9/30/2015

¡Vísteme!

               Vestíos de toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo (Efesios 6:11).
               Mucho se ha predicado y enseñado respecto a la famosa “armadura de Dios”, especialmente en todos aquellos que incursionan o desean incursionar en lo que llamamos “la guerra espiritual”. Sin embargo, no todos han prestado debida atención a sus estados íntimos y personales a la hora de emprender la batalla.
               Han tomado con ligereza a esa guerra, viéndola más como una fantasía de ciencia-ficción ilustrada que como una realidad cotidiana, dura y a veces trágica. De allí que esta simbólica carta a Jesús de alguien en estado de plena humildad que encontré entre tanta cosa que anda girando en la cibernética, pueda darte una mejor claridad al respecto. Dice así:
               “Querido Jesús, Tú me dices que resista al diablo y él huirá de mí, pero yo no tengo ningún poder de resistencia. Tú eres el que tiene todo el poder y la resistencia que pueda necesitar, así que te ruego que me des ese poder para resistir.  Tú dijiste que podía mover montañas  si yo tuviera fe inclusive del tamaño de un grano de mostaza; sin embargo, mi montaña no se moverá, a pesar de que mi fe en ti es tan grande como la puedo concebir.
               Tú hiciste los cielos y la tierra; por favor, mueve mi montaña. Tu dijiste: "Huid del mal!" así que corrí a toda prisa, pero el pecado me alcanzó en mi mejor momento de esfuerzo. Tú tienes el poder sobre todo el poder del enemigo, con milagros, señales y prodigios., líbrame de la trampa de Satanás. Aún no tengo la fuerza para ponerme toda la armadura, así que por favor, cual escudero, ¡Vísteme! Haz por mí lo que yo sé que no puedo hacer por mí mismo.”
               Vivimos predicando, proclamando, difundiendo, anunciando y hasta vociferando respecto a la libertad en Cristo, fundamentalmente los que hemos dejado atrás las castrantes estructuras de la religión hueca y vacía.
               Sin embargo, una gran mayoría de nosotros aún no ha entendido que, libertad en Cristo es, esencial y precisamente, absoluta dependencia de Él. Si no nos mantenemos aferrados a su mano, y nos postramos con total y absoluta transparencia y humillación a sus pues, tal como lo hace el anónimo autor de esa simbólica carta, muy difícilmente podremos acceder a esa clase de poder, ser vestidos con esa invencible armadura divina y cumplir en la realidad lo que tantas veces hemos repetido sin vivir: en Cristo somos más que vencedores.
               ¿Podrás decir amén? Hazlo, pero sólo si te comprometes a ponerlo por obra. Si no lo tienes claro, entonces por ahora calla, no digas nada. Aún estás desnudo. Y ningún soldado pelea y gana una guerra sin ropas.









9/26/2015

Cimientos

               Para que por la fe Cristo habite en sus corazones, y para que, arraigados y cimentados en amor, sean ustedes plenamente capaces de comprender, con todos los santos, cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor, que excede a todo conocimiento, para que sean llenos de toda la plenitud de Dios. (Efesios 3:17-19).
               En este versículo “arraigados y cimentados” significa "construir en virtud de un cimiento profundo y estable de conocimiento y comprensión del amor de Dios hacia ti." En otras palabras, ¡el conocimiento del amor de Dios hacia usted es la verdad fundamental sobre la cual todas las otras verdades deben ser construidas! Por ejemplo, el temor de Dios está basado en esta verdad.
               El santo temor de Dios no es sentir terror de que él esté listo para abatirle si lo descubre cometiendo alguna pequeña falta. Más bien, es el temor de su santidad contra la rebelión y de lo que él hace a los que aman más las tinieblas que a la luz. Los cristianos que viven en culpa, miedo y condenación no están "arraigados y cimentados" en el amor de Dios. Nuestro Padre celestial envió a su Hijo a morir por nuestros pecados y debilidades.
               Y sin conocer plenamente y comprender completamente este tipo de amor, usted ¡Nunca tendrá un cimiento estable o permanente! [Que Tú]. . . puede ser capaz de comprender. . . el amor de Cristo (Efesios 3:18-19). Aquí la palabra griega para “comprender” indica "apoderarse con avidez o echar mano de."
               El apóstol Pablo da los medios para que tú aproveches esta verdad y la conviertas en el fundamento de tu vida cristiana. Pablo te exhorta a que saques tus manos espirituales y digas: "¡Voy a echar mano de esto!" Tal vez tú eres asaltado por una tentación que no puedes quitarte de encima.
               O quizá tú tienes una sensación de no ser suficiente, una sensación de indignidad, o miedo a que el diablo te engañe y llegues a fallarle Dios. ¡Este es el día para que despiertes al amor de Dios hacia usted!
               Oro para que mientras tú lees este mensaje, algo golpee profundo en tu corazón, y  seas capaz de decir: "Esto tiene razón. Ese soy yo y ¡No quiero vivir de esta manera!" Ruego para que tú te apoderes de esta verdad que te abrirá los ojos y te ayudará a entrar por completo en un nuevo reino de alegría y paz en tu diario caminar con Él.


