11/29/2014

Prometida

               Un día el Señor se le apareció a Abraham y le dio un increíble mandato: le dijo simplemente: Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. (Génesis 12:1). ¡Qué cosa tan maravillosa! De repente, Dios escogió a un hombre y le dijo “Quiero que te levantes y te vayas, dejando todo atrás: tu casa, tus familiares, e inclusive tu país. Quiero enviarte a otro lugar, yo te guiaré a lo largo de tu jornada.”
               Me pregunto, de paso, qué reacción hubiéramos tenido cualquiera de nosotros ante una directiva así. ¿Cómo respondió Abraham a esta increíble palabra del Señor? Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. (Hebreos 11:8). Sin saber adónde iba.  “¿Cómo le va don Abraham? ¿Para dónde va? – Voy camino a la tierra de la promesa… - ¡Ah! ¿Y dónde queda esa tierra? -- ¡Qué sé yo dónde queda! ¡Yo tengo mandato de ir para allá y para allá voy…!”
               Ahora;  ¿Qué estaba haciendo Dios? ¿Por qué buscaría entre las naciones a un hombre, y luego le pediría que lo abandone todo y emprenda un viaje sin ningún mapa, sin dirección preconcebida, sin saber cuál sería su destino? Piensa en lo que Dios le estaba pidiendo a Abraham. Él nunca le mostró cómo iba a alimentar y a cuidar a su familia. Él no le dijo qué tan lejos tendría que ir ni cuando él llegaría a su destino.
                Al principio solamente él le dijo dos cosas: “Ve”, y, “Te mostraré el camino.” En esencia, Dios le dijo a Abraham, “Desde este día en adelante, quiero que me entregues todos tus mañanas. Día tras día, tú vivirás el resto de tu vida poniendo tu futuro en mis manos. Abraham, te estoy pidiendo que comprometas tu vida a la promesa que te estoy dando. Si tú te comprometes a hacer esto, te bendeciré, guiaré y dirigiré a un lugar que nunca imaginaste.”
               El lugar a donde Dios quería dirigir a Abraham es el lugar donde él quiere llevar a cada miembro del cuerpo de Cristo, hoy. Abraham es lo que la Biblia llama un “hombre patrón”, alguien que sirve de ejemplo de cómo se debe caminar delante del Señor. El ejemplo de Abraham nos muestra lo que es requerido de todos los que buscan agradar a Dios.
               No te equivoques, Abraham no era un hombre joven cuando Dios lo llamó a hacer este compromiso. Probablemente había puesto ya en marcha planes asegurar el futuro de su familia, así que debió de estar preocupado por muchos asuntos mientras él sopesaba el llamado de Dios.
               Sin embargo, Abraham le creyó a Dios; y (Dios) se lo contó por justicia (Génesis 15:6) El Apóstol Pablo nos dice que todos los que creen y confían en Cristo son hijos de Abraham. Y así como Abraham, somos contados como justos porque obedecimos al mismo llamado de confiar todos nuestros mañanas en las manos del Señor.


 






              


11/26/2014

¿¿Confusión??

                Veamos: si tú estás experimentando confusión, dolor y sufrimiento puede ser que Dios esté obrando las cosas a su manera. Por lo general se trata del trabajo soberano de nuestro Dios quien se encuentra desarrollando un plan maestro que sólo él conoce. A través del sufrimiento de los hijos de Dios, Él está obrando. La confusión precede al milagro. Estudia la Biblia y descubrirás que estos son los mismos patrones que siguen las vidas de los que conforman el pueblo de Dios.
               En cada ocasión cuando Dios comenzaba a llevar a cabo su promesa, pareciera que primero el techo se venía abajo. Piensa en Daniel y los tres jóvenes hebreos. Ellos se entregaron a una vida de santidad y separación del mundo y de sus placeres. Daniel se entregó fielmente a una vida de oración, lágrimas, e intercesión, Pero, ¿Qué le trajo esto a él y a sus tres amigos hebreos? ¡Pruebas antes de la victoria!
               Tú no sales del lugar secreto de oración y te vas a la cima de la montaña de victoria – tú vas al foso de los leones. Tú no vas de la consagración hacia una vida fácil sólo de bendiciones – tú vas al horno ardiente. Estos hombres no tuvieron temor de enfrentar dolor y sufrimientos porque sabían que todo siempre terminaría de la manera en que Dios lo había propuesto.
               ¡De pasar por leones y hornos abrasadores hasta llegar a la perfecta voluntad de Dios! Piense en Elías. Dios le dio una gloriosa promesa acerca de un despertar espiritual en la región; un derramamiento de lluvia abundante; un nuevo día de victoria para el pueblo de Dios; y el derrocamiento de Acab y Jezabel. Pero mira toda la confusión que se desató después que le fue dada la promesa.
               Jezabel amenazó con quitarle su vida y lo persiguió haciendo que huyera a las montañas. Fuerzas del mal mataron a los profetas de Dios y la región continuó en maldad y sequía. De hecho, la Palabra de Dios parecía una mentira. ¿Te imaginas lo confuso que estaba Elías? “¿Qué clase de respuesta a mi oración es ésta? Estoy aquí abandonado. ¿Dónde está el Señor? ¿Han fallado sus promesas?”
               Mientras tanto, Dios estaba haciendo exactamente lo que dijo que haría. La confusión pasaría pronto y la respuesta aparecería. Cristo dejó a sus discípulos una promesa la cual podía haberlos ayudado a
salir de toda confusión y dolor, pero ellos estaban demasiado abatidos por la tristeza como para acordarse de ella.
               Él les dijo: Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea (Mateo 36:32). En otras palabras, “No traten de descifrarlo todo. No cuestionen el tiempo de confusión. No es su batalla. ¡Dios está trabajando! Cuando todo esto termine, yo seguiré yendo delante de ustedes. Su pastor siempre estará ahí.” ¡Qué palabra alentadora! Pero, mucho más que eso: ¡Qué verdad tan grande!


