11/29/2013

Victoria

Para muchos creyentes, el tocar fondo significa el final. Llegan a abrumarse de tal manera de sus fracasos que los conduce a sentirse devaluados. Con el tiempo se sienten atrapados y sin ayuda. Isaías escribió acerca de estos creyentes, ¡Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo! (Isaías 54:11).
Algunos, eventualmente se enojan con Dios. Se cansan de esperar a que El actúe así que claman con un tono acusador, "Señor, ¿dónde estabas cuando te necesitaba? Clamé a ti para que me liberaras pero tú nunca me respondiste. He hecho todo lo que pude hacer pero aún no soy libre. ¡Estoy cansado de arrepentirme y de llorar sin poder ver ningún cambio!" 
Muchos creyentes simplemente se rinden y se entregan a los deseos de la carne. Otros, caen en un estupor de apatía espiritual. Ellos se convencen de que Dios no está interesado más en ellos. Se dicen a sí mismos, Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio (Isaías 40:27). - Me dejó Jehová, el Señor se olvidó de mí (Isaías 49:14). 
Así también existen otros creyentes que terminan enfocando toda su atención en el fracaso para mantenerse en un estado constante de culpabilidad. Sin embargo, esto solamente les provoca desconcierto y los lleva a clamar, Nuestras rebeliones y nuestros pecados están sobre nosotros, y a causa de ellos somos consumidos: ¿cómo, pues, viviremos? (Ezequiel 33:10). 
Pero en la realidad, el sentimiento de culpa no es un fin en sí mismo. Cuando somos humillados por la culpa y el dolor de nuestro pecado, no debemos permanecer en estos sentimientos. Por el contrario éstos deben conducirnos a tocar fondo - ¡y a la victoria de la cruz! Muchos leen la Biblia y no logran encontrar a los tantos y tantos hombres “fuertes” de Dios que debieron pasar por tremendas crisis y pruebas, no ya para probar una fe que Dios sabía perfectamente tenían, sino para fortalecerla, entrenarla y capacitarla al máximo para lograr hacer efectiva en lo natural, una victoria que muchos años atrás fue conseguida en lo espiritual. 
¿Tú eres de los que crees que en la cruz hubo victoria? ¿Sí? Entonces también creerás que fuiste escondido en la cruz con Cristo, verdad? Si tu respuesta también ha sido afirmativa, es mi deber recordarte que entonces, si juntamente has sido crucificado con Cristo, SU victoria ha pasado a ser TU victoria, y todo lo que hoy estás viendo, simplemente es parte del camino que deberás transitar hasta verla hecha realidad en tu vida y la vida de todos los que amas. Tú y tu casa.








11/26/2013

Palabra

Estamos viviendo en un tiempo de la revelación más grande del evangelio en la historia. Hay más predicadores, más libros, y más medios de saturación del evangelio como nunca antes. Pero, nunca ha habido tanta aflicción, ni tantas mentes atribuladas entre el pueblo de Dios. 
Los ministros de hoy día diseñan sus mensajes sólo para levantar a las personas y ayudarlas a manejar su desesperación. Tal vez no hay nada malo en hacer esto. Yo suelo incursionar en algunas de esas verdades también. Pero yo creo que hay sólo una razón por la cual vemos tan poca victoria y liberación: es la incredulidad. 
El hecho es que Dios ha hablado con gran claridad en estos últimos días. Y esto es lo que él ha dicho: “Ya te he dado una Palabra. Ya está hecha y está completa. Ahora posiciónate en ella.” 
Que nadie te diga que solamente estamos experimentando una hambruna de la Palabra de Dios. Es cierto, pero la verdad es que estamos experimentando una hambruna de escuchar la Palabra de Dios y obedecerla
¿Por qué? Porque la fe es irracional, pero la fe nunca viene a nosotros por medio de la lógica o la razón. Pablo lo declara plenamente, La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios (Romanos 10:17). Esta es la única manera que la fe verdadera se levanta en el corazón de cualquier creyente. Viene por el oír – es creyendo, confiando y actuando – la Palabra de Dios. 
Los ojos del Señor están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos… Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias… Muchas son las aflicciones del justo… Jehová redime el alma de sus siervos, y no serán condenados cuantos en él confían (Salmo 34:15, 17, 19, 22). 
En tan sólo estos pocos versos de los Salmos, se nos da lo suficiente de la Palabra de Dios como para quitar toda incredulidad. Yo te animo ahora: escúchala, confía en ella, obedécela. Y finalmente, descansa en ella. 


