6/25/2014

Sequedad

               Aunque los ministros les predican a miles, hay veces en que se sienten muy secos, lejos de la presencia tibia de Dios. Cuando están secos y vacíos, no tienen grandes deseos de leer la Palabra y muy poco ánimo para orar. Saben que su fe está intacta y que su amor por Jesús es fuerte, y que no tienen deseos de probar las cosas de este mundo.
               Pero hay veces que no pueden tocar a Dios por días, aún semanas. ¿Has visto a otros cristianos ser bendecidos mientras tú no sientes nada? Ellos testifican de las respuestas de Dios a sus oraciones y derraman lágrimas de gozo. Parecen vivir en la cima de la montaña de experiencias felices mientras tú sólo sigues, amando a Jesús pero sin prenderle fuego al mundo.
               Yo creo que todos los verdaderos creyentes experimentan etapas secas en diferentes tiempos de sus vidas cristianas. Aún Jesús sintió la el abandono cuando clamó a gran voz, “Padre, ¿por qué me has abandonado?” Sin el acercamiento a Dios, no puede haber paz. La sequedad sólo puede eliminada con el rocío de su gloria. La desesperación sólo puede ser disipada por la seguridad de que Dios está respondiendo.
               El fuego del Espíritu Santo debe de calentar la mente, cuerpo, y alma. Hay tiempos cuando nos sentimos inmerecidos, como lo peor de los pecadores, pero a pesar de todo eso, sabemos que él no está lejos. De alguna manera tú escuchas una voz inigualable, una voz suave que te llama, “Ven, hijo mío. Yo sé todo lo que estás pasando. Todavía te amo y nunca te dejaré ni te abandonaré. Lo enfrentaremos juntos porque sigo siendo tu Padre y tú eres mi hijo.”
               Tú tienes una llama dentro de ti que no será apagada, y sabemos que él te sacará de cualquier época seca. Porque la porción de Jehová es su pueblo; Jacob, la heredad que le tocó. Lo halló en tierra de desierto, en yermo de horrible soledad; lo rodeó, lo instruyó, lo guardó como la niña de su ojo (Deuteronomio 32:9-10).
               He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz, ¿no la conoceréis? Otra vez abriré caminos en el desierto y ríos en la tierra estéril. Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos de avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la tierra estéril, para que beba mi pueblo, mi escogido (Isaías 43:19-20).


 


6/17/2014

Resistencia

               Felicidad no significa vivir sin dolor o heridas – no es así. La verdadera felicidad es aprender a vivir un día a la vez, a pesar de la pena y del dolor. Es aprender a regocijarse en el Señor, sin importar lo que ha acontecido en el pasado. Tú  puedes sentirte rechazado y abandonado.
               Tu fe puede que esté débil y puedes pensar que ya has perdido la batalla. Tristeza, lágrimas, dolor y soledad pueden engullirte a veces, pero Dios está todavía en el trono. ¡Él todavía es Dios! Convéncete a ti mismo que tú sobrevivirás. Tú saldrás de todo eso y, ya sea que vivas o que mueras, tú le perteneces al Señor.
               La vida continúa y tú te sorprenderás de todo lo que puedes aguantar con la ayuda de Dios. Tú no puedes ayudarte a ti mismo ni parar el dolor. Pero nuestro Señor bendito vendrá a ti. Él pondrá sus amorosas manos debajo de ti y te levantará para que nuevamente tú te sientes en lugares celestiales.
               Él te librará del miedo de morir y te revelará su amor eterno a ti. ¡Mira hacia arriba! Anímate en el Señor. Cuando la niebla te envuelva y no puedas ver la salida para tu problema, descansa en los brazos de Jesús y simplemente confía en él. ¡Él tiene que hacerlo todo! Él quiere tu fe y tu confianza.
               Él quiere que tú clames audiblemente, “¡Jesús me ama! ¡Él está conmigo! ¡Él no me fallará! ¡Él lo está resolviendo todo, ahora mismo! ¡No seré abatido! ¡No seré derrotado! ¡No seré una víctima de Satanás! No perderé mi mente o mi dirección. ¡Dios está de mi lado! ¡Yo lo amo y él me ama!” La clave de todo es la fe.
               Y la fe descansa en esta verdad absoluta: Ninguna arma forjada contra ti prosperará… (Isaías 54:17).






6/10/2014

Quebrados

               Supongamos que estás pasando por una dura crisis. Recuerda que Dios sabe exactamente cuánto puedes aguantar, y él no permitirá que llegues al punto de quebrarte.
Nuestro amado Padre dijo, No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla (1 Corintios 10:13).
               La peor clase de blasfemia es pensar que Dios nos está hiriendo o haciéndonos doler, pensar que tu Padre celestial es el que lo está disciplinando, que Dios piensa que tú necesitas uno o dos corazones rotos para que estés listo para recibir sus bendiciones.
               ¡No es así! Es verdad que el Señor castiga a los que ama, pero ese castigo es sólo por un tiempo y no es para herirnos. Dios no es el autor de confusión en su vida y tampoco lo eres tú. El enemigo trata de herirnos a través de otros seres humanos, de la misma manera que él trató de herir a Job a través de una esposa incrédula.
               Tu Padre celestial te cuida sin quitar sus ojos de ti. Cada movimiento tuyo es monitoreado; cada lágrima es recogida. El siente cada dolor, y él conoce cuando tú has sido expuesto a bastantes molestias del enemigo. El interviene y dice “¡Suficiente!” Cuando tu dolor ya no te hace acercarte a Dios, sino que comienzas a reducir tu vida espiritual, Dios interviene.
               El no permitirá que un hijo suyo que confía en él se hunda debido a mucho dolor y agonía del alma. Dios te levantará y te sacará de la batalla por un tiempo, en el momento justo.
               El nunca permitirá que tu dolor destruya tu mente. El promete llegar a tiempo, para enjugar tus lágrimas y darle gozo en lugar de lágrimas. La Palabra de Dios dice, Por la noche durará el lloro y a la mañana vendrá la alegría (Salmo 30:5).








