3/28/2015

Obstáculos

               Y (Abraham) no se enflaqueció en la fe, ni consideró su cuerpo ya muerto (siendo ya de casi cien años), ni la matriz muerta de Sara (Romanos 4:19). La esencia de la verdadera fe se encuentra en este versículo. Dios le acaba de prometer a Abraham que tendría un hijo, el cual sería la semilla de muchas naciones.
                Asombrosamente, Abraham no se turbó al recibir esta promesa, aun sabiendo que ya había pasado la edad de procrear hijos. En lugar de eso, cuando Abraham recibió esta palabra de Dios, la Palabra nos dice que “no consideró su cuerpo como muerto (ni)… la matriz muerta de Sara.” Para la mente natural, era imposible que esta promesa se cumpliera. Pero Abraham no se resguardó en ninguna de estas imposibilidades. Según Pablo, el patriarca no se preocupó en cómo Dios haría para mantener su promesa.
               Él no razonó con Dios, “Pero Señor, no tengo semillas para plantar. Y Sara no tiene vida en su matriz para poder concebir. Mi esposa ya no tiene la habilidad para tener hijos. Así que, ¿cómo le harás Señor?” En lugar de hacerse esas preguntas, Abraham simplemente “no las consideró.” El hecho es que cuando Dios está trabajando para producir en nosotros una fe que es probada y que es mejor que el oro, primero él pone una sentencia de muerte a todos los recursos humanos. Él cierra la puerta a todo razonamiento humano, dejando a un lado cada manera de liberación racional.
               La fe que agrada a Dios nace en un lugar de mortandad. Estoy hablando aquí de la mortandad de todas las posibilidades humanas. Es un lugar donde los planes hechos por los hombres florecen en un principio pero luego mueren. Es un lugar donde las esperanzas humanas traen un alivio temporal pero luego se derrumban,
aumentando el sentimiento de desesperación.
               ¿Has estado alguna vez en ese lugar de mortandad? ¿Te ha parecido que ya no había opciones? En ese lugar tú no puedes llamar a nadie para que te aconseje. Los cielos parecen ser de bronce cuando oras y tus peticiones se caen al suelo. Yo te confirmo que ese es Dios trabajando. Su Espíritu está trabajando para que tú dejes de considerar las imposibilidades – para que dejes de mirar las maneras y los recursos humanos – para que dejes de usar tu astucia para salir de tu situación.
               El Espíritu Santo te está exhortando urgentemente por medio de las siguientes palabras: “Deja de buscar la ayuda de algún hombre. Y deja de enfocarte en cuán desesperante crees que es tu situación. Estos son obstáculos para tu fe.”





3/21/2015

Tiempo

               Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias (Filipenses 4:6). Yo creo que la oración mezclada con fe es la respuesta para todo. Pablo dice aquí, “en toda oración” - que significa, “oren por todo. Y den gracias que vuestras peticiones serán escuchadas y respondidas.”
               Se nos dice que oremos como nuestra primera opción, no después de que hemos intentado todo lo demás en vano. Buscad primero el Reino de Dios (Mateo 6:33). Muchos cristianos hoy día están siendo saqueados por Satanás. Sus hogares están siendo agitados. Muchos están siendo inundados de miedo y culpa, y se encuentran con problemas por todos lados. Los conflictos que leemos en los correos que son enviados a nuestro ministerio son abrumadores.
               Sin embargo, la realidad es que muy pocos creyentes que están enfrentando dificultades buscan al Señor en ferviente oración. Actualmente no muchas personas dedican un tiempo exclusivo, consistente y diario de oración con Dios. Muy a menudo, la desesperación se establece en ellos debido a que no van al lugar secreto a descargar sus almas y a vaciar sus penas ante el Señor.
               En lugar de esto, les cuentan todos sus problemas a sus amigos, pastores, consejeros – y descuidan al Señor, quien los espera para estar a solas con ellos. Oramos como último recurso. ¿Podrá Dios estar entristecido con esta generación de la misma manera que lo estaba con Israel? Él dijo sobre ellos, Mi pueblo se ha olvidado de mí por innumerables días (Jeremías 2:32).
               Dios se complace cuando corremos a él primero, cuando nos damos un tiempo especial para estar con él, derramando nuestros sentimientos profundos y exponiendo nuestras peticiones delante de él. No tenemos derecho a decir que amamos al Señor si no pasamos tiempo regularmente con él. Él escuchará nuestras oraciones y las contestará.
               Pero él necesita que tú estés con él a solas para que él pueda hablarte en un momento de silencio. Mientras vas diariamente a la santa presencia del Señor, tu petición más constante tiene que ser que el Espíritu Santo te abra a la Palabra de Dios con el fin de ser un verdadero oráculo para él. Yo confío en él, en que mis mensajes dirigidos a su cuerpo serán edificantes, convincentes y que provocarán a los creyentes a caminar en justicia. Dedica un tiempo de calidad con él, confiándole a él todas tus peticiones.