 





11/22/2013

Abatidos

Una y otra vez el Salmista pregunta y se pregunta, ¿Por qué está abatida mi alma? Me siento inútil, desamparado. Hay una inquietud dentro de mí. ¿Por qué Señor? ¿Por qué me siento tan desamparado en mi aflicción? (ver Salmo 42:11 y Salmo 43:5). 
Estas preguntas hablan por multitudes que han amado y servido a Dios. Tomemos a Elías por ejemplo. Lo vemos debajo de un enebro, rogándole a Dios que lo mate. Él está tan abatido, que está a punto de querer que su vida se acabe. También vemos a al justo de Jeremías abatido y en desesperación. 
El profeta clama, “Señor, me has engañado. Me dijiste que profetizara todas estas cosas pero ninguna de ellas se ha hecho realidad. No he hecho otra cosa que buscarte toda mi vida. ¿Y así es como me pagas? Ahora nunca más mencionaré tu nombre.” Cada uno de estos siervos está bajo un ataque temporal de incredulidad. Pero el Señor entendió sus condiciones durante esos tiempos de confusión y dudas. Y después de un periodo, él les indicó cómo salir de eso.
 En medio de sus aflicciones el Espíritu Santo encendió la luz para ellos. Considera el testimonio de Jeremías: Fueron halladas tus palabras, y yo las comí. Tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón (Jeremías 15:16).-  Llegó a él [Elías] palabra de Jehová” (1 Reyes 19:9). 
En cierto punto, cada uno de estos siervos recordó la Palabra de Dios. Y se convirtió en alegría y gozo de sus vidas, sacándolos del pozo. La verdad es que, todo el tiempo que estas personas estaban en apuros, el Señor estaba sentado, esperando. El escuchó sus clamores, sus angustias. Y después de pasar cierto tiempo, él les dijo, “Ya has tenido tu tiempo de penas y de dudas. Ahora yo quiero que confíes en mí. ¿Volverás a mi Palabra? ¿Abrazarás mi promesa? Si lo haces, mi Palabra te sacará adelante.” 
Ahora reflexiona un momento y dime la verdad: ¿Necesitas hoy algo más que esto para hacer ese cambio de noventa grados que tu vida reclama a gritos y todavía no has decidido realizar? ¿No? Entonces hazlo ya mismo, en el nombre de Jesucristo de Nazaret.



















11/19/2013

¡Obedece!

Hay algo que es indudable: la Fe es muy demandante. Ella demanda que una vez que escuchamos la Palabra de Dios, debemos de obedecer sin ninguna otra evidencia que nos dirija. No importa cuán grande nuestros obstáculos o cuán imposible nuestras circunstancias sean. Debemos de creer su Palabra y actuar de acuerdo a ella, sin ningún otro comprobante. 
Dios dice, “Mi promesa es todo lo que necesitas.” Al igual que cada generación anterior a la nuestra, nos preguntamos, “Señor, ¿Por qué estoy enfrentando esta prueba? Va más allá de mi entendimiento. Tú has permitido en mi vida tantas cosas que no tienen sentido. ¿Por qué no hay una explicación de lo que estoy pasando? ¿Por qué está mi alma tan atribulada, tan llena de grandes pruebas?” 
Escúchame nuevamente: Las demandas de la fe son totalmente irracionales a la humanidad. Así que, ¿Cómo contesta el Señor nuestro clamor? Él envía su Palabra, recordándonos sus promesas. Y él dice, “Simplemente obedéceme. Confía en mi Palabra para ti.” 
El no acepta excusas, ni dudas, no importa cuán imposible nuestras circunstancias sean. Por favor no me entiendas mal. Nuestro Dios es un Padre amoroso. Y él no permite que sus hijos sufran indiscriminadamente, y sin ninguna razón. Sabemos que él tiene a su disposición todo el poder y la voluntad de hacer que cada problema y cada sufrimiento se vaya. 
El tan solo dice una palabra, y nos libra de cada prueba y lucha. Pero, el hecho es que Dios no nos va a mostrar cómo o cuándo él cumplirá con sus promesas a nosotros. ¿Por qué? Él no nos debe una explicación, cuando ya él nos ha dado la respuesta. En su Hijo Jesucristo, él nos ha dado todas las cosas que necesitamos para la vida y la piedad. 
Él es todo lo que necesitamos para cada situación de la vida. Y Dios se mantendrá en la Palabra que él nos ha revelado: “Tú tienes mi Palabra a tu alcance. Mis promesas que he dado son sí y amén para todos los que creen. Así que descansa en mi Palabra. Créela y obedécela.” 