 






9/23/2015

Almacén

               ¿Estás cansado o cansada de vivir como un mendigo cuando todo lo que necesitas te ha sido provisto? Tal vez tu enfoque es erróneo. ¿Tiendes a hablar extensamente de tus debilidades, tentaciones y fracasos del pasado? ¿Al mirar dentro de tu propio corazón lo que ves te desanima? ¿Has permitido que la culpa se filtre en ti? ¡Entiende, debe mirar a Jesús, el autor y consumador de la fe! Cuando Satanás viene y apunta a cierta debilidad en tu corazón, tú tienes todo el derecho a responder: "¡Dios sabe todo de mí y aún me ama! Él me ha dado todo lo que necesito para alcanzar y mantener la victoria."
               Porque si nuestro corazón nos condena, Dios es más grande que nuestro corazón y conoce todas las cosas (1 Juan 3:20). Él sabe todo sobre ti y todavía te ama lo suficiente como para decir: "Ven y obtén todo lo que necesitas. ¡El almacén está abierto!" Las puertas de su bodega están abiertas y sus riquezas están llenas a rebosar.
               Dios te está instando a: acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16). ¿Cuántos años has estado afuera? Tú tienes un padre que ha desplegado un gran tesoro de provisión para ti, y el cual aún no has reclamado. La parábola del hijo pródigo nos muestra que por entrar y disfrutar del tesoro de su padre, el hijo pródigo lo obtuvo en dos sentidos. Él podía vivir su vida terrenal con el perdón abundante, la alegría, la paz y el descanso que le pertenecían, y cuando la muerte lo llevara a su herencia eterna, podría plenamente disfrutar de lo que había conocido ya en la tierra.
               De hecho, el pecado más grande fue cometido por el hermano mayor, el que se quedó en casa, quien caminó obedientemente y quien nunca dejó a su padre. Sí, es un pecado perder la esencia del Padre en una vida sensual y un espíritu fuera de control, pero es un pecado aún mayor rechazar el gran amor de Dios y dejar sin reclamar los abundantes recursos que nos dio pagando un alto precio.
               El hijo pródigo no fue castigado, reprochado o recordado de su pecado porque Dios no permitiría al pecado ser el foco de la restauración. Hubo verdadero arrepentimiento y dolor devoto. Ahora era momento de pasar a la mesa del banquete de la fiesta. El padre dijo al hijo mayor, "se había perdido, pero ahora está nuevamente en casa. ¡Es perdonado y es momento de alegrarse y ser feliz!" 
               Yo sé que aun hoy, a muchos cristianos este pasaje les parece injusto. Sin embargo, tengo una sola pregunta para hacerte que también deberé formularme yo mismo: ¿Qué conoces, o cuánto conoces respecto a la calidad y cualidad de la justicia de Dios? Si no tienes una respuesta contundente, será mejor que no analices la palabra de Dios, sólo acéptala, créela y ponla por obra ya mismo.









