12/26/2012

Probados


La lectura del siguiente texto, probablemente sacuda tu vida como ha estremecido la de tantos y tantos. Dios lo dejó, para probarle (2 Crónicas 32:31).  
Nos hemos preocupado tanto en probar a Dios que no hemos preparado nuestros corazones para las grandes pruebas de la vida en las que Dios prueba al hombre. ¿Puede ser que la gran prueba que tú estás ahora afrontando, la carga que estás llevando, es, en realidad, Dios obrando en ti, probándote? Probó Dios a Abraham, y le dijo: Toma ahora tu hijo… y ofrécelo allí en holocausto (Génesis 22:1-2). 
Dios probó una nación entera para saber lo que en realidad había en su corazón. Te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos (Deuteronomio 8:2). 
Vemos algo asombroso en 2 Crónicas 32:31: Dios dejó a un gran rey por una temporada, para probarlo. Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón. A menudo, mientras el siervo del Señor se encuentra en una búsqueda correcta de la obra de Dios, éste se halla a sí mismo, aparentemente abandonado, probado hasta los límites de su resistencia y dejado solo en la batalla contra las fuerzas del infierno. 
Todo hombre que haya sido bendecido, ha sido probado de la misma manera. ¿Te encuentras tú en circunstancias extrañas? ¿Te sientes solo y abandonado? ¿Peleas una batalla perdida contra un enemigo impredecible? Éstas son señales de un proceso de prueba. La victoria siempre es deseada, pero en caso de fallar, recuerda: Es aquello que queda en tu corazón en lo que Dios está interesado, tu actitud después de haber ganado o perdido la batalla solitaria. 
Tu devoción hacia Él a pesar del fracaso, es el deseo de Dios. Jesús ha prometido nunca dejarnos o abandonarnos, pero el registro de la Escritura revela que hay momentos en los que el Padre abstiene su presencia para probarnos. Aun Cristo experimentó ese momento solitario en la cruz. Es en esos momentos, en los que nuestro bendito Salvador es más sensible a nuestras debilidades, y susurra: "Yo oro por ti, que tu fe no falte". 
Jesús dice que debemos tomar nuestra cruz y seguirle (ver Mateo 16:24). ¿Qué es la cruz? Es la carne con su fragilidad y debilidad. Tómala, muévete en fe, y la fuerza de Dios se perfeccionará en ti. La cruz del "yo" y el pecado, que tú llevas, ¿Es muy pesada? Entonces, amigo mío, toma tu cruz y sigue. ¡Él entiende y está ahí, a tu lado, para levantar la pesada carga! 
¿Sabes? Son muchos los cristianos que se resisten a creer que Dios pueda obrar así. Están tan apegados al amor de Dios y a ese Jesús de las manos juntas con rostro lastimado y sufriente que no pueden ver al otro, al real y verdadero que nos muestra Juan en Apocalipsis. Yo mismo en otros tiempos tenía mi propia “teoría” respecto al comportamiento de Dios. 
Sin embargo, eso duró hasta que el Padre, en su divino amor y misericordia, me hizo saber una vez más que lo que Él es, lo dejó escrito en la Biblia, y que nosotros en lugar de analizarlo conforme a rudimentos humanos, lo que tenemos que hacer es creer y obedecer. Sólo eso funciona. 
Si estás haciendo lo correcto y algo negativo llega a tu vida, tómalo como prueba y véncelo. Pero si una noche se te ocurre irte de copas y parranda, no digas que es una prueba de Dios, reconoce que sólo eres un pecador y promiscuo que necesita conversión y redención.



1 comentario:

cesar dijo...

Que lindo articulo don Nestor! gracias! supongo que...este silencio que me invade es beneficioso...es sano y remueve escamas...
suspiro...
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gracias Don Nestor...
gracias...