2/28/2014

Rendición

               Dios comienza el proceso de rendimiento a Él derribándonos de nuestro pedestal. Esto le sucedió a Pablo. Él estaba en camino hacia Damasco, seguro de sí mismo, cuando una luz cegadora vino del cielo. Pablo fue derribado al suelo, temblando.
               Luego una voz habló desde el cielo diciendo, Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hechos 9:4). Pablo sabía que algo le faltaba a su vida. Pablo tenía un conocimiento de Dios, pero no tenía una revelación directa de parte de Él. Ahora de rodillas, él escuchó estas palabras del cielo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues (9:5). Estas palabras volcaron el mundo de Pablo de arriba a abajo.
               Las Escrituras dicen, Él [Pablo] temblando y temeroso, dijo: “Señor, ¿qué quieres que yo haga? (9:6). La conversión de Pablo fue una obra increíble del Espíritu Santo. Pablo estaba siendo guiado por el Espíritu Santo hacia una vida rendida a Dios. Pablo preguntó, “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”, y su corazón clamaba, “Jesús, ¿cómo puedo servirte? ¿Cómo puedo conocerte y complacerte? Nada me importa más. Todo lo que he hecho en mi carne es basura. Ahora tú eres todo para mí.”
               Pablo no tenía ninguna otra ambición, ninguna otra fuerza dominante en su vida sino ésta: Para ganar a Cristo (Filipenses 3:8). De acuerdo a las normas de éxito de hoy día, Pablo fue un fracaso total. Él no construyó ningún edificio. Él no tuvo una empresa. Y los métodos que él usó fueron rechazados por otros líderes. De hecho, el mensaje que Pablo predicó, ofendió a un gran número de las personas que lo escucharon. A veces, hasta lo apedrearon por predicarlo. ¿Cuál era el tema de su predicación? La cruz.
               Cuando estemos delante de Dios en el juicio, no seremos juzgados por nuestros ministerios, logros o el número de convertidos. Sólo habrá una medida de éxito en aquél día: ¿Estaban nuestros corazones completamente rendidos a Dios? ¿Pusimos a un lado nuestra propia voluntad y planes, y aceptamos los de Dios? ¿Sucumbimos a la presión de otros para formar parte de la multitud o lo buscamos sólo a él para que nos diera dirección? ¿Corrimos de seminario en seminario buscando propósito para nuestras vidas o encontramos nuestra realización en él?  
               Yo sólo tengo una ambición y ésta es aprender más y más para decir sólo aquellas cosas que el Padre me dé. Nada de lo que yo diga o haga de mí mismo vale algo. Yo quiero poder proclamar, “Yo sé que mi Padre está en mí porque hago su voluntad.” ¿Cuántos comparten este sentir de rendición?


 