9/20/2015

Banquete

               Me llevó a la casa del banquete, Y su bandera sobre mí fue amor (Cantar de los Cantares 2:4). En la parábola del hijo pródigo la felicidad del padre no podía estar completa hasta que estuvo sentado en el salón de banquetes con su hijo. Tenía que asegurarse de que el muchacho sabía que había sido perdonado y su pecado borrado. ¡Ellos tenían que sentarse a la mesa y celebrar con el cordero!
               Si tú hubieras mirado por una la ventana ese preciso momento, tú habrías visto a un joven que acababa de entrar a una verdadera revelación del amor de Dios: ¡Él estaba bailando! Había música. Él reía y estaba feliz. ¡Su padre estaba contento por él, le sonreía!
               El hijo no estaba bajo una nube de temor. Él no estaba escuchando las viejas mentiras del enemigo: "¡Vas derecho hacia el chiquero! No eres digno de amor…". No, él aceptó el perdón de su padre y obedeció sus palabras referentes a venir y tomar para sí todo lo que necesitara.
               El hijo escuchó el susurro del padre para él y para su hermano mayor: Todo lo mío es tuyo. No hay necesidad alguna de tener hambre otra vez. No necesitas estar solo, pobre o aislado de mi provisión (Lucas 15:31).
               Aquí está la plenitud del amor de Dios, ¡el corazón mismo de todo esto! Con ello me refiero a que incluso, en nuestros momentos más oscuros, Dios no sólo nos abraza y nos trae de nuevo, sino que también nos dice: Sacad el ternero cebado, y comamos y celebremos! En mi casa hay banquete, hay un derroche de abundancia para mi amado! (Lucas 15:22-24).
               Hoy tenemos una promesa aún mejor: que conozcan ese amor, que excede a todo conocimiento, para que sean llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer que todas las cosas excedan a lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, (Efesios 3:19-20).
               Aquí está el amor de Dios que nos ha sido prometido: "Te ofrezco excesiva, abundante, plena provisión para toda crisis, y alegría a lo largo de toda tu vida. ¡Puedes venir a mi almacén y reclamarlo todo! "


 


9/18/2015

Autoridad

               Envió un varón delante de ellos, a José, que fue vendido como esclavo. Hasta la hora en que se cumplió su palabra, el dicho de Jehová lo probó. (Salmo 105:17, 19). José fue probado y tratado en muchas formas, pero su mayor prueba fue la palabra que había recibido. Ten en cuenta todo lo que José soportó: con tan sólo diecisiete años, fue despojado y arrojado a un pozo para que muriera de hambre. El corazón frío de sus hermanos se burló de sus súplicas y lo vendieron a mercaderes ismaelitas que lo llevaron en caravana a un comercio de esclavos de Egipto y lo vendieron como un esclavo común.
               Sin embargo, la mayor prueba de José no fue el rechazo de sus hermanos ni la indignidad de ser convertido en un esclavo o de ser enviado a la cárcel. No, lo que confundió y probó el espíritu de José fue la clara palabra de Dios que él había oído. Dios le había revelado en sueños a José que se le daría una gran autoridad la cual sería usada para la gloria de Dios. Sus hermanos se inclinarían ante él y sería un gran libertador para muchas personas. Yo no creo que esto fue un regodeo ególatra de José.
               Su corazón estaba tan centrado en Dios que esta palabra le dio un sentido humilde a su destino: "Señor, has puesto tu mano sobre mí para formar parte de tu gran plan eterno". ¡José fue bendecido con sólo saber que jugaría un papel importante para lograr que la voluntad de Dios sucediera! Sin embargo, las circunstancias en la vida de José fueron justo lo contrario de lo que Dios había puesto en su corazón. ¡Él era el siervo que tenía que inclinarse! ¿Cómo podía creer que un día liberaría multitudes cuando él mismo era un esclavo?
               Él debió haber pensado: "Esto no tiene sentido. ¿Cómo puede Dios ordenar mis pasos hacia la cárcel, hacia el olvido? Dios dijo que iba a ser bendecido, pero ¡Él no me dijo que esto iba a suceder! " Durante diez años, José sirvió fielmente en la casa de Potifar, pero al final fue juzgado mal y mintieron sobre él. Su victoria sobre la tentación de la esposa de Potifar sólo le llevó a la cárcel.
               Durante esos momentos, José debió considerar preguntas terribles: "¿He oído bien? ¿Mi orgullo inventó estos sueños? ¿Pueden mis hermanos estar en lo cierto? Tal vez todas estas cosas están sucediéndome para disciplinarme ante algún tipo de deseo egoísta en mi". Hubo ocasiones en que Dios me mostró cosas que Él quería para mí: ministerio, servicio, serle útil. Sin embargo, cada circunstancia resultaba contraria a la palabra que se me había dado. En esos momentos pensé: "Oh Dios, tú no me hablaste. Debió ser mi carne". Yo estaba siendo probado por la palabra que Dios me dio. No obstante, Dios nos ha dado sus promesas y podemos confiar en ellas, ¡en todas ellas!