 


11/22/2014

Ejército

               Los santos del Antiguo Testamento conocieron a Dios de una manera que los santos del Nuevo Testamento conocieron muy poco. ¡Ellos lo conocieron como Jehová de los ejércitos! Más de doscientas veces en el Antiguo Testamento – desde Samuel hasta Malaquías – se refieren a Dios de esta manera.
               Leemos que Y David iba adelantando y creciendo, y Jehová de los ejércitos era con él. Encontramos repetidamente este majestuoso título en los Salmos: ¡Jehová de los ejércitos está con nosotros! ¡Nuestro refugio es el Dios de Jacob! (46:7). -- Jehová, Dios de los ejércitos, ¿quién como tú? Poderoso eres, Jehová, y tu fidelidad te rodea” (89:8). -- Jehová, Dios de los ejércitos, oye mi oración” (84:8). --  ¡Es Jehová de los ejércitos! ¡Él es el Rey de gloria! (24:10).
               La palabra Hebrea para “ejércitos” es tsbaah. Significa “una armada lista y posesionada para la batalla.” Soldados, caballos, y carros listos para ir a guerrear en un momento dado; un ejército agrupado y congregado, esperando instrucciones. En una ocasión, el ejército Asirio vino contra el Rey Ezequías y Judea.
                Este rey no se inmutó cuando se vio rodeado por un ejército feroz y le dijo al pueblo de Dios, Esforzaos y animaos; no temáis ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. Con él está el brazo de carne, pero con nosotros está Jehová, nuestro Dios, para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo tuvo confianza… (2 Crónicas 32:7-8).
               Los santos del Antiguo Testamento descansaron en la visión que tenían de un Dios grandioso cuyo ejército todopoderoso, invisible, estaba agrupado y listo para protegerlos. David con alarde dijo, Los carros de Dios son veinte mil, y más millares de ángeles. El Señor entre ellos… (Salmo 68:17). De acuerdo con el salmista, ellos están listos para nosotros: Jehová es tu guardador (121:5).
                No nos protegemos de lo malvado por medio de nuestro propio poder; no batallamos con Satanás en nuestra propia fuerza. El Señor de los ejércitos debe de guardarnos. Escuche lo que dice la Biblia: Envió desde lo alto y me tomó, me sacó de las muchas aguas. Me libró de mi poderoso enemigo…pues eran más fuertes que yo (Salmo 18:16-17).
               En Judas, se nos promete, A aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría (Judas 24).


 