2/25/2014

Rendidos

“Rendir.” ¿Qué te dice esta palabra? En términos literales, rendir significa “desprenderse de algo y entregárselo a otra persona.” También representa despojarse de algo que te ha sido otorgado. Esto puede incluir tus posesiones, tu poder, tus metas, y aún tu vida. Los cristianos hoy en día escuchan mucho acerca de la vida rendida a Dios. Pero, ¿qué significa eso con exactitud? 
Se refiere al acto de entregarle a Jesús la vida que él te ha otorgado. Es renunciar al control, a tus derechos, poder, dirección, a todas las cosas que tú haces y dices. Es entregar tu vida por completo a las manos de Jesús para que él haga como le plazca. Jesús mismo vivió una vida rendida: He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió (Juan 6:38).  - Pero yo no busco mi gloria (8:50). 
Jesús nunca hizo nada por sí mismo. Él no se movió ni habló ninguna palabra sin ser instruido por el Padre. …nada hago por mí mismo, sino que, según me enseñó el Padre, así hablo…porque yo hago siempre lo que le agrada (8:28-29). El rendimiento completo de Jesús al Padre es un ejemplo de cómo debemos vivir. 
Tú podrás decir, “Jesús era Dios encarnado. Su vida ya estaba rendida antes de venir a la tierra.” Pero la vida rendida a Dios no se le impone a nadie, incluyendo a Jesús. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar (Juan 10:17-18).
Jesús nos estaba diciendo, “No se equivoquen. El acto de rendirme al Padre depende totalmente de mí. Yo escojo poner mi vida. Y no lo hago porque algún hombre dijo que lo haga. Nadie está tomando mi vida de mí. Mi Padre me dio el derecho y privilegio de poner mi vida. Él también me dio la libertad de poder pasar esta copa y evitar la cruz. Pero yo elijo hacerlo por amor y porque me entrego totalmente a él.” 
Nuestro Padre celestial nos ha dado a todos el mismo derecho: el privilegio de escoger una vida rendida a Él. Nadie es forzado a entregar su vida a Dios. El Señor no nos hace sacrificar nuestra voluntad y entregarle nuestra vida a él. Él libremente nos ofrece una Tierra Prometida, llena de leche, miel y fruta. Pero nosotros podemos elegir no entrar a ese lugar de abundancia. La verdad es que nosotros podemos tener tanto de Cristo como queramos. Al vivir totalmente rendidos a su palabra y dirección podremos entablar una relación con él tan profunda como la anhelemos.


 








2/21/2014

Deleite

El Espíritu Santo le dio a David una revelación que es la clave para toda liberación. David pudo decir: La razón por la cual Dios me libró de todos mis enemigos, de todos mis dolores y poderes del infierno, es porque soy preciado para Él. ¡Mi Dios se deleita en mí!, Me sacó a lugar espacioso; Me libró, porque se agradó de mí (Salmo 18:19). ¿Necesitas tú  liberación? ¿Liberación de lujuria, de tentación o de alguna prueba? ¿Liberación de un problema mental, espiritual, emocional o físico? La clave de tu victoria se encuentra en este versículo. Dios se deleita en ti. ¡Tú eres preciado para Dios! 
En el libro Cantar de los Cantares, el Señor dice de su novia: ¡Cuán justa eres y cuán agradable, oh amor deleitoso! (Cantares 7:6). Tres de las palabras hebreas en este verso son sinónimos: justo, que significa "preciado"; agradable, que se refiera a algo "placentero", y deleitoso. Estas palabras describen los pensamientos de Jesús hacia su novia como Él la contempla. Él la mira y dice: ¡Qué hermosa, dulce y encantadora eres. Eres preciada para mí, Oh amor!. A su vez, la novia alardea: Yo soy de mi amado y su deseo es hacia mí (Cantar de los Cantares 7:10). El significado aquí es, "Él corre detrás de mí con deleite. Él me persigue porque soy muy preciada para Él".
Estos mismos pensamientos se encuentran en los Salmos: Se complace Jehová en los que le temen y en los que esperan en su misericordia (Salmo 147:11).  – El Señor tiene contentamiento en su pueblo; hermoseará a los humildes con la salvación (Salmo 149:4). Puedo tratar de convencerte del deleite de Dios en ti al decirte: "Eres preciado para el Señor." Sin embargo, tú puedes pensar: "Eso es dulce. Pero es solamente una idea maravillosa." No, esta verdad es mucho más que un pensamiento maravilloso. Es la misma clave de tu liberación en todas las batallas que arden en tu alma. Es el secreto para entrar en el reposo que Dios te ha prometido. 
Hasta que tú eches mano de esto, hasta que se convierta en un fundamento de verdad en tu corazón, no serás capaz de resistir las pruebas de la vida. Isaías tuvo una revelación del gran deleite de Dios en nosotros. Él profetizó: Oh Israel: No temas, porque yo te redimí, yo te he llamado por tu nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo, y si por los ríos, no te anegarán: cuando pases  por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti (Isaías 43:1 - 2). Isaías no estaba hablando de una inundación o de un incendio literal. Él estaba hablando acerca de lo que la gente pasa mental y espiritualmente. En ese momento Israel se encontraba en cautiverio, sus inundaciones fueron tribulaciones, los incendios fueron tentaciones, sus ríos fueron pruebas. 
Estos fueron todos los intentos de Satanás por destruir y aplastar al pueblo de Dios. Las palabras de Isaías fueron un mensaje de misericordia pura para Israel. La gente estaba en cautiverio a causa de su propia tontería y necedad. Pero Dios les envió un profeta quebrantado de corazón, que dijo: "Dios quiere que les diga que le pertenecen." Ahora mismo, puede que tú estés en medio de tus propias aguas turbulentas. 
Tú puedes sentirte abrumado por una prueba o tentación que amenaza con consumirte. Sin embargo con base en estos ejemplos bíblicos, sólo necesitas comprender que el Señor no siempre calma las aguas; Él no siempre impide las inundaciones o apaga los incendios. No obstante, Él hace esta promesa: "Voy a caminar contigo en medio de todo. Esta prueba o circunstancia no te destruirá. Esto no te consumirá. Por lo tanto, sigue caminando. ¡Conmigo cerca de ti cruzarás al otro lado!" 