9/13/2015

Tiempos

               José estaba en una de sus horas más oscuras, solo, abatido, a punto de renunciar a sus sueños, poniendo en duda su lugar en Dios. De repente, llegó la llamada de uno de los guardias del rey: "¡José, prepárese, Faraón le llama!" En ese momento, creo que el Espíritu de Dios vino sobre José y su corazón saltaba de emoción. ¡Estaba a punto de entender de lo que se trataba todo esto!
               Una vez que José se afeitó y arregló su cabello, probablemente pensó, "Este es el comienzo de lo que Dios me prometió. ¡Ahora sé que le oí! El diablo no ha tenido el control y mi vida no ha sido en vano. ¡Dios ha dirigido todo, todo el tiempo!" En cuestión de minutos, José estaba de pie delante de Faraón, escuchó acerca de sus sueños, dio la interpretación de la hambruna que venía y dijo al Faraón que tenía que recoger y almacenar el grano de la nación: "Alguien debe estar a cargo de los almacenes. Tienes que encontrar a un hombre que esté lleno de sabiduría para supervisar todo esto". (ver Génesis 41).
               Faraón miró a su alrededor y luego se volvió hacia José: "¡Tú, José! Te nombro segundo gobernante. Sólo yo voy a tener más poder que tú en el reino. Te encargarás de supervisar todo". ¡Cuán rápido las cosas habían cambiado!
               Llegó el día en que José se paró frente a sus hermanos y fue capaz de decir:  Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente. (Génesis 50:20).
               Dios me envió delante de ustedes: para salvarles la vida de manera extraordinaria y de ese modo asegurarles descendencia sobre la tierra. Fue Dios quien me envió aquí, y no ustedes. Él me ha puesto como asesor del faraón y administrador de su casa, y como gobernador de todo Egipto.(45:7-8).
               Querido hermano, muy pronto vas a entender tus actuales pruebas de fuego. Dios te traerá a la promesa que te dio, y de repente todo tendrá sentido. Verás que Dios nunca te ha abandonado.
               Él te ha traído por este camino porque ha estado entrenándote, preparándote y enseñándote a confiar en Él para todo. ¡Dios ha planeado un tiempo para usarte y este tiempo está justo frente a ti!


 


9/05/2015

Favores

                  Hay una pregunta que todos nos hemos formulado alguna vez y que no siempre nos atrevemos a hacer pública: ¿Favorece nuestro Padre celestial a algunos de sus hijos? ¿Dice la Biblia que Dios no hace acepción de personas? Cuando se trata de la salvación y de sus maravillosas promesas, Dios trata a todos por igual, pero también Dios pone su especial favor sobre aquellos que responden sin reservas a su llamado y le entregan sus vidas por completo.
               Job dijo: Me diste vida y me favoreciste con tu amor (Job 10:12). David dijo:  Tú, Señor, bendices al hombre justo; tu favor lo rodea, como un escudo. (Salmo 5:12). Nuestro Padre celestial pone una prenda especial sobre aquellos que le entregan su corazón por completo: me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios, porque él me vistió con vestiduras de salvación, me ha cubierto con el manto de la justicia (Isaías 61:10).
               José respondió al llamado del Espíritu entregando todo, y como un favor de parte de su padre, él recibió una túnica que lo distinguía de los demás. Pero, ¡el favor de su padre fue muy costoso! Le costó sus relaciones personales y trajo rechazo, incomprensión y burla: Todos sus hermanos… lo odiaban... (Génesis 37:4). ¿Por qué los hermanos de José estaban contra él? La clave está en el versículo 11: Sus hermanos le tenían envidia.
               Al ver la túnica que José llevaba, ellos sabían que ésta representaba favor y rectitud. Sus hermanos lo odiaban pues José les recordaba el llamado del Espíritu que ellos habían rechazado. ¡José era un reproche a su mediocre estilo de vida! Los hermanos de José holgazaneaban complaciéndose en chismorreos y charlas egocéntricas. Sus corazones estaban ocupados en las tierras, posesiones, el futuro, pero José estaba en otra parte.
               Él hablaba de las cosas de Dios, de las cosas sobrenaturales. Dios le había dado sueños que, en aquel tiempo, eran sinónimo de escuchar la voz de Dios. Creyentes tibios alrededor tuyo querrán hablar de sus autos, casas y empleo, pero tú preferirás hablar de las cosas eternas, acerca de lo que Dios está diciendo.
                Pronto tú te convertirás en un reproche a su indiferencia. Ellos te envidiarán porque tú representas el llamado del Espíritu Santo que ellos apagaron. Sí, José vestía una túnica diferente y esa diferencia hizo que fuera odiado y envidiado entre sus hermanos. Amado, ¡lo mismo te pasará si tú le perteneces por completo a Jesús!