6/07/2014

Compromiso

               Volví mi rostro a Dios, El Señor, buscándolo en oración y ruego… Oré a Jehová mi Dios e hice confesión… Aún estaba hablando, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel… (Daniel 9:3, 4 y 20).
               ¡Estos eran hombres que oraban! Mira tú, el primer compromiso que habían hecho – vivir una vida apartada – tenía que ser respaldado por un segundo compromiso, que es ser buscadores de Dios. Verdaderamente, es imposible vivir una vida santa sin pasar mucho tiempo de rodillas, buscando a Dios para tener el poder y la autoridad de vivir tal vida.
               No te equivoques – orar fielmente no te mantendrá fuera de la crisis. Por el contrario, tal vez te llevará al horno de fuego y al foso de los leones. Pero la oración te preparará para enfrentarlo todo con confianza – ¡Para llegar a ser un sacrificio vivo por el bien de Jesús!
               El orar llevó a Daniel al foso de los leones. Y esta prueba vino muchos años después de la prueba de los jóvenes hebreos – ¡Cuando Daniel estaba en sus ochenta años! Tal vez esto te haga a ti temeroso, si tú te preguntas cuánto tiempo pasará hasta que dejes de tener crisis.
               Tal vez tú pensabas que después de cierto número de años en el Señor, que tú ya habrías aprendido todos sus “exámenes” importantes. Pero, aquí Dios está permitiendo que uno de guerreros de oración más grandes – un hombre con un espíritu quieto y tierno – ¡Enfrente la crisis de su vida después de décadas de intercesión fiel!
               Hermano, las pruebas terminan sólo cuando Jesús retorna – ¡Cuando tú mueres en Cristo! Y no hablo de muerte física, claro está. Es por esto que la oración es tan importante. Tú puedes hacer un compromiso de vivir una vida sin contaminación – pero el compromiso es imposible de cumplir, sin tener un compromiso de buscar a Dios.







6/03/2014

Contaminados

               Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de comida del rey ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligara a contaminarse (Daniel 1:8).
               La palabra contaminarse aquí sugiere “liberándose a través del repudio.” Daniel estaba diciendo en otras palabras, “¡Cualquier compromiso contra mis estándares me robará mi libertad!” Así que Daniel se propuso comer sólo legumbres y beber sólo agua por diez días.
               Cuando él le pidió esto al príncipe de los eunucos, él le respondió, “¡Vas a costarme mi vida! Vas a lucir enfermo al final de los diez días. ¡Tus mejillas estarán sumidas y el rey seguro que lo notará! Toma – come sólo un poco de carne. Necesitas proteínas. Bebe el vino para robustecer tu sangre. ¡Come estos dulces para que te den energía!”
               Yo creo que Daniel y los tres jóvenes hebreos tenían mucho más en mente que tan sólo evitar cosas que no estaban limpias ceremonialmente. Ellos habían sido tomados cautivos junto con miles de su pueblo. Lo que vieron al llegar a Babilonia debió de haberlos asombrado en gran manera. Esta era una sociedad tan suelta, inmoral y llena de mal hablar, que la sensibilidad espiritual de estos cuatro jóvenes fue asaltada. Así que los cuatro hicieron un compromiso.
               Se dijeron uno al otro, “No nos vamos a ceder. No vamos a adoptar estos estándares morales. ¡Seremos aparte, tendremos disciplina en nuestro caminar de fe!”  Estos cuatro jóvenes no anduvieron predicando su estilo de vida a otros. Esto era un asunto estrictamente entre Dios y ellos.
               Yo te pregunto a ti: Cuando tú estás en una crisis, ¿Clamas, “Señor, dónde estás cuando te necesito? ¿No estás comprometido a librarme?” Pero, y si el Señor te dijera, “¿Dónde estás cuando yo necesito una voz? Yo necesito voces en estos tiempos viles, vasos puros a través de los cuales yo pueda hablar. Tú dices que quieres que venga a tu crisis – pero tú continúas siendo parte de del sistema mundial perverso. Dime, ¿estás comprometido a mis propósitos?”
               ¿Y cómo sabes tú que así es como piensa Dios? Simple; de hecho, no lo sé porque yo sea su delegado personal, sino porque asisto diariamente a Su palabra escrita, y en la suma de su escudriñado, (Que de eso se trata, y no de obtener títulos superiores en Teología), es de donde surge el pensamiento de Dios. ¿No nos dice la palabra que debemos tener la mente de Cristo? ¿Y de qué otro modo sería posible, sino sumergiéndonos en las profundidades de Su palabra?