 







2/15/2014

Grandeza

               Una vez alguien me hizo esta pregunta: “Hermano, ¿Tú sabes cuán grande es tu Cristo? No supe responderla en ese tiempo y momento. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré (Juan 14:14). Mostramos la magnitud de nuestro Cristo por lo que pedimos en su nombre. Estamos hablando de pedir en grande y esperar grandes cosas. Manifestamos la grandeza de nuestro Cristo por la grandeza de nuestras súplicas.
               Tenemos tan poco de Cristo porque le pedimos tan poco. Limitamos nuestras súplicas a las cosas materiales. Es cierto que debemos dejarle conocer nuestras necesidades. Pero pedir sólo por la alimentación y la vivienda es disminuir nuestra visión de su grandeza. El reino de Dios es "gozo y paz en el Espíritu Santo." Servimos a un Cristo triunfante y estamos llamados a compartir su triunfo.
               ¿Tienes tú gozo y paz en el Espíritu Santo? ¿Tú vas a su trono, pidiendo gozo y paz? ¿Le pides al Padre "en el nombre de Jesús"? Cristo no triunfó para sí mismo. Lo hizo por ti y por mí. Por lo tanto, tomemos los beneficios de ello. ¿Pides ser más a la semejanza de Cristo? ¿Pides con fe, en nombre de Jesús, por las demás promesas de Hebreos? Dios está esperando y deseando más peticiones.
               Pedir "en el nombre de Jesús" es una invitación a participar de la gran bondad de Dios guardada para los que creen y piden en gran medida. Pide hoy un espíritu de regocijo creciente, aún en tus mayores tiempos de dificultad. ¿Y qué acerca de una multitud de 5000 hambrientos en el Nuevo Testamento, cuando Jesús preguntó a sus discípulos lo que debían hacer? En otras palabras: “muéstrenme su plan para alimentarlos”. ¿Qué se puede hacer para enfrentar esta crisis?
                Jesús puso a prueba su fe. Todo el tiempo, ¡Jesús tenía un plan! ¿Quién en esa multitud de personas podría haber concebido el plan de alimentarlos con cinco panes y dos peces? Dios tiene un plan preconcebido para cada situación en tu vida. Tú puedes tratar de pensar de qué modo Dios podría resolver tu crisis; pero la Palabra de Dios nos dice que la mente humana no puede concebir los caminos de Dios. Dios no nos dirá cuál es su plan. Ni siquiera nos dará una pista.
               Él insiste en mantener nuestra fe en sus promesas, su majestad y en los milagros pasados a nuestro favor. Su Palabra para nosotros es: ¡Cree! Tu Dios tiene un camino preparado, y Él tiene el poder para cumplir su plan. A Él le encantaría correr la cortina y mostrarnos a una lo que está pasando en sus caminos invisibles, pero no puede. La fe es la evidencia de lo que no se puede ver.
               No puede haber descanso para nosotros en nuestras pruebas de fuego hasta que estemos plenamente convencidos de que Dios está de pie y listo para hacer lo impensable, lo imposible. Nuestra parte es simplemente confiar que Él llevará a cabo lo que prometió.