11/16/2014

Guardados

               Una historia apasionante del Antiguo Testamento en 2 Reyes 6 ilustra muy bien lo que significa ser guardado por el poder de Dios. Ben-Adad, rey de Siria, declaró guerra contra Israel y marchó contra ellos con un gran ejército.
               Mientras avanzaban, él llamaba muy seguido a sus consejeros de guerra a su aposento privado para planear las estrategias para el próximo día. Pero el profeta Eliseo seguía mandando mensajes al Rey de Israel, detallando cada movimiento de las tropas enemigas. De hecho, en varias ocasiones, los israelitas escaparon de ser vencidos debido a las advertencias de Eliseo.
               Ben-Adad estaba furioso y llamó a sus siervos. “¡Díganme quién es el que está revelando nuestros planes al Rey de Israel! ¿Quién es el traidor?” Los sirvientes le dijeron, No es lo que piensas, mi señor. No hay traidor en el campamento ni en tu corte; todos somos fieles – leales. El profeta Eliseo, que está en Israel, es el que hace saber al Rey de Israel las palabras que tú hablas en tu habitación más secreta” (2 Reyes 6:12).
               Ben-Adad inmediatamente despachó un ejército de caballos, carros, y soldados a capturar a Eliseo. “Vayan a Dotán y tráiganlo” demandó el rey. Ellos fueron de noche y rodearon la ciudad, con intención de tomar al profeta por sorpresa, pero el siervo de Eliseo despertó temprano. Cuando él vio que el ejército tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros (vs.15), él corrió a su amo con terror y clamó
               ¡Ah señor mío! ¿Qué haremos?” Sonriendo confiadamente, Eliseo respondió, “No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo diciendo: Te ruego Jehová que abras sus ojos para que vea. Jehová abrió entonces los ojos del criado, y este vio que el monte estaba lleno de gente de a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo (2 Reyes 6:16-17).
               Como el Salmista, Eliseo podía ponerse de pie en medio de la crisis y decir con absoluta confianza: No temeré ni a una gran multitud que ponga sitio contra mí. (Salmo 3:6). -  Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado (Salmo 27:3). -  Él redimirá en paz mi alma de la guerra contra mí, aunque muchos estén contra mí (Salmo 55:18). 
                Mi oración es la de Eliseo: “¡Señor, abre nuestros ojos para que veamos y contemplemos las montañas llenas de caballos y carrozas de fuego – del Señor de los ejércitos!


 




11/12/2014

Médico

               Después que la Palabra nos dice que Dios es el que hace cesar las guerras, esto es añadido: Estad quietos y conoced que yo soy Dios… (Salmo 46:10). La palabra hebrea para “quietos” es raphah, la cual significa cesar, dejar tranquilo, volverse débil, impotente. Viene de la palabra raíz rapha la cual significa reparar y ser hecho completo por las manos de un médico.
               Cuán consistente es la Palabra de Dios. Él hace cesar las guerras y hasta que Él termine su trabajo, debemos de cesar nuestros esfuerzos de auto justicia, confiarle todo en sus manos, confesar nuestras debilidades y flaquezas, y confiar nuestro futuro y restauración en las manos de Cristo, nuestro Gran Médico. Amado creyente, ¿Estás tú siendo desgarrado por tu conflicto interior?
               Satanás puede zarandearte, pero él no puede herirte ni destruirte. Más bien tú estás siendo despojado con el propósito de prepararte para recibir una revelación más profunda de la cruz y de esta manera, poder estar listo para ofrecer un mayor servicio a Dios.
               Tú eres como Pedro, el cual fue despojado de todo antes de ir al Pentecostés. Mira a este gran hombre de Dios caminando sin rumbo en las colinas de Jerusalén –completamente abatido. Pedro caminó sobre las aguas una vez y ayudó a alimentar milagrosamente a multitudes. Él experimentó la actual gloria de Dios y fue un siervo usado, bendecido, prominente, y amado de Cristo.
               Pero él pecó gravemente, fallándole al Señor como pocos lo han hecho, y después, lloró y se afligió pensando que había perdido su salvación y su ministerio. “¿Qué está mal dentro de mí?,” debió de haberse preguntado una y otra vez. “¿Por qué no tuve poder o fuerzas cuando fui tentado? ¿Por qué no tuve la reserva moral - la voluntad para resistir al enemigo? ¿Por qué tuve que ser yo el que fallara? ¿Cómo puede un hombre de Dios hacerle tan horrenda cosa a su Señor? ¿Cómo pude haberles predicado a otros cuando yo no tengo poder en medio de mi crisis?”
               Dios no causó la caída de Pedro, pero un gran bien vino como resultado de la misma. Era parte del proceso de despojo que tenía que pasar este hombre de Dios – permitir que se revelara lo que estaba arraigado profundamente en su hombre interior.
               Sólo el fracaso podría exponer su orgullo y auto suficiencia. El fracaso abatió a Pedro y le reveló su necesidad de depender absolutamente en su Señor para todo, incluyendo su pureza y rectitud. ¡Es en la sombra de la cruz que podemos soportar nuestras tentaciones y fracasos más grandes, para luego salir a la resurrección! 








