1/31/2015

Certezas

               Es por nuestro propio beneficio que Dios nos dice que recordemos. La memoria de nuestras liberaciones pasadas nos ayuda a incrementar nuestra fe ante lo que estamos viviendo en este momento. ¿Estás enfrentando una crisis? ¿Tienes algún problema amenazante en casa, en el trabajo o en tu familia? La única manera de enfrentar a un gigante es como lo hizo David: recuerda al león y al oso.
               Así es como David pudo ir en contra de Goliat sin temor: Recordando la fidelidad de Dios hacia él en sus crisis pasadas. Cuando David se ofreció a pelear contra Goliat: Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él…David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca…Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos (1 Samuel 17:33-36).
               David conocía el peligro que enfrentaba ante Goliat. El no era un novicio o un muchacho ingenuo que de pronto se armó de bravura y quiso buscar pelea. No, David estaba simplemente recordando sus liberaciones pasadas. Y ahora, él miraba a su enemigo directamente a los ojos y le dijo: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo (1 Samuel 17:37).
               Multitudes del pueblo de Dios, hoy están enfrentando a gigantes por todos lados. Sin embargo, muchos son intimidados. ¿Esto te describe a ti? ¿Te has olvidado acaso de aquella ocasión en la que enfermaste tanto que estuviste cerca de la muerte pero el Señor te levantó? ¿Te acuerdas de aquel desastre económico que te hizo pensar: “Esto se acabó, estoy en la ruina”, pero el Señor te vió a través de ello y te ha guardado hasta el día de hoy?
               Hay muchas cosas que no entendemos y no las comprenderemos hasta que estemos en casa con Jesús. Pero yo absolutamente creo que Dios puede sanar y que Él tiene una salida para cada situación. La pregunta para nosotros es: “¿Dónde encontramos la fe, el valor, para ponernos de pie y obtener victoria en Él? Esto solamente se logra al recordar al león y al oso.
               Ello sucede cuando tú eres capaz de recordar la increíble fidelidad de Dios y las victorias que Él te dio en el pasado. Tú no podrás enfrentar a un gigante hasta que seas capaz de asimilar y entender la majestad y la gloria de Dios en tu vida.


 


1/24/2015

Promesas

               Nuestra gran necesidad de paciencia se repite a lo largo del libro de Hebreos: Cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo diciendo....Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa. (Hebreos 6:13-15). - A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas (6:12). - Pues os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa (10:36). 
               Dios nos ha dado maravillosas promesas -romper toda atadura del pecado, darnos poder para vencer todo dominio del pecado, darnos un nuevo corazón, limpiarnos y santificarnos, conformarnos a la imagen de Cristo. Su palabra nos asegura, A aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría (Judas 24). 
               No obstante, Dios hace todas estas cosas en su tiempo, acorde a su itinerario divino. Él no tiene fechas límite que lo presionen. Él ignora todas las demandas que apelan a una cura instantánea y total. En resumen, la verdadera fe demanda de nuestra parte que pacientemente esperemos en el Señor. Nuestra respuesta a Él debiera ser, “Señor, yo creo que tú eres fiel a tu Palabra. Y por el poder de tu Espíritu dentro de mi, voy a esperar pacientemente hasta que hagas que estas cosas sucedan en mi vida. Mi responsabilidad es permanecer en la fe, esperando en ti.” 
               Tal vez tú soportarás terribles tribulaciones y tentaciones. E incluso  podrás escuchar horribles mentiras que Satanás te suspirará al oído. En ocasiones, podrás fallar. Es más, tú podrás preguntarte si algún día alcanzarás la meta. Sin embargo, mientras soportes tus aflicciones, si simplemente te agarras de tu fe con paciencia -confiando en que Dios está obrando, guardando su Palabra, siendo Jehová Tsidkenu—Él lo verá como justo. 
               Él ha hecho un juramento, “Por fe, recibirás la promesa.” Pablo nos brinda lo que Dios define como justo en Romanos 4:20-23: “[Abraham] Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Por eso, también su fe le fue contada por justicia. Pero no solo con respecto a él se escribió que le fue contada. 
               La Biblia no lo puede dejar más claro. La justicia es creer en las promesas de Dios, estar completamente convencidos de que Él cumplirá su palabra. De manera contraria, la incredulidad es tambalearse ante sus promesas, dudar que Dios hará lo que prometió. 