 





2/11/2014

¡Canta!

Dando siempre gracias por todo al Dios el Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo (Efesios 5:20). Este tema de dar gracias fue siempre muy importante en la teología conceptual de Pablo; él lo repite tres veces: (1) hablando entre vosotros con salmos, himnos y cánticos espirituales (2) Cantando y alabando en su corazón al Señor, y (3) dando siempre gracias por todo al Dios y el Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo (Efesios 5: 19-20). 
Sin fe no podemos hacer esto como se debe ¡Estamos bajo presión por tantos problemas y angustias! Y por supuesto, Dios no quiere que finjamos. Me parece que Pablo nos ha dado la clave de todo cuando nos dice, "... al Padre". El conocido predicador Juan Calvino dijo que tal canto y acción de gracias es siempre fingido y una hipocresía a menos que estemos plenamente convencidos que Dios es nuestro Padre. Nuestras bocas tiemblan a veces con profundo dolor por lo que no podemos cantar, no tenemos deseo de dar gracias. Horribles circunstancias quiebran nuestro espíritu. 
A veces, el corazón grita: "Señor, ¿realmente esperas que yo cante y componga melodía cuando estoy tan herido?" "Señor, estoy tan agobiado por las preocupaciones ¡apenas puede levantar la cabeza!" "Señor, es duro alabar y cantar himnos en mi corazón…hay demasiado temor, dolor y dudas. Sí, no es fácil responder a esta importante verdad. Dios no es severo con nosotros cuando estamos lastimados. Somos sus hijos. Pero estas palabras se nos dan para encontrar consuelo y alivio en esos momentos. 
Nos centramos tanto en las dificultades que perdemos más allá de nuestra canción; nos desviamos y vamos a la deriva cada vez más lejos de las promesas eternas de Dios. A pesar de todo lo que enfrentamos, nuestro Señor dice: "se siempre agradecido." Llegamos a ser ingratos ignorando lo que Dios ha hecho en el pasado. Nos atragantamos de oraciones sólo por nosotros, nuestras necesidades, nuestras familias, no podemos levantar nuestros ojos al sufrimiento de otros que sufren más que nosotros. 
Realmente, tengo una gran convicción sobre esta palabra de Pablo. Creo que debes enfrentar el mañana decidido a cantar al Señor y darle gracias durante el día entero, por todas las cosas, en todas las cosas. Puede ser una canción inaudible, ya que puede ser débil al principio, pero debe hacerse con poder, por la fe, o no será repetida tres veces. Oh, sí diez mil de aquellos que leen este mensaje se esforzaran en cantar… ¡Que gozo traerían al corazón del Padre! Entonces, podríamos seguir adelante, descansando en la verdad de que Dios ha escuchado el clamor, y que está trabajando en una solución, incluso ahora y cada día… así que podemos seguir dando gracias siempre y nunca dejar de cantar canciones de amor a nuestro precioso Señor y Salvador.


 




2/07/2014

¿Crees?