11/08/2014

Atracciones

               La meta fundamental que Dios tiene para con todos sus hijos es una vida abundante. Él nunca tuvo la intención de que nosotros viviéramos enfocados en nuestros pecados y fracasos. La buena noticia es que servimos a un Dios de amor absoluto – un Dios de misericordias el cual desea llevar a sus amados hijos a un lugar superior a todas sus angustias.
               Pero nosotros no podemos tomar nuestro lugar, sentados con Cristo en los lugares celestiales, hasta que nos identifiquemos totalmente con su muerte y resurrección. No puede haber una brecha hacia una vida ascendida sin haber experimentado primero la muerte en la cruz.
               El Espíritu Santo ha puesto dentro de nosotros el conocimiento de que no podemos vivir verdaderamente hasta que muramos por completo. Pareciera que tenemos entendimiento acerca de nuestra cita con la muerte, un destino que tiene que ver con la cruz de Cristo.
               Observa dónde nos encontramos actualmente, nuestros temores, vacíos, soledad, fracasos, y cómo estamos cediendo al pecado. Considera cuán poco realmente poseemos de la paz que el Señor nos prometió. Nos hemos quedado muy lejos de lo que un cristiano victorioso debiera ser.
                Sin embargo, sabemos que la Palabra de Dios habla claramente de victoria, paz y liberación del dominio del pecado. Hemos visto algunos cristianos que han podido lograr entrar a esa hermosa vida de seguridad y quisiéramos preguntarles: ¿Cómo pudo usted llegar a esa victoria?
                Y luego nos preguntamos cómo podemos nosotros lograrlo. El Espíritu Santo debe traernos a la cruz y hacernos enfrentar la realidad de morir al mundo y al pecado. El momento en que comencemos a buscar al Señor diligentemente con un deseo de someternos a su señorío en todas las cosas, entonces seremos atraídos irresistiblemente por el Espíritu. Seremos llevados hasta el final de nosotros mismos, despojados, debilitados, y sin confianza en nuestra carne.
               Creo que todos estamos convencidos que el Espíritu Santo está trayendo a su iglesia de vuelta a las gloriosas verdades de identificarse con la vida de Cristo en muerte, resurrección y ascensión. La muerte puede ser muy aterradora, especialmente si tú no puedes ver la gloria al otro lado de ella. Pero Cristo nos asegura de su amor perpetuo a pesar de nuestros fracasos, y nos da paz y el gozo de su vida de resucitada.


 






11/01/2014

Caídas



Se dice y se enseña que los cristianos suelen ser probados por sus caídas y sus fracasos. De hecho, en muchos casos quizás sea así, pero con eso no podemos decir que los cristianos que caen en viejos pecados y
regresan al mundo están siendo probados.
No, más bien se está hablando de aquellos creyentes que enfrentan un naufragio en su fe. Pedro advirtió: Cuidado, no sea también vosotros, siendo arrastrados por el error de los malvados, caigáis de vuestra firmeza (2 Pedro 3:17). Pedro está alertando a los creyentes que están creciendo en santidad y quienes están dispuestos a seguir al Señor.
Algunos de ustedes pudieron haber sufrido una caída a pesar de todo el progreso que habían hecho con el Señor. Si se les preguntara qué causó su caída, tal vez podrían responder: “No lo sé, creo que fue un ataque de ira. Fui provocado por mi propia familia y estallé. No lo puedo entender. Pensé que me estaba convirtiendo en una persona un poco más dulce, un poco más como Jesús. Pero alguien apretó el botón equivocado y perdí”. Tú puedes decir: "Yo soy humano. ¿Cuánto se supone que debo aguantar?"
No importa que tú hayas sido provocado o incluso que hayas tenido la razón en esa riña. La provocación simplemente demostró que tú necesitas liberación. La Escritura dice: "Toda amargura, cólera, ira, gritería [pelea], y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda [rencor] maldad" (Efesios 4:31). Dios va a continuar probándote hasta que tú digas: "Tengo un espíritu en mí que va a lograrlo."
Tú no verás un crecimiento en Cristo y paz en el hogar o en el trabajo, hasta que puedas decir: "Señor, tienes toda la razón, ¡saca de mi lo que tengas que sacar!" Si tú estás siendo probado en esta área o en cualquier otra según tu situación, tú puedes estar pensando: "Me siento tan indigno. ¿Cuánto terreno he perdido? ¿Todavía me ama El Señor?"
Amado hermano o hermana, si realmente te has arrepentido, tú no has perdido absolutamente ningún terreno. Dios pone sus brazos amorosos a tu alrededor y dice: "Yo permití que esto pasara para que veas lo que hay en tu corazón. Pero has avanzado. Has dicho que quieres caminar conmigo, y yo te estoy enseñando. Sé lo que hay dentro de ti y permitiré que seas provocado hasta que te deshagas de todo esto." ¿Estás tú siendo probado? Si es así, simplemente ora: "Señor, has puesto el dedo dentro de mí en algunas áreas, saca todo esto de mi corazón ¡Fortaléceme Señor para que no dé pasos hacia atrás sino que vaya contigo hacia adelante!"