 


1/17/2015

¿Memoria?

               ¡Cuán rápido olvidamos las grandes liberaciones de Dios en nuestras vidas! ¡Cuán fácil tomamos por sentado los milagros que Él obró en nuestras vidas! Sin embargo, la Biblia nos dice vez tras vez: “Recuerda tus liberaciones”. ¡Somos tan parecidos a los discípulos! Ellos no entendían los milagros de Jesús cuando sobrenaturalmente alimentó a miles con tan sólo unos cuantos panes y peces. Jesús hizo este milagro dos veces, alimentando a 5,000 personas en una ocasión y a 4,000 en la siguiente.
               Pocos días después, estos eventos desaparecieron de la memoria de los discípulos. Ello sucedió cuando Jesús les advertía sobre la levadura de los fariseos. Los discípulos pensaron que Él había dicho esto porque ellos se habían olvidado de traer el pan para el viaje. Pero Cristo les respondió: ¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas recogisteis? ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis? (Mateo 16:9-10).
               Según Marcos, Cristo estaba impresionado de cuán rápido habían olvidado los discípulos. Jesús dijo: ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón? ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis? Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿Cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? (Marcos 8:17-19).
               ¿Qué nos dicen estos pasajes? Es claro que ninguno de los discípulos se detuvo a considerar lo que estaba llevándose a cabo mientras las milagrosas multiplicaciones de pan sucedían. Intente imaginar a estos hombres caminando entre las multitudes llevando canastas, repartiendo los panes y los peces que fueron multiplicados milagrosamente frente a ellos. Uno pensaría que dichos discípulos caerían postrados clamando: “¿Cómo puede estar sucediendo esto?
               Es simplemente asombroso. Esto va más allá de toda explicación humana. Oh Jesús, verdaderamente Tú eres Señor”. Me los puedo imaginar animando a la gente que servían: “Tomen, deléitense en esta comida milagrosa, enviada de la misma gloria. Jesús la ha provisto”. Los discípulos vieron estos milagros con sus propios ojos, no obstante, su relevancia no quedó registrada en ellos. Los discípulos no entendieron los milagros, así como nosotros olvidamos los prodigios de Dios en nuestras vidas.
                Las liberaciones de ayer son rápidamente olvidadas ante la crisis de hoy. A través de ambos Testamentos, podemos leer: “Recuerden el brazo del Señor, poderoso para obrar milagros a favor de ustedes. Recuerden todas sus liberaciones del pasado”. Consideren la exhortación de Moisés a Israel después del milagro del Mar Rojo: Moisés dijo al pueblo: Tened memoria de este día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, pues Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte… (Exodo 13:3) La pregunta, entonces, hoy, es: ¿Te has olvidado de tus liberaciones?