No son pocos los que alguna vez han tenido una experiencia insólita en su tiempo de meditación con el Señor. Su voz susurrante les ha  preguntado: "¿Todavía crees?" "¿Crees que aún te amo incondicionalmente, que estás ahora siendo guiado por el Espíritu Santo; que yo guardo en mi redoma cada lágrima que estás derramando aquí mismo en este lugar, en esta misma hora, en la perfecta voluntad de Dios?
”¿Crees que todas las cosas siguen trabajando juntas para el bien de los que me aman, que escucho tus oraciones, aun cuando no tienes palabras audibles para expresarlas; cuando todo parece oscuro y abrumador, cuando el miedo se apodera de tu mente y alma y cuando parece que se han cerrado los cielos? "Hijo, ¿Todavía crees que doy de comer a todos los seres vivos: los peces del mar, el ganado, las aves y todos los reptiles? 
¿Todavía crees que tengo contados todos los cabellos de tu cabeza y que tomo nota de todas las aves que han caído sobre la faz de la tierra? ¿De verdad lo crees? "¿Todavía crees aun cuando llega la muerte a tus seres queridos? ¿Crees todavía lo que has testificado, que doy consuelo y fortaleza para enfrentar incluso la tumba? "¿Todavía crees que te amo y que perdono todos tus pecados pasados, tus pecados presentes y que voy a perdonar todos tus pecados futuros si descansas y confías en mí? 
¿Crees que yo entiendo cuando Satanás envía a sus mensajeros en tu contra para implantar mentiras, dudas, blasfemias, miedos y desesperación? "¿Todavía crees que estás en la palma de mi mano, que para tu Salvador eres más precioso que el oro; que la vida eterna es tu futuro, que no hay poder que te puede arrebatar de mi mano y que me conmuevo por cada enfermedad y aflicción que soportas? ¿Todavía crees que estas cosas son verdaderas?" Tu innegable respuesta siempre tiene que ser rotundamente 
¡SÍ! Sí Señor, yo todavía creo todo esto y más, mucho más! Lee todo el Salmo 103 y pregúntate: "¿Todavía lo creo? ¿Creo todo lo que dice?" 




 









 







2/04/2014

Sosiego

Hablo ahora a aquellos creyentes que se ven abrumados por un cúmulo de aflicciones. No sé si alguno de los habituales lectores de este blog pueda estarlo, pero de no ser así, seguramente esto les servirá para brindar ayuda a quienes estén pasando por crisis pesadas. 
El salmista David nos cuenta de su propio ser angustiado por problemas insoportables: Mi corazón está muy dolido en mi interior, todos los terrores de muerte sobre mí han caído. Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto (Salmos 55:4-5).
Si buscas en las Escrituras, tú no encontrarás ningún hombre de Dios que hable tanto acerca de confiar en Dios como lo hizo David. Nadie habló más sobre la búsqueda y la espera en el Señor como fortaleza en tiempos de necesidad. Fue David quien declaró “no temeré… a pesar de que camine por el valle de la muerte”, porque el Señor estaba con él. Pero cayeron sobre David una serie de tribulaciones profundas y dolorosas que sacudieron su fe. 
En uno de sus momentos más difíciles, cuando se encontraba sin esperanza, gritó, "¡Todos los hombres son mentirosos!" Él estaba hablando desde un corazón abrumado por gran pena y tristeza. Todas las palabras de consuelo y esperanza no se habían cumplido, todo parecía como una mentira. David se encontraba bajo un ataque total a su fe. No estaba acusando a Dios de mentir, pero venían voces contra él desde todos los lados. David estaba desesperanzado. 
Él buscó una vía de escape "quien me diera alas como una paloma, yo volaría lejos de toda esta desesperación y encontrar un lugar de descanso”. David estaba en lo cierto: "Temor y temblor caen sobre nosotros", decía, y eso es, quizás, lamentablemente una realidad para mucha gente en este tiempo. 
¿Qué hace el hijo de Dios en momentos de insoportable estrés? Hace lo que hizo David. En cuanto a mí, voy a invocar a Dios, y el Señor me salvará. En la tarde, al amanecer y al mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz. El redimirá en paz mi alma de la guerra contra mí, aunque muchos estén en mi contra (Salmo 55:16-18). 
Ora, deja todo a un lado y entra en la presencia del Señor. Incluso si lo haces en silencio, grita tu dolor y pide que la paz llegue a ti. Tienes que hacer algo más que confiar, debes permanecer en la Palabra de Dios y clamar ante El las promesas que te ha dado.
 Ya lo sé; desde afuera, todo es mucho más sencillo. Pero deberás aprovechar ese afuera para entrenarte, por si acaso alguna vez el Señor permitiera que llegue un desde adentro. Nunca lo olvides; pese a todo, sigues siendo un hijo de Dios.