 


















11/15/2013

Voces

Quienes verdaderamente conocen a Dios han aprendido a reconocer su voz por encima de todas las demás. Él quiere que tú estés absolutamente convencido que Él desea hablarte y decirte cosas que tú nunca has visto u oído antes. El Señor nos muestra que todavía dudamos en reconocer su voz cuando ésta habla a nuestra alma. Sabemos que Él habla y que las ovejas necesitan conocer la voz de su Señor. Pero dudamos de nuestra capacidad para oírlo. Desperdiciamos todo nuestro tiempo "examinando" la voz que escuchamos. 
Y cuando es algo demasiado grande o demasiado misterioso para nosotros, pensamos, "Esto no puede ser Dios. Además, el diablo puede hablar también. La carne habla, espíritus mentirosos hablan." ¡Una multitud de voces vienen a nosotros todo el tiempo!... ¿Cómo puedo conocer la voz de Dios? Creo que se requieren tres cosas de aquellos que desean escuchar la voz de Dios: Debes tener una confianza inquebrantable en que Dios quiere hablarte. Debes estar plenamente persuadido y convencido de ello. De hecho, ¡Él es un Dios que habla! Él quiere que tú conozcas Su voz para que puedas hacer Su voluntad. Lo que Dios te dice, no irá más allá de los límites de la Escritura. No tienes que ser “seleccionado” o tener un doctorado para entender la voz de Dios. Todo lo que necesitas es un corazón que diga: "Yo creo que Dios quiere hablar conmigo."  
Debes tener tiempo de calidad y de silencio. Tienes que estar dispuesto a pasar tiempo a solas con Dios y a callar cualquier otra voz que no sea la de Él. Es cierto que Dios nos habla todo el día, pero cada vez que Dios ha querido hacer algo en nuestras vidas, su voz se ha hecho presente cuando nos hemos encerrado con Él y he dejado afuera otras voces, con excepción de la suya.  
Debes pedir con fe. No obtenemos nada de Dios (incluyendo oír su voz) a menos que realmente creamos que Él es capaz de expresarnos sus pensamientos y de brindarnos la habilidad para comprender Su perfecta voluntad para con nosotros. Jesús dijo: ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? (Lucas 11:11-12). 
Es decir, "Si tú le pides a tu Padre celestial una palabra, una dirección clara, unacorrección divina, o una necesidad en particular, por un momento, ¿Crees que Él permitirá que el diablo se entrometa y te engañe?" ¡Dios no bromea! Él no permitirá que el diablo te engañe. Cuando Dios habla, ¡su paz se manifiesta! Y Satanás no puede contrarrestar dicha paz. Si tú estás en un lugar de reposo y en silencio, convencido que Dios puede hablarte, entonces tienes una certeza que nunca cambia. Puedes volver a Dios una y mil veces y recibirás la misma palabra, porque esta es la verdad.


 

