3/14/2015

Altura

               Cuando Adán pecó, él trató de esconderse de Dios. Cuando Pedro negó a Cristo, él tenía temor de encararlo nuevamente. Cuando Jonás rehusó predicar en Nínive, su temor lo impulsó hacia el océano, para huir de la presencia del Señor.
               Algo peor que el fracaso es el temor que viene junto con él. Adán, Jonás y Pedro se alejaron de Dios no porque habían perdido su amor por él, sino porque tenían temor de que él estuviera demasiado enojado con ellos como para comprenderlos. El acusador espera como un buitre a que tú falles de alguna manera.
               Entonces él usa cada mentira del infierno para hacer que tú desistas, para convencerte que Dios es muy santo, o que tú eres muy pecador como para poder ir a él. También el acusador te puede hacer pensar que no eres lo suficientemente perfecto o que nunca podrás superar tu falla.
               Tomó cuarenta años quitarle el temor a Moisés y hacerlo apto para ser usado en el propósito de Dios. Si Moisés o Jacob o David se hubiesen resignado a haber fallado, tal vez nunca más hubiésemos escuchado de ellos. Pero Moisés se levantó y continuó, llegando a ser uno de los héroes más grandes de Dios.
                Jacob confrontó sus pecados, se reunió con el hermano al que había engañado, y alcanzó nuevas alturas de victoria. David corrió a la casa de Dios, encontró perdón y paz, y retornó a su mejor etapa. Jonás volvió sobre sus pasos, hizo lo que se había rehusado a hacer, y llevó a toda una ciudad al arrepentimiento.
               Pedro se levantó de las cenizas de su negación para liderar una iglesia al Pentecostés. Todos, irremediablemente, hemos vivido en algún momento de nuestras vidas esa horrible sensación que produce el fracaso. De eso, quiero entender, no se escapará nadie. Lo que sí interesa de verdad, es cómo vas a reaccionar ante el fracaso.
                Recuerda que no es importante la profundidad del hoyo en el que te caes, sino la altura a la que vas a elevarte luego de salir de él. En el fondo de cada pozo de fracaso, hay un resorte que espera que tu caigas sobre él para impulsarte hacia arriba con más fuerza de la que traías al caer. Sólo debes creer que puedes salir, y saldrás; porque según el hombre piensa, el hombre es.









 



3/07/2015

Rostro

               Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios  (Éxodo 34:35).
               El rostro de una persona es la expresión externa de lo que está en su corazón. Cuando la revelación de la gloria de Dios se hizo real a Moisés, ¡Su misma mirada cambió! Pablo testificó: Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase... (Gálatas 1:15-16).
               Pablo estaba diciendo: "Tengo dentro de mí mucho más que algo de doctrina que alguien planteó, más que un simple conocimiento intelectual de Cristo. Tengo una revelación de quién es Cristo, una revelación de Su gracia, misericordia y amor. Y esta revelación se ha convertido en la fuente misma de todo lo que soy y hago. ¡Es la esencia misma de mi vida!" La revelación de la gloria de Dios es, en verdad, maravillosa.
               Sin embargo, muchos han convertido esa misma revelación en una licencia para pecar. Judas describe a las personas que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo (Judas 4). Según Pablo, estas personas pecan para que la gracia abunde (Romanos 6:1). Ellos están diciendo, en esencia: "Si Dios ama el expresarse a través de la misericordia y el perdón, entonces yo voy a darle todas las oportunidades. Voy a pecar y dejar que me siga amando, para que la gracia fluya. ¡Qué testimonio al mundo será eso! Seré el objetivo de todo ese amor que desciende del cielo".
               Tales personas son fáciles de detectar. Su semblante los delata. Isaías habló de israelitas que han sido contra Jehová para irritar los ojos de su majestad. La apariencia de sus rostros testifica contra ellos (Isaías 3:8-9). El profeta estaba diciendo: "Sus pecados testifican contra ustedes en su propia apariencia. Lo que está en sus corazones va a revelarse en sus rostros".
               Por otro lado, incluso el más duro de los pecadores puede decir que has "estado con Jesús" ¿Cómo se dan cuenta? ¡Ellos te ven como alguien distinto! Dicen: "Tú eres diferente. Te conduces con una humilde seguridad y nada de ti parece oculto. No tienes secretos y no pareces llevar ningún rencor o amargura.
               Si no fuera así, lo sabría. ¡Tu vida es un libro abierto!" El pecado, sin embargo, lleva cierta apariencia. Ninguna sonrisa lo puede encubrir y su voz tiene el sonido del vacío, el eco de un metal que resuena, de un címbalo que retiñe. Aquellos que se han apropiado de la gloria de Dios están siendo cambiados todos los días. ¡Su semblante se está volviendo más y más como el de Jesús!