1/10/2015

Mirada

               Normalmente me cuentan algunos seguidores de nuestra Web, algo que yo mismo he experimentado antes, con otros ministerios. Me dicen: “Luego de leer o escuchar estas cosas, ya no podemos jamás volver a lo de antes”. Es así. Una vez que recibimos la revelación de la gloria de Dios, no podemos seguir con nuestra pasada manera de vivir, de pensar y hasta de tratar a los demás.
               Todo eso debe cambiarQuítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo (Efesios 4:31-32).
               Dios nos está diciendo a través de Pablo: "Ustedes han visto Mi gloria y conocen Mi naturaleza y carácter, que soy misericordioso, pronto para perdonar. ¡Ahora, Yo quiero que ustedes expresen a otros lo que Yo soy! " A pesar de que Moisés tuvo esta revelación de la gloria de Dios, en un punto, no la representó correctamente ante el pueblo. Perdió la paciencia con Israel a causa de la desobediencia de ellos y golpeó airadamente una roca con su vara, como si dijera: "¡Ustedes son un montón de rebeldes de dura cerviz!"
               Dios no lo tomó amablemente en absoluto. Una vez que Él te revela Su gloria, Su benignidad, Su bondad, Su gracia y Su misericordia, Su paciencia no soportará que tú tergiverses Su gloria a los demás. Moisés había representado incorrectamente dicha gloria a Israel, y, como resultado, Moisés, una de las figuras más humildes y piadosas del Antiguo Testamento, fue privado de la plenitud de Dios. ¡No se le permitió entrar en la Tierra Prometida!
               Encontramos otra ilustración de esto en una de las parábolas de Jesús. Él habla de un siervo al que le había sido perdonada una gran deuda por su amo. El amo demostró una increíble bondad, gracia y perdón a este hombre. Sin embargo, tan pronto como este siervo fue perdonado, halló a un hombre que le tenía una pequeña deuda y comenzó a asfixiar al deudor hasta que le pagara.
               El mismo que había experimentado un gran amor y perdón no mostró misericordia a cambio. Jesús está diciendo en esta parábola: "¡Estás representando incorrectamente el amor del Padre! Él te ha tocado con Su increíble gloria a través de Su bondad y del perdón de tus pecados. Sin embargo, ahora que has visto Su gloria, la estás tergiversando ante el mundo". Esto se resume en el mandamiento de Pablo: Sean misericordiosos con los demás, así como Él ha sido misericordioso con ustedes.




















1/07/2015

Olvido

               Jesús nos dice: De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida (Juan 5:24).
               La palabra griega que Jesús usa aquí para condenación es juicio. Él está diciendo, "Si crees en mí, no vendrás a juicio, sino que pasarás de la muerte a la vida." En efecto, la Escritura nos dice de principio a fin que una vez que el Señor perdona nuestros pecados, Él los borra de su memoria.
               Yo, Yo Soy el que borro tus rebeliones por amor de mí, y no me acordaré de tus pecados (Isaías 43:25).
               Yo deshice como a una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados: vuelve a mí, porque yo te redimí (Isaías 44:22).
               Yo les perdonaré su iniquidad, y no me acordaré más de su pecado (Jeremías 31:34).
               Yo seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré sus pecados ni de sus iniquidades (Hebreos 8:12).
               Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice Jehová el Señor. Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, y de sus pecados e iniquidades no me acordaré más (Hebreos 10:16-17).
               El volverá, a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará todos nuestros pecados a las profundidades del mar (Miqueas 7:19).
               Aquí hay abundancia de buenas noticias para todos los cristianos que alguna vez hayan sudado, que se hayan esforzado y trabajado para morir a las obras de la carne en sus propias fuerzas. ¿Esto te incluye a ti? ¿Cuántas promesas le has hecho a Dios sólo para romperlas? ¿Cuántas veces has tratado de complacer al Señor luchando para abandonar tu propia lujuria y hábitos para fallar una vez más?
               En el libro de Miqueas encontramos una buena noticia para ti: Yo, El Señor, someteré todas tus iniquidades. Dios nos da ejemplos tras ejemplos de cómo Él borra los pecados de su memoria. Él los elimina, no se acuerda más de ellos, los entierra en el mar.
               Cuando Dios dice que Él los "somete" significa que los persigue y captura. Isaías incluso nos dice que Dios toma nuestros pecados y los lanza por encima de su hombro. Porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados (Isaías 38:17). Esto significa que Dios nunca mirará nuestros pecados o los reconocerá otra vez. Ahora déjame preguntarte, si Dios se olvida de nuestros pecados,
               ¿Por qué nosotros no? ¿Por qué siempre le permitimos al diablo desenterrar algo del estiércol o del fango de nuestro pasado y ondearlo en nuestra cara, cuando todos nuestros pecados ya han sido cubiertos por la sangre de Cristo? La limpieza y el poder de perdonar en la sangre de Cristo lo abarca todo. ¡Cubre nuestra vida entera!