11/08/2013

Irracionalidad

Cuando Dios le dice a la humanidad, “Creed”, él está pidiendo algo que es completamente fuera de la razón. La fe es totalmente ilógica. La propia definición de la fe tiene que ver con algo irrazonable. Piensa en esto: Hebreos dice que la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Se nos está diciendo en resumen, “No hay un fundamento tangible, no hay evidencia visible”. Y se nos pide que creamos. Estoy tocando este tema por una razón importante. Ahora mismo, alrededor de todo el mundo, multitudes de creyentes están abatidos y descorazonados. El hecho es que, todos nosotros enfrentaremos situaciones que nos descorazonan en esta vida. Pero yo creo que si entendemos la naturaleza de la fe – su naturaleza ilógica e irrazonable – encontraremos la ayuda que necesitamos para salir adelante. 
Considera la fe que se le demandó a Noé. Él vivió en una generación que se había descontrolado. La condición humana se había vuelto tan mala que Dios ya no podía soportarla. Finalmente, Él dijo, “¡Suficiente! El hombre se está destruyendo a sí mismo - esto debe terminar” (ver Génesis 6). Imagínate la consternación de Noé al tratar de captar lo siguiente. Dios iba a enviar un cataclismo, un evento que destruiría toda la tierra. Y todo lo que se le dijo a Noé fueron unas breves palabras que vinieron del cielo. El simplemente tenía que aceptarlo por fe, sin recibir ninguna otra dirección por 120 años. Piensa en lo que la fe estaba demandando de Noé. Se le había dado la tarea monumental de construir un arca enorme, mientras continuaba viviendo en un mundo peligroso. Él tenía que continuar creyendo mientras el mundo entero danzaba, festejaba y se desenfrenaban en sensualidad alrededor de él. 
Pero Noé hizo conforme a lo que Dios había dicho. Por más de un siglo, él continuó confiando la palabra que se le fue dada. Y por su obediencia, dicen las Escrituras, Noé fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe (Hebreos 11:7). En Génesis 12:1-4, Dios le dijo a Abraham, “Levántate, vete de tu tierra”. Seguramente Abraham preguntó, “¿Pero adónde Señor?” Y Dios debió de haber contestado simplemente, “No te lo estoy diciendo. Sólo camina.” Esto no era lógico. Esto era una demanda totalmente irracional para cualquier persona inteligente. Yo quiero ilustrar esto preguntándole lo siguiente a cada esposa cristiana: Imagínate que tu esposo llega a la casa un día y dice, “Cariño, empaca todo porque nos vamos.” Por supuesto que tú querrás saber por qué, o a dónde, o cómo. Pero la única respuesta que te da tu marido es, “No lo sé. Sólo sé que Dios dijo ‘ve’.” 
No hay razonamiento ni sentido a esta clase de demanda. Simplemente no es lógico. Pero esta fue precisamente la dirección ilógica que Abraham siguió. Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba (Hebreos 11:8). Lo único que él sabía era la palabra breve que Dios le había dado: “Ve Abraham, y yo estaré contigo. Ningún daño te acontecerá.” La fe demandaba que Abraham actuase solamente en esta promesa. Una noche llena de estrellas, Dios le dijo a Abraham, “Mira hacia el cielo. ¿Ves las innumerables estrellas? Cuéntalas si puedes. Tal es la cantidad de descendientes que tú vas a tener” (ver Génesis 15:5). 
Abraham tal vez quedó azorado al escuchar esto. Él ya estaba viejo al igual que su esposa Sarah. Ellos ya habían dejado muy atrás la edad de poder tener un hijo. Y aquí se le da una promesa, que él llegaría a ser el padre de muchas naciones. Y la única evidencia que él tenía era un palabra del cielo: Yo soy Jehová (Génesis 15:7). Pero Abraham obedeció. Y la Biblia dice lo mismo de él que lo que dice de Noé: Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia (Génesis 15:6). 
Una vez más, vemos una escena ilógica. Y la fe de un hombre resulta en justicia. Lo que Dios te pide a ti puede parecer irracional. El pide que confiemos en él cuando no nos da ninguna evidencia de contestar nuestra oración, y vemos que la situación es desesperante y estamos seguros de que todo está perdido. “Confía en mí” – dice el Señor. ¿Ilógico? Sí. Pero por siglos el Señor ha comprobado que él siempre llega a tiempo y nunca permite que Satanás tenga la última palabra. Dios siempre llega – en el tiempo perfecto del Espíritu Santo.










11/05/2013

Aguas

En el capítulo 47 de Ezequiel, se le estaba mostrando al profeta lo siguiente: En los últimos días, la iglesia de Jesucristo será más gloriosa, más victoriosa, que en cualquier otra época de su historia. El verdadero cuerpo del Señor no se va a debilitar ni va a fallar. No va a menguar en número, o disminuir en poder o autoridad espiritual. No, su iglesia se irá en un resplandor de poder y gloria. Y disfrutará de la revelación más plena de Jesús que nadie antes pudo haber conocido. 
Ezequiel escribe, Y los peces, según su especie, serán tan abundantes como los peces del Mar Grande (Ezequiel 47:10). Está viniendo un cuerpo de creyentes que nadarán en las aguas ascendientes de la presencia del Señor. Eso es lo que Dios nos está mostrando en la visión de Ezequiel de las aguas que aumentan.  Ezequiel está hablando aquí de un aumento del Espíritu Santo. En los últimos días, habrá un aumento de la presencia de Dios entre su pueblo.
 El único manantial y fundamento de este río es la cruz. Vemos una imagen literal de esto en el siguiente verso; Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua (Juan 19:34). El nivel de agua que va creciendo en el río es la imagen de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo fue dado a los discípulos. Junto con este don del Espíritu, a los seguidores de Cristo se les dio la promesa de que él sería un río de vida que brotaría desde dentro de ellos. Y ese río fluiría hacia todo el mundo. El río de vida llegará a su máxima altura justo antes del retorno del Señor. Esto fue dicho en la visión dada a Ezequiel. Dios lo llevó al profeta en un viaje fabuloso. Llevando un cordel de medir, el Señor midió mil codos lo cual mide más o menos medio kilómetro. A esa distancia, el Señor y Ezequiel comenzaron a caminar en el agua que en ese punto llegaba de altura hasta los tobillos. 
Ezequiel testifica, me hizo pasar por las aguas (Ezequiel 47:3). Y el Señor siguió animando al profeta a seguir hacia delante, a entrar más profundamente y más lejos en el agua. Después de otros mil codos, el agua les llegó hasta las rodillas. Y seguía subiendo el nivel. ¿Ves tú lo que está sucediendo aquí? Ezequiel estaba caminando hacia el futuro, hasta llegar a nuestro tiempo. Los cristianos hoy día viven en los últimos mil codos del río en esta visión. Estamos en la última medida del agua. 
Y Ezequiel dice que cuando él puso su pié en el borde de esta medida, el agua estaba muy profunda para él, muy arrolladora. Y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado (47:5). Yo sólo puedo imaginar el asombro de este hombre cuando el Señor le pregunta, “Ezequiel, ¿qué es este mar que ha crecido? Si este río representa la vida y el poder de la resurrección, ¿quiénes serán aquellos tan bendecidos de nadar en tal gloria?” 
El sólo podía imaginarse lo que nosotros ahora disfrutamos. Tal vez usted ha disfrutado abundantemente de la presencia de Jesús. Puede ser que tú estés exuberante por la revelación que tienes de Cristo ahora. Pero, te digo, tú no has visto nada en comparación al incremento que está viniendo para los justos. Cristo va a abrir nuestros ojos y aparecerá maravillosamente entre nosotros. Él se revelará a nosotros, derramando en nosotros la cantidad de su vida que nosotros podamos soportar sin estar todavía en nuestros cuerpos glorificados.









