yo ya nos encontramos en la presencia del Rey. Y tenemos el
derecho y el privilegio de hablar con Él en cualquier momento. De hecho,
estamos invitados a hacerle cualquier petición: Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la
gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos
4:16). Cuando Cristo
ministró en la Tierra, Él no tenía que escabullirse hacia la oración para
obtener la mente del Padre. Él dijo: No puedo hacer nada por mí mismo, sino lo que veo
hacer al Padre (ver Juan 5:19). Hoy, el mismo grado de acceso al Padre que tenía
Cristo, nos ha sido dado. Tú dirás: “Un momento, ¿Yo tengo igual acceso al
Padre que Jesús?”. No te equivoques.
Como Jesús, nosotros debemos orar con frecuencia y fervor, buscando a Dios,
esperando en el Señor. No tenemos que escabullirnos para rogarle a Dios por
fuerza y dirección, porque su mismo Espíritu vive en nosotros. Y el Espíritu
Santo nos revela la mente y la voluntad del Padre.
5/16/2012
Rostro
Una
cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré (Salmos 27:4). El rey David sabía que tenía que haber más en el
conocer a Dios; él sentía que había algo del Señor que él no había obtenido y
no descansaría hasta encontrarlo. Él dijo, en resumen: “Hay una hermosura, una gloria, una emoción respecto al Señor que yo aún
no he visto en mi vida. Quiero saber lo que se siente al tener una comunión sin
interrupciones con mi Dios. Quiero que mi vida sea una oración viviente. Sólo
así me visualizo por el resto de mis días”. El rostro de Dios
es su semejanza, su reflejo. Al responder el clamor del corazón de David por
tener intimidad con Él, Dios dijo: Buscad mi rostro (Salmos 27:8). La
respuesta de David fue: “Señor, cuando tú
dijiste que busque tu rostro, la respuesta en mi corazón salto inmediatamente”.
Mi corazón ha dicho…Tu rostro buscaré, oh
Jehová (Salmos 27:8). En respuesta, el
Señor le reveló a David cómo satisfacer sus anhelos: reflejando a Dios en su
propia vida, Él estaba instruyendo a David de esta manera: “Aprende de mí. Escudriña mi Palabra y pide entendimiento por el
Espíritu, para que seas como yo. Quiero que tu vida refleje mi belleza al
mundo”. Esto no se trataba de un simple llamado a la oración;
David ya había estado orando siete veces al día. De hecho, las oraciones de
David fueron las que crearon en él, esta pasión por conocer al Señor. ¡No! Este
era un llamado de Dios a tener hambre de un estilo de vida que refleje
completamente quién es Jesús. Observa, en el
Calvario, Dios tomó un rostro humano. Jesús vino a la tierra como hombre, Dios
en carne. Y lo hizo para poder sentir nuestro dolor, ser tentado y probado, tal
como nosotros, y mostrárselo al Padre. Las Escrituras llaman a Jesús, la imagen
misma (significa exacta semejanza) de Dios. Él es la misma imagen de la
sustancia de Dios Padre (ver Hebreos 1:3), el mismo “acuñado”. En resumen, Él
es “igual” que el Padre en todo sentido. Hasta el día de
hoy, Jesucristo es el rostro, o, la idéntica semejanza de Dios en la Tierra. Y
a causa de Él, tenemos comunión ininterrumpida con el Padre. A través de la
Cruz, tenemos el privilegio de “ver su rostro”, de tocarlo. Podemos vivir como
Él vivió, testificando: “Yo no hago nada
sino lo que veo y oigo del Señor”. Hoy, cuando Dios
dice: Buscad mi rostro, sus palabras tienen una mayor implicación que
en cualquier otro momento de la historia. Con todo lo que está sucediendo en el
mundo alrededor nuestro, ¿Cómo debemos responder? Cuando David fue rodeado por
una hueste de idólatras, Dios dijo: “Busca
mi rostro”. Y lo hacemos con un propósito: ¡Que podamos ser más como Él!
Que nos convirtamos en su imagen misma, para que todos lo que buscan al
verdadero Cristo, lo vean en nosotros. ¿Nunca lo habías visto así? ¡Gloria a
Dios porque hoy has podido verlo! Un miércoles 16 de Mayo de 2012 es un
excelente día para comenzar a vivirlo.
5/14/2012
Misericordias
En
la antigua Israel, el arca del pacto representaba la misericordia de Jehová,
una poderosa verdad que posteriormente fue personificada por Jesús. Debemos
recibir su misericordia, confiando en la sangre salvadora de su misericordia y
ser salvos por toda la eternidad. Es decir, tú puedes ridiculizar la ley,
burlarte de la santidad de Dios y echar por tierra todo lo que Dios hable. Pero
cuando tú te burlas o ridiculizas la misericordia de Dios, el juicio viene, y
muy pronto. Si tú pisoteas su sangre misericordiosa, enfrentas su horrenda ira. Eso es exactamente
lo que les sucedió a los filisteos cuando robaron el arca. Una destrucción
mortal vino sobre ellos hasta que tuvieron que admitir: “Esto no es simple casualidad o coincidencia. La mano de Dios está
claramente en contra nuestra”. Considera lo que sucedió cuando fue llevada
al templo pagano de Dagón, para burlarse y desafiar al Dios de Israel. En medio
de la noche, el lugar de misericordia que era el arca, se convirtió en una vara
de juicio. Al día siguiente, Dagón, el ídolo, fue hallado derribado rostro a
tierra delante del arca, decapitado y cortadas sus manos. Hermanos, hermanas,
así es como deberían estar las naciones. Hace mucho tiempo que deberíamos haber
sido juzgados. A todos los que se burlan y desafían la misericordia de Dios,
les digo: “Sigan, traten con todas su
fuerzas de traer a la iglesia de Cristo bajo el poder del secularismo o el
agnosticismo. Pero si se burlan de la misericordia de Cristo, Dios echará todo
poder y autoridad que tengan, al suelo. Jeremías dijo: Por la misericordia de Jehová no
hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias (Lamentaciones
3:22). Sin embargo, cuando los hombres hacen burla de tan grande
misericordia, que es Cristo, el juicio es seguro. Es sólo a causa de la misericordia del Señor que el
juicio tarda. Y ahora mismo, muchas naciones se están beneficiando de dicha
misericordia. Increíblemente, no son pocos los países que se encuentran en una
carrera loca e inconsciente, para eliminar a Dios y a Cristo de la sociedad. No
obstante el Señor no va a ser burlado; sus misericordias son para siempre, y Él
ama a las naciones. Yo creo que por ello es que Él sigue derramando sus
bendiciones sobre nosotros. Su deseo es que dicha bondad nos lleve al
arrepentimiento. No debemos desesperarnos a causa de la situación
actual del mundo, las naciones y sus crisis económicas, sociales, culturales o
bélicas. Nos duele la horrenda corrupción, burla y pecado, pero tenemos
esperanza, sabiendo que Dios está en control completo. Sabemos que las
misericordias de Dios son para siempre.
5/11/2012
Pertenencia
Recuerdo que en la que fuera mi última congregación,
perteneciente a una denominación bastante conservadora y ortodoxa, se hablaba
muy poco de Satanás, sus demonios y de guerra espiritual. Más bien se lo
ignoraba bajo la supuesta cobertura de una palabra que dice que Al
que está en Cristo, el maligno no le toca, lo cual es muy cierto. Tan cierto como lo es el verdadero
significado de estar en Cristo, que
una gran mayoría ignora. Bendito sea el
Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición
espiritual en los lugares celestiales en Cristo (Efesios 1:3). Pablo nos está
diciendo: “Todos los que siguen a Jesús
son bendecidos con bendiciones espirituales en los lugares celestiales, donde
está Cristo”. ¡Qué increíble promesa para el pueblo de Dios! Esta promesa
se convierte en meras palabras si no sabemos cuáles son estas bendiciones
espirituales. ¿Cómo podemos disfrutar de las bendiciones que Dios nos ha
prometido, si no las comprendemos? Pablo escribió esta epístola a los fieles
en Cristo Jesús (Efesios 1:1). Estos creyentes estaban seguros de su
salvación. Los efesios habían sido bien enseñados en el evangelio de Jesucristo y en la esperanza
de la vida eterna. Ellos sabían quiénes eran en Cristo, y estaban seguros de su
posición celestial en Él. Estos “fieles” entendieron completamente que Dios
obró, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra
en los lugares celestiales (1:20). Ellos sabían que habían sido escogidos por Dios desde antes de la fundación del mundo,
para que fuésemos santos y sin mancha delante de él (1:4). Ellos no
dudaban el haber sido “adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo” (1:5). Dios los había traído a su familia, porque cuando oyeron la Palabra
de Verdad, creyeron y confiaron en ella. Muchas personas, perdonadas, lavadas y
redimidas viven en la miseria. Nunca tienen un sentido de estar llenos de
Cristo. Por el contrario, pasan continuamente de cimas a valles, de alturas
espirituales a llanuras depresivas. ¿Cómo puede ser esto posible? Es porque
muchos nunca van más allá del Salvador crucificado para llegar al Señor
resucitado que vive en gloria. Jesús les dijo a sus discípulos: Porque
yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo
estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros (Juan 14:19-20). Ahora
nos encontramos viviendo en “aquel día” del cual Jesús hablaba y debemos
entender nuestra posición celestial en Cristo. ¿Qué implica la expresión:
“nuestra posición en Cristo”? La posición es “donde uno se encuentra, donde uno
está”. Dios nos ha puesto donde estamos, o sea, en Cristo. A cambio, Cristo
está en el Padre, sentado a su diestra. Allí, si estamos en Cristo, entonces
estamos literalmente sentados con Jesús en el aposento real, donde Él está. Eso
quiere decir que estamos sentados en la presencia del Altísimo. A esto se
refería Pablo cuando dice que nos hizo sentar en
los lugares celestiales con Cristo Jesús (Efesios 2:6). Sí, Jesús estáá en el paraíso. Pero el Señor también mora en ti y en mí. Él nos ha hecho su templo en la Tierra, su morada.
5/09/2012
Recordando
Es sumamente llamativa la cantidad de veces que la
expresión “recordad”, proveniente de los labios de Dios, está en la Biblia.
¿Necesita, verdaderamente, el Dios de todo poder que seamos nosotros quienes
debamos recordar algo? ¿No tiene suficiente memoria Él mismo para que nos lo
pida a nosotros, simples mortales? Es para nuestro propio beneficio que Dios
nos dice que recordemos. La memoria de nuestras liberaciones del pasado nos
ayuda a incrementar nuestra fe para lo que estemos pasando en este momento. ¿Estás enfrentando una crisis? ¿Tienes algún gran
problema amenazante en casa, en el trabajo o en tu familia? La única manera de
enfrentar a un gigante es como lo hizo David: Recuerda al león y al oso. Así es
como David pudo ir en contra de Goliat sin temor: Recordando la fidelidad de
Dios hacia él, en sus crisis pasadas. Cuando David se ofreció a pelear contra Goliat: Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel
filisteo, para pelear con él…David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las
ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de
la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca…Fuese león,
fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de
ellos (1 Samuel 17:33-36). David conocía el peligro que enfrentaba delante de
Goliat. Él no era un novicio o un muchacho ingenuo, que de pronto se armó de
bravura y quiso buscar pelea. No, David estaba simplemente recordando sus
liberaciones del pasado. Y ahora, el miraba a su enemigo directamente a los
ojos y le dijo: Jehová,
que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me
librará de la mano de este filisteo (1 Samuel 17:37). Multitudes del
pueblo de Dios, hoy están enfrentando a gigantes por todos lados. Sin embargo, muchos
son intimidados. ¿Esto te describe a ti? ¿Te has olvidado acaso de aquella
ocasión en la que enfermaste tanto que estuviste cerca de la muerte, pero el
Señor te levantó? ¿Te acuerdas de aquel desastre económico que te hizo pensar:
“Esto se acabó, estoy en la ruina”, pero el Señor te vio a través de ello y te
ha guardado hasta el día de hoy? Hay muchas cosas que no entendemos y no las
entenderemos hasta que estemos en casa con Jesús. Pero yo creo absolutamente
que Dios puede sanar y que Él tiene una salida para cada situación. La pregunta
para nosotros es: “¿Dónde encontramos la fe, el valor, para ponernos de pie y
obtener victoria en Él? Sólo
se logra al recordar al león y al oso. Sucede cuando tú eres capaz de recordar
la increíble fidelidad de Dios, y las victorias que Él te dio en el pasado. Tú
no podrás enfrentar a un gigante hasta que seas capaz de asimilar y entender la
majestad y la gloria de Dios en tu vida.
5/07/2012
Derramamiento
El
Profeta Isaías describe lo que sucede cuando el Espíritu Santo cae o se derrama
sobre las personas. Isaías profetiza, Hasta que sobre nosotros sea derramado el
Espíritu de lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil, y el campo
fértil sea estimado por bosque (Isaías 32:15). Isaías
está diciendo, “Cuando el Espíritu Santo
viene, lo que antes era una desierto se vuelve un campo de cosecha. Un pedazo
seco de terreno, súbitamente rebalsa de fruta. Y esta no es cosecha
provisional. El terreno de frutas crecerá hasta ser un bosque. Y ustedes podrán
llevar plantas de este bosque años tras años, y construir continuamente y ser
fructífero”. Isaías añade, Y
habitará el juicio en el desierto, y en el campo fértil morará la justicia.
(32:16). De acuerdo al profeta, el Espíritu Santo también trae con él
un mensaje de juicio contra el pecado. Y ese mensaje produce justicia en las
personas. Isaías no está hablando de un solo derramamiento del Espíritu,
lo que algunas personas llaman “avivamiento”. Isaías está describiendo algo que
perdura. Estudios hechos por sociólogos cristianos muestran que los
avivamientos de hoy día duran un promedio de cinco años, y dejan en su
despertar mucha confusión y disensión. Yo conozco algunas iglesias donde estos
llamados “avivamientos” tuvieron lugar, pero ahora, en unos pocos años, no hay
rastros del Espíritu allí. Esas iglesias están muertas, secas, vacías. Casas
donde cabían 1000 personas ahora parecen una tumba, con sólo cincuenta que
asisten. Y podemos hablar con la verdad sobre lo que quieran, pero cuando hay
poder de Dios, lo hay; y cuando está ausente, comienzan las carnalidades para
reemplazarlo. Isaías continúa: Y el efecto de la justicia será paz; y la
labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en
morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo. (Isaías
32:17-18). La paz viene por que la
justicia está trabajando. El Espíritu Santo está ocupado limpiando malestar,
disturbios y condenación. Lo que continúa es paz en la mente, paz en los
hogares, y paz en la casa de Dios. Y cuando el pueblo de Dios tiene la paz de
Cristo, no son movidos fácilmente de ella: Y cuando caiga granizo, caerá en los montes;
y la ciudad será del todo abatida. Dichosos vosotros los que sembráis junto a
todas las aguas, y dejáis libre al buey y al asno (32:19-20). La
profecía de Isaías sobre el Espíritu Santo estaba dirigida a Israel durante el
reinado de Uzías. Pero, se aplica al pueblo de Dios hoy día también. Se la
conoce como una profecía doble. El hecho es que, cada generación necesita un
derramamiento del Espíritu Santo. Y yo creo que la iglesia de hoy día no ha
visto nada comparado con lo que el Espíritu Santo quiere lograr.
5/06/2012
Fidelidad
Dios nos ha prometido: …en las tribulaciones, (cuando
enfrentes una crisis persistente, siempre presente), Yo seré tu ayuda, siempre
presente (Salmos 46:1). La frase: “siempre presente”, significa:
“siempre acá, siempre disponible, con acceso ilimitado”. En resumen, la
presencia viviente del Señor está siempre en nosotros. Y si Él está siempre
presente en nosotros, entonces Él desea una continua conversación con nosotros.
Él desea que hablemos con Él, sin importar donde estemos: en el trabajo, con la
familia, con amigos, incluso con lo que a veces hasta despectivamente,
llamamos: “inconversos”... Rehúso aceptar la mentira que Satanás ha
sembrado hoy en tantos hijos de Dios: que el Señor ya dejó de hablarle a su
pueblo. El enemigo quiere que pensemos que Dios ha permitido a Satanás crecer
en poder e influencia, pero que a la vez, Dios no ha equipado a su pueblo con
una mayor autoridad. No, ¡Jamás! La Escritura dice: vendrá el enemigo como río, más
el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él (Isaías 59:19). No
importa lo que el diablo traiga en contra nuestra. El poder de Dios en su
pueblo siempre será mayor que los ataques de Satanás. Este versículo de
Isaías, de hecho, se refiere al portador de la bandera o estandarte que iba al
frente del ejército de Israel. El Señor siempre guió a su pueblo a la batalla,
detrás de su poderoso estandarte. De la misma manera hoy, Dios tiene un
ejército glorioso de huestes celestiales que marcha bajo su bandera, listos para
ejecutar sus planes de batalla en nuestro favor. Quizás tú preguntes: “¿Cómo, entonces,
nos da Dios su ayuda en nuestros problemas?” Su ayuda viene en el regalo de su
Espíritu Santo, quien mora en nosotros y obra la voluntad del Padre en nuestras
vidas. Pablo nos vuelve a decir vez tras vez que nuestro cuerpo es el templo
del Espíritu Santo. Somos el lugar de morada de Dios en la Tierra. Por eso es
que digo y enseño siempre que cuando se habla de “la casa de Dios”, de ninguna
manera se está refiriendo a un templo, sino a nosotros mismos. Por supuesto,
repetimos a menudo esta verdad, en nuestra adoración y testimonios. Pero muchos
de nosotros no lo tomamos en serio. Simplemente no entendemos el poder que está
contenido en dicha verdad. Si lo entendiéramos y confiáramos en él, nunca más
sentiríamos temor ni desmayaríamos. Nosotros mismos no hemos aplicado completamente esta
lección en nuestras vidas. Aun después de todos nuestros años como ministros,
líderes o simplemente creyentes, seguimos tentados a pensar que debemos
producir algún tipo de emoción para poder oír de Dios. No, el Señor está
diciendo: “No tienes que pasar horas
esperándome. Yo resido en ti. Estoy presente para ti, día y noche”. Escucha el testimonio
de David: Bendeciré a Jehová que me aconseja; aun en las noches me enseña mi
conciencia. Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra,
no seré conmovido (Salmos 16:7-8). David está declarando algo: “Dios está siempre presente delante de mí. Y
yo he determinado mantenerlo a Él en mis pensamientos. Él me guía con fidelidad
en el día y en la noche. Nunca más estaré confundido”.
5/04/2012
Mentiras
En
nuestros momentos de prueba y tentación, Satanás viene a nosotros, trayéndonos
mentiras tales como: “Estás completamente
rodeado y no hay salida. Siervos más fuertes que tú han caído en circunstancias
menos difíciles. Ahora te toca caer. Eres un fracaso, de otra manera no
estarías pasando por esto. Algo está mal en tu vida y Dios está descontento
contigo”. En
medio de su prueba, Ezequías reconoció su incapacidad. Este rey se dio cuenta
de que no tenía la fuerza para detener las voces de ira en su contra, voces de
desánimo, de amenazas y de mentiras. Él sabía que no podía librarse de esta
batalla, así que buscó al Señor para que lo ayude. Y Dios le respondió,
enviándole al profeta Isaías, con este mensaje: El Señor ha oído tu clamor.
Ahora, dile al Satanás que está a tus puertas: ‘Eres tú el que caerá. Por el
mismo camino por donde viniste, te irás. Ezequías por poco cayó en el truco del enemigo. El hecho es que
si no nos ponemos de pie para enfrentar las mentiras de Satanás, si en nuestra
hora de crisis, no nos dirigimos a la fe y a la oración, si no obtenemos
fuerzas de las promesas de liberación que Dios nos ha dado, el diablo se reirá
de nuestra débil e inconstante fe, e intensificará sus ataques. Ezequías cobró valor por la
palabra que recibió, y fue capaz de decirle con firmeza a Senaquerib: Rey
Diablo, tú no has blasfemado mi nombre, sino el de Dios mismo. Mi Señor me
librará. ¡Y porque blasfemaste Su Nombre, enfrentarás su ira! La Biblia nos dice que Dios libró
sobrenaturalmente a Ezequías y a Judá esa misma noche: Y aconteció que aquella misma
noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento
ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era
cuerpos de muertos (2 Reyes 19:35). Hoy, los creyentes no están de pie sólo sobre una promesa sino
sobre la sangre derramada de Jesucristo. Y en esa sangre tenemos victoria sobre
todo pecado, tentación y batalla que alguna vez enfrentemos. Quizás tú has
recibido una carta del diablo, recientemente. Permíteme preguntarte: “¿Crees que
Dios tiene el anticipado conocimiento respecto a cada una de tus pruebas, cada
uno de tus torpes movimientos, cada una de tus dudas y temores? Si es así, tú
cuentas con el ejemplo de David, el cual oró: Este pobre clamó y el Señor lo
libró. ¿Te atreverás a hacer lo mismo?
5/02/2012
Serenidad
Cuando estamos sin paz, se nos lee la palabra que dice que Jesús nos da esa
paz, y que no nos la da como el mundo la da, sino como Él es capaz de
otorgarla, pero nos entra la duda: ¿A quiénes les concede Jesús su paz? A
veces, tú seguramente pensarás: “Yo no soy digno de vivir en la paz de Cristo,
tengo demasiadas luchas en mi vida, mi fe es tan débil”. Haríamos bien en
considerar a aquellos primeros hombres que recibieron la paz de Jesús. Ninguno
de ellos era digno y ninguno tenía el derecho de recibirla. Piensa en Pedro. Jesús
estaba a punto de conceder su paz a un ministro del evangelio que pronto iba a
estar maldiciendo. Pedro era celoso en su amor por Cristo, pero también lo iba
a negar. Luego tenemos a Santiago y su hermano Juan, hombres con un espíritu
competitivo, siempre buscando el reconocimiento. Pidieron sentarse a la derecha
e izquierda de Jesús, cuando ascendiera a su trono en gloria. Los otros discípulos
no eran más justos. Se enfurecieron contra Santiago y Juan, cuando éstos
trataron de sobresalir. Luego está Tomás, un hombre de Dios que se había
rendido a la duda. Tanta fe les hacía falta a todos los discípulos, que Jesús
se asombraba y se preocupaba. Es más, en la hora más crítica de Cristo, todos
lo abandonaron y huyeron. Aun después de la Resurrección, cuando la frase
“¡Jesús ha resucitado!”, se esparció por doquier, los discípulos fueron tardos
para creer. Pero aún hay más. También eran hombres confundidos. No entendían los
caminos del Señor. Sus parábolas los confundían. Después de la crucifixión,
perdieron todo sentido de unidad, dispersándose en todas las direcciones. ¡Qué cuadro! Estos
hombres estaban llenos de temores, incredulidad, división, lamento, confusión,
competencia, orgullo. Sin embargo, fue a estos mismos siervos afligidos, que
Jesús dijo: “Les voy a dar mi paz”. Los discípulos no
fueron escogidos por ser buenos o justos; eso está claro. Tampoco era porque
tenían talento o habilidades. Eran pescadores y obreros, mansos, del pueblo.
Cristo llamó y eligió a los discípulos porque vio algo en sus corazones. A
medida que miraba en ellos, sabía que cada uno se sometería al Espíritu Santo. En este punto, todo lo
que tenían los discípulos era una promesa de paz por parte de Cristo. La
plenitud de dicha paz les sería dada en Pentecostés. Ahí es cuando el Espíritu
Santo vendría y moraría en ellos. La paz de Cristo que recibimos, proviene del
Espíritu Santo. Esta paz viene a nosotros a medida que el Espíritu nos revela a
Cristo. Cuanto más anhelemos de Jesús, el Espíritu nos mostrará más de Él, y
tendremos más de la paz de Cristo. Si seguimos empeñados en mostrarle al mundo
cristiano que somos portadores de una paz que realmente no poseemos, lo único
que ganaremos será precisamente lo contrario: perder la paz. ¿No es una
incongruencia? ¿No es más fácil creer?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)