 


3/05/2015

Dirección

               Es habitual y frecuente que a este y a otros ministerios, haya gente que escribe diciendo, “No tengo con quién hablar, nadie con el que pueda compartir mis penas. Nadie tiene tiempo de escuchar mi llanto. Necesito a alguien con quien pueda descargar mi corazón.” Escucha: El rey David estaba rodeado de gente. Él estaba casado, con una familia grande, y tenía muchos acompañantes a su lado. Pero también escuchamos el mismo clamor de David: “¿A quién iré?”
               Está en nuestra naturaleza necesitar a otro ser humano con rostro, ojos y oídos para escucharnos y aconsejarnos. Cuando Job se sintió abatido por sus pruebas, él clamó con dolor: ¡Quién me diera ser escuchado! (Job 31:35). Él pronunció este clamor mientras estaba sentado frente a sus “amigos.” Pero esos amigos no tenían compasión por los problemas de Job. En lugar de eso, eran mensajeros de desesperación. En su dolor, Job buscó sólo al Señor: En los cielos está mi testigo y mi testimonio en las alturas...Disputadores son mis amigos, mas ante Dios derramaré mis lágrimas (Job 16:19-20).
               En los Salmos, David urge al pueblo de Dios a hacer lo mismo: Pueblos, ¡esperad en él en todo tiempo! ¡Derramad delante de él vuestro corazón! ¡Dios es nuestro refugio! (Salmo 62:8). David también escribió en el Salmo 142: Con mi voz clamaré a Jehová; con mi voz pediré a Jehová misericordia. Delante de él expondré mi queja; delante de él manifestaré mi angustia. Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conocías mi senda. En el camino que andaba, me escondieron lazo. Mira a mi diestra y observa, pues no hay quien quiera conocer. ¡No tengo refugio ni hay quien cuide de mi vida! Clamé a ti Jehová; dije: ¡Tú eres mi esperanza y mi porción en la tierra de los vivientes! (142:1-5).
               Yo creo en mi corazón que este mensaje es una invitación del Espíritu Santo a encontrar un lugar privado donde tú puedas frecuentemente vaciar tu alma al Señor. David “expuso (vació) su queja” y tú puedes hacerlo también. Tú puedes hablar con Jesús sobre todas las cosas – tus problemas, tu prueba presente, tus finanzas, tu salud – y dile qué tan abatido te encuentras, y aún qué tan desanimado estás.
               Él te escuchará con amor y compasión, y no desechará tu llanto. Dios le contestó a David. Él le contestó a Job. Y por siglos él ha contestado el clamor de cualquier corazón que confía en sus promesas. De igual manera, él ha prometido escucharte y guiarte. Verdaderamente, él ha prometido con juramento ser tu fortaleza. Ve a él, y saldrás renovado.
               Porque si vienes a mí o a otros ministros, seguramente estaremos contigo acompañándote, orando por ti y hasta sintiendo tu carga sobre nuestros hombros, pero ¿Sabes qué? Ambos deberemos esperar en el Señor, único lugar de donde vendrá la verdadera ayuda.