11/01/2013

Zarandeados

Cuando Jesús caminó sobre la tierra, él conoció muy bien el poder feroz de Satanás, cuando viene con cada arma del infierno para zarandear a los hijos del Señor. Yo no creo que pueda haber alguno de nosotros que pueda comprender el gran conflicto enfurecido que sucede en el mundo espiritual. Ni podemos entender cuán determinado está Satanás en destruir a todos los creyentes que han decidido fijar sus corazones hambrientos en ir hasta el final con Cristo. Hay una falsa doctrina enseñada en algunas iglesias demasiado conservadoras que dice que: “Si no molestas al diablo, él no te molestará a ti”. Falso de toda falsedad. A la medida de los intereses del infierno. 

Pero es verdad que en nuestro caminar cristiano, cruzamos la línea – la línea de la obediencia – que enciende las alarmas del infierno. Y el momento en que cruzamos esa línea hacia una vida de obediencia a la Palabra de Dios y dependencia sólo en Jesús, nos convertimos en una amenaza para el reino de las tinieblas y un blanco de los principados y poderes demoniacos. El testimonio de cada creyente que se entrega al Señor con todo su corazón incluye el repentino ataque de problemas y pruebas extrañas e intensas. Si tú has cruzado la línea de la obediencia, entonces tú estás haciendo olas en el mundo invisible.

 En Lucas 22:28-34 Jesús introduce el tema de las cernidas de los santos. ¡Simón, Simón!...Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo (verso 31). En los días de Cristo, los agricultores de trigo usaban la cernida antes de embolsar el grano. Con una pala llenaban una caja cuadrada cubierta con una malla, y volcaban la caja y la sacudían violentamente. La basura y la suciedad salían a través de la malla hasta que sólo los granos quedaban. En este verso, zarandear significa “ser sacudido y separado” – ser sacudido a través de la agitación de problemas súbitos. Jesús usó esta analogía para decirle a Pedro: “¡Satanás cree que tú sólo eres basura y suciedad, y que cuando él te ponga en el cernidor y te sacuda, caerás al suelo!” 

Hay pruebas y problemas, y también hay cernidas. Yo veo las cernidas como un gran ataque satánico que quiere destruirlo todo. Generalmente se comprime en un periodo corto de tiempo pero intenso. Para Pedro, la cernida duraría unos cuantos días, pero esos días serían los días más horribles, más probados, y más arrepentidos de su vida. Ese tiempo de cernida sacudió y quitó el orgullo que había derribado a Pedro. La sacudida quitó de su alma estorbos que pudieron haber destruido su testimonio para siempre. 

Gracias a Dios, la fe de Pedro no falló, y tan seguramente como Jesús oró para que su “fe no falte”, así él ora por nosotros de la misma manera. De acuerdo; no es el mensaje que mayoritariamente escuchas o lees, ese que te dice que todo está bien y que vas derecho a la victoria. Esto tal vez es más prudente. Pero ¿Sabes qué? Si tomas tu Biblia, verás que es cierto. Y eso, -entiendo- es más